El pozo de los deseos reprimidos

Mal inicio de año

Salvo honrosas excepciones, nuestras televisoras valoran más sus vacaciones de fin de año que sus ganas de trabajar.

Pésimo, la televisión mexicana tuvo un arranque de año pésimo, algo que tiene delicadísimas lecturas, como para ponerse a pensar, como para ponerse a llorar.

Déjeme le explico: en todas partes del mundo, cuando llega el Año Nuevo, las televisoras se esmeran en ofrecer grandes transmisiones especiales en vivo.

Sí, hay países que se prestan más que otros, porque sus gobiernos organizan tremendas celebraciones en plazas, playas y monumentos, pero aún así, siempre hay un espíritu de fiesta por parte de los canales.

¿Qué es lo que quieren sus ejecutivos? Que la gente los sintonice antes, durante y después de las campanadas para recibir el Año Nuevo juntos, para conquistar sus corazones, para competir, para vender, para ganar.

Me da mucha vergüenza tener que volver a decírselo en este 2014, pero en México es lo contrario.

Salvo honrosas excepciones, nuestras televisoras valoran más sus vacaciones de fin de año que sus ganas de trabajar y parten del supuesto de que nadie las va a ver o de que el que las vea se va a tragar cualquier cosa que le pongan en pantalla.

¿Para qué echarle ganas si finalmente Banamex va a comprar el primer minuto de todos los canales privados que se dejen para meter el mismo spot?

¿Para qué molestarse en invertir o en crear si casi nadie los va a criticar?

¿Para qué querer estar a la altura de los mercados internacionales si con el puro mercado local a estos señores les basta y les sobra? ¿¡Para qué!?

Yo sí creo que, independientemente de cualquier factor cultural como el famoso puente Guadalupe-Reyes, urge recuperar la celebración del Año Nuevo para México.

¿No se supone que nuestro gobierno federal quiere cambiar nuestra imagen y mandarle al mundo entero el mensaje de que somos una nación exitosa, progresista y feliz?

¿No se supone que México necesita más turistas, más inversiones y más negocios?

¿No se supone que nuestros medios de comunicación están desesperados por ser vistos, por ofrecer contenidos de calidad y por ganarle a sus rivales?

¡Bueno, ya, el colmo! ¿No se supone que somos la cúspide del espectáculo de habla hispana, que aquí tenemos a las máximas estrellas del firmamento y que todas se matan por pisar nuestros escenarios?

Para eso sirve la fiesta de Año Nuevo, para demostrar, con hechos, que todo eso que dicen nuestros políticos y nuestros empresarios es de a de veras y no solo un par de bonitas frases para decorar sus discursos.

La televisión, cuando quiere, nos obliga a ver desde elecciones hasta maratones. Aquí no ha pasado nada en Año Nuevo porque, de un tiempo a la fecha, nadie ha querido.

Si usted, como yo, vio la llegada del Año Nuevo en los canales internacionales a los que tenemos acceso en México, de seguro también se quedó con el ojo cuadrado.

España (TVE, Antena 3 y Televisión de Galicia), de haber hecho el ridículo en 2013, volvió a brillar en este 2014 con unas transmisiones en directo hermosas, llenas de figuras y alegría.

Brasil (TV Globo Internacional) se vio un tanto austero respecto a otros años en términos televisivos, pero aún así lo hizo bien, lo hizo en grande.

Italia y Francia (RAI y TV5 Monde, respectivamente) sostuvieron sus enormes fiestas mediáticas con mucha gente y mucha elegancia, cada una en su tono, pero siempre gozosas, lindas.

¿Y qué me dice de Alemania (DW)? A lo mejor este año tuvieron una transmisión más hacia lo local que a lo global, pero aún así nos contagiaron de su energía, de su bonanza.

No, ni caso tiene que le hable de Estados Unidos porque eso, por la cercanía geográfica, es el lugar común de la prensa. El caso es que la noche del 31 de diciembre al 1 de enero tuvimos muy buena televisión extranjera.

¿Y México? Bien, gracias. Canal Once nos metió una película vieja. Conaculta Canal 22, un concierto de gala pero así, sin presentador, sin ninguna clase de bienvenida. ¡A la buena de Dios!

Cadena Tres, su ya tradicional spot grabado en medio de una repetición de su noticiario nocturno.

Azteca, el concierto Plácido Domingo y Esperanza Azteca que sí, era hermoso y tenía bellas implicaciones, pero que no era en vivo y que se podía poner en cualquier momento como sus campanadas grabadas.

Televisa, una espantosa transmisión con retazos de su fiesta de empleados, el trabajo de Univision y una cosa muy lamentable desde Acapulco.

Mire, no tengo espacio para meter todo, pero para acabar pronto se lo voy a decir tal cual:

¿Sabe cuál fue el único canal con sede en la Ciudad de México que se molestó en hacer una transmisión de las campanadas en vivo con enlaces a la verbena popular chilanga? Excélsior tv.

¡Y Cadena Tres, que es de la misma empresa, no lo aprovechó para enlazarse! ¡Y Capital 21, que se supone que es el canal del DF, no hizo nada! ¡Me quiero morir!

Pésimo, la televisión mexicana tuvo un arranque de año pésimo. ¿O usted qué opina?  

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