El pozo de los deseos reprimidos

Mal año para México

Hablar de la televisión nacional privada de este país en 2013 es hablar de algo muy doloroso.

¿Por qué? Porque a pesar de algunas excepciones, vimos una programación caótica, mediocre, plagada de intereses, de discursos políticos y de algo que, si no fue censura, ¡ah, cómo se la parecía!

Acuérdese, veníamos de un 2012 donde todo era crimen organizado, víctimas que clamaban por justicia, el conteo de los muertos, de los secuestros, de los asaltos.

Nomás llegó 2013 y súbitamente nuestras pantallas o dejaron de hablar de eso o le bajaron al tono para ponerse a hacer reportajes especiales sobre animalitos, sobre nuestra hermosa naturaleza y sobre nuestras bonitas tradiciones.

Lo increíble es que, a pesar de esto, y como si se tratara de una broma de mal gusto, en los últimos dos semestres la televisión nacional estrenó más noticiarios y más mesas de análisis.

¡Más noticiarios y más mesas de análisis que los que había en 2012 en temporada electoral!

¡Bueno hasta nacieron más canales dedicados a la transmisión de noticias las 24 horas del día! ¿Y todo para qué? Para hablar de carros, gastronomía y turismo en lugar de hablar de los grandes conflictos nacionales.

De veras que sí tuvimos un año muy horrible, porque mientras esto sucedía en la parte noticiosa, en la de entretenimiento la cosa se puso todavía peor.

¿Cuál fue la tendencia? Regresar al origen o, dicho de una manera menos elegante, retroceder.

A excepción de uno que otro título, ponerse a ver telenovelas mexicanas en el año que está por terminar fue como entrar en una máquina del tiempo y aparecer en un pasado muy remoto.

Televisa volvió a los tiempos de Marimar, Azteca a los de Mirada de mujer y Argos (Cadenatres) a los de Nadapersonal.

¿Resultado? Una pantalla vieja, divorciada de las tendencias internacionales y, lo más delicado, irrespetuosa e incongruente.

Irrespetuosa no solo por las groserías que nos tuvimos que chutar de enero a la fecha en decenas de programas, sino por la manera tan prepotente, tan sucia, como algunos productores y algunos programadores nos trataron.

En México, y solo en México, pueden pasar más de seis años entre una temporada y otra de un programa de televisión como La familia P. Luche”.

En el México, y solo en México, nos pueden poner de a varios capítulos por día de un título como María detodos los Ángeles y a la siguiente semana moverlos de horario o dejar de transmitirlos.

Al fin y al cabo las televisoras tienen el poder. Al fin y al cabo este pobre pueblo agachado soporta cualquier cosa que le hagan y hasta lo presume defendiendo a sus canales favoritos en los programas de espectáculos y farándula que hay por todos lados.

¿A qué me refiero en la parte de las incongruencias? A una larga lista de irregularidades que usted y yo vimos en los últimos seis bimestres y que jamás recibieron castigo.

Desde lo arrebatos de gente que tomó la pantalla para fines personales como Mauricio Clark hasta imperdonables escándalos políticos como los de Laura Bozzo.

No, ¿y qué me dice de la manera como se jugó, por ejemplo, con la figura de los menores de edad en la televisión nacional en este año?

No solo vimos a nuestros chiquitos cantando y bailando cuestiones impropias de su edad en horarios rarísimo, los vimos protagonizando momentos tan delicados como el del famoso niño tzotzil “humillado y ofendido”.

Pero en esta industria, en 2013, por incongruencias no paramos.

¿A usted ya se la olvidó la campaña de No te hace más fuerte el bullying de Televisa que se estaba transmitiendo por un lado mientras, por el otro, un descamisado Emilio Azcárraga celebraba el triunfo del América bajo la leyenda “Ódiame más”.

A propósito de futbol, 2013 será recordado como el año en que un nuevo competidor entró a la cancha, pero para dejarla igual a como estaba antes.

Me refiero a la victoria del León, una oportunidad de oro para que el grupo empresarial que está detrás de ese equipo, el de Carlos Slim, propusiera algo distinto, algo mejor, pero que acabó ofreciendo lo mismo de siempre.

Y es que el último año la televisión de este país estuvo llena de sorpresas a nivel macro.

Con la reforma en materia de telecomunicaciones muchas cosas se comenzaron a mover.

Canales que antes no se podían ver en algunas plataformas, como la de Dish, empezaron a formar parte de esos sistemas, el apagón analógico dio mucho de qué hablar y la promesa de más cadenas nacionales puso a girar a nuestros empresarios tanto que hasta se les olvidó hacer la edición número tres de Iniciativa México.

Lo curioso es que nadie la extrañó. ¿Será porque hablar de televisión tradicional entre tanta novedad tecnológica del último año suena medio viejo?

Pues será el sereno, pero hablar de la televisión nacional privada de este país en 2013 es hablar de algo muy doloroso. ¿A poco no? 

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