El pozo de los deseos reprimidos

Malinchistas al ataque

Lo único que va a poder salvar a la televisión en el futuro va a ser la educación del público.

Y no, no lo digo porque con espectadores más educados nuestras pantallas se vayan a llenar de arte y belleza.

Lo digo porque urge educar a las audiencias sobre lo que es y no es la televisión.

Yo, que tengo el privilegio de estar en contacto con un montón de televidentes todos los días, a veces me quiero morir de la tristeza cuando leo las cosas que me dicen.

La gente no sabe qué es un género, qué es un formato, cuál es la diferencia entre una serie y una telenovela, y asume que, en el caso mexicano, todo es una copia.

¿De qué? De alguna historia vieja o de algún formato de otro país.

Perdón, pero, ¿por qué aquí las audiencias se ofenden si volvemos a hacer algo del pasado y se emocionan cuando lo hacen en Estados Unidos?

¿Por qué a nuestras televisoras les exigimos creatividad al máximo y a las de otros países no?

¿Por qué a nuestras empresas las despedazamos pidiéndoles realismo y a las internacionales les aplaudimos cuando nos regalan mentiras?

¿Por qué en México respingamos cuando un canal nacional adapta cualquier cosa de fuera y fingimos demencia cuando las señales de otros países hacen lo mismo?

Si México es un país mediocre porque sigue viendo programas de los años 70, Estados Unidos está peor. Échele un ojo a sus pantallas.

Ellos miran soap operas de hace más de 40 años, siguen jugando a los mismos programas de concursos a los que jugaban sus abuelos. ¿Y quién los juzga?

Si México está mal porque sus producciones más importantes son estelarizadas por gente cuya edad no corresponde a la de sus personajes, ¿por qué Estados Unidos va a estar bien si el máximo héroe de acción de su industria televisiva es un hombre de casi 50 años como Kiefer Sutherland?

Perdón, pero si algo hay del otro lado de nuestra frontera norte es mediocridad y ganas de alargar cualquier cosa que funcione.

¿Puede haber algo más chafa que entretener a los modernísimos hombres y mujeres de hoy con superhéroes de hace más de 70 años, con cuentos de hadas de hace más de dos siglos y faltándole al respeto a clásicos de la literatura universal como Drácula?

¿Puede haber algo más mezquino que obligar a la gente a que vea una serie que no da para más de tres temporadas durante más de siete años?

¿Puede haber algo más sucio que hacer que la gente pague por ver una película y que al final sus creadores nos salgan con que no era una película, que era una saga y que la continuación la vamos a ver tres años después?

¿Y por qué nadie se queja de eso? ¿Tiene que venir de Televisa o de Azteca para que alguien medianamente se moleste?

Me da mucha pena tener que decírselo, pero nuestros canales son un oasis de pureza y de buenas intenciones al lado de las cochinadas que de repente se tejen en las corporaciones de otras partes del mundo.

Necesito que abra los ojos, que se ponga las pilas y que se eduque en materia de televisión para que la próxima vez que insulte a un conductor, a un actor o un programa, lo haga con fundamentos.

NatGeo, por ejemplo, está haciendo algo prodigioso que, por supuesto, tiene enfurecidas a miles de personas.

¿Qué? La ciencia de lo absurdo. ¿Y por qué este título tiene enfurecidas a miles de personas? ¿Pues de qué trata?

Es un programa de videos que van de los chistoso a lo sensacionalista.

Esto, por supuesto, no le gusta a las buenas conciencias que suponen que NatGeo, por ser el canal que es, solo debería transmitir documentales tradicionales.

La verdad es que quien ataque La ciencia de lo absurdo no sabe lo que dice.

Estamos ante uno de los mejores programas de toda la televisión nacional e internacional, ante un show que, partiendo de la alta popularidad de esa clase de imágenes, aprovecha para hacer divulgación científica.

Dígame, por favor, si esto no es como para colgarles una medalla.

Por si esto no fuera suficiente, en términos de producción es la cosa más barata del mundo.

NatGeo no está produciendo nada nuevo, está aprovechando un material que ya tenía, para otro mercado, solo le puso encima la conducción del gran Alfonso Herrera y el resultado es tan potente como si se tratara de un proyecto latinoamericano.

En resumen, con poco dinero, estos señores están haciendo un buen negocio y le están haciendo un bien a la humanidad.

¡Entonces, para qué se queja! Mejor gócelo y sí, es la enésima versión de un programa inglés de nombre Brainiac: Science Abuse. ¡Cuál es la bronca!

Los formatos van y vienen de un país a otro. Para eso son. Qué bueno que alguien como NatGeo le esté sacando provecho a esto para ofrecernos algo bueno y entretenido.

Ojalá que triunfe. Ojalá que le vaya bien. Por favor, busque este magnífico espectáculo e infórmese.

Lo único que va a poder salvar a la televisión en el futuro va a ser la educación. ¿A poco no?

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