El pozo de los deseos reprimidos

Los 'influencers' y su soberbia

Ayer tuve el privilegio de participar en el segundo día de actividades del Content Capital.

¿Qué es esto? El primer gran evento de contenidos mediáticos que se organiza en México gracias a la iniciativa de Ferraez Conecta y Eliot New MediaCom.

Usted sabe: contenidos, medios tradicionales, no tradicionales. Definitivamente era una fiesta para mí.

El "pequeño" problema es que yo no fui a presumir mi historia de éxito, a prometer lo que no será ni a inventar el hilo negro. Fui a regañar a los asistentes.

¿Por qué? Porque después de haber visto todo lo que se dijo durante el primer día de conferencias, entré en pánico.

Me la pasé escuchando a pura gente que, en lugar de hablar de contenidos, vendía su negocio.

Y si no era eso, eran youtuberos insultando a Brozo o a los Mascabrothers, influencers sin discurso, y comunicadores que, como políticos, le daban por su lado a los asistentes haciéndose los muy enojados por la falta de buenos contenidos en internet.

Pero nadie dijo qué entiende por contenido. Nadie dijo qué entiende por calidad. Nadie dijo cómo le iba a hacer para mejorar sus mensajes. ¡Nada!

¿Así o más hipócritas? ¿Así o más instalados en la doble moral?

Muchos de esos "grandes" líderes de la comunicación digital hacen cosas iguales o peores a las que hacen Brozo y Los Mascabrothers.

¡Con qué cara los insultan! ¡Quién les dijo que eran superiores! ¡Quién los nombró dioses de la comunicación!

Estoy verdaderamente asustado porque el más grande problema de la televisión mexicana es la soberbia.

Y yo no encuentro mucha diferencia entre un productor mediocre que defiende sus marranadas presumiéndole a la opinión pública que tiene 27 puntos de rating y un youtubero arrogante que se dedica a hacer babosadas y al final las justifica con sus millones de visitas.

¿Sabe lo que va a pasar aquí? Que en muy poco tiempo la internet mexicana, una de las más ingeniosas del mundo, se va a convertir en una sucursal de El Canal de las Estrellas, de Azteca 13 y de eso que, paradójicamente, era lo que más odiaban, que era de lo que venían huyendo.

¿Quién les dijo a esos hombres y a esas mujeres que el contenido era lo más importante en el negocio de la comunicación? ¿De dónde sacaron semejante idea?

El miércoles, no uno, varios conferencistas, se la pasaron afirmando que eso era lo que se decía en un montón de lugares importantes como Netflix.

Perdón, pero yo, que he tenido la oportunidad de charlar con gente de muy alto nivel de Netflix, BBC, HBO y las más grandes televisoras del mundo, jamás he escuchado que me digan semejante estupidez.

Eso de los contenidos se lo inventaron las "buenas conciencias" para desentenderse de las porquerías que luego producen y fingir dignidad, clase.

Los contenidos no son "el rey" y si no me cree, échele un ojo a los fenómenos más grandes de México y del mundo.

¿Por qué el planeta entero está loco de placer por The Walking Dead? ¿A poco es por sus contenidos? ¡Cuáles si no pasa nada!

¿Por qué México convierte en reinas a personas como la Lady 100 pesos? ¿A poco es por su manejo del discurso? ¡Cuál discurso!

¿Por qué miles de muchachos de arremolinan para entrar a los auditorios donde se presenta Werevertumorro, Chumel Torres y La Galatzia?

¿A poco es por la profundidad de sus palabras, por la perfección de su análisis político o por la sofisticación de sus mensajes? ¡Claro que no!

¿Entonces por qué los amamos? ¿Por qué los seguimos? ¿Qué es lo importante aquí?

Algo que ni remotamente se mencionó en el primer día de Content Capital: la gente.

Lo fundamental en este negocio no son los contenidos, es la gente.

El mundo adora The Walking Dead por sus personajes, México enloquece con la Lady 100 pesos porque encuentra en ella algo que le fascina.

Y las multitudes corren a donde vayan Werevertumorro, Chumel Torres y La Galatzia porque son Werevertumorro, Chumel Torres y La Galatzia, sus ídolos, sus estrellas.

El negocio de la televisión mexicana se comenzó a venir abajo no el día en que se dejó de apostar por la creación de contenidos.

Esto se empezó a desmoronar en el momento en que nuestras televisoras dejaron de apostar por la gente, de defenderla, de apoyarla y esto incluye, primero que nada, al público.

¿Cuántos programas de televisión trabajan por y para el público? ¿Cuántos lo atienden con respeto y con amor?

Mientras que no entendamos que la prioridad para los seres humanos fue, son y deben seguir siendo los seres humanos, por más cambios, transformaciones y refundaciones que se propongan, esto no se va a componer.

Mientras que los creadores de los nuevos medios digitales no entiendan que lo que los hace funcionar es su humildad y no su vanidad, un foco rojo minará el futuro de esto tan hermoso que se ha construido en los últimos años, de la comunicación por internet. ¿A poco no? 

alvaro.cueva@milenio.com