El pozo de los deseos reprimidos

Leyes, censura e internet

Si yo fuera un hombre muy poderoso que quisiera hacer algo importante, pero al mismo tiempo delicado, ¿qué haría para salirme con la mía?

Moverme sin que nadie se diera cuenta, de un día para otro, cuando mis enemigos estuvieran distraídos, cuando nadie pudiera decir nada.

Sí, pero eso está muy visto y ahora con Twitter, Facebook, YouTube y todo eso, ya no es tan sencillo. ¿Qué haría?

Inventar una cortina de humo, hacer que las multitudes se distrajeran con algo como Lucero, el fua o Kalimba.

Suena interesante, pero mis objetivos son tan altos que no hay personaje de color que los supere. El mundo se va a dar cuenta de lo que quiero hacer y las redes sociales más.

¡Perfecto! Entonces lo que hay que hacer es ir contra eso, contra las redes sociales e inventar algo que las conmocione.

¿Como qué? Como una ley que pretenda acabar con ellas, que las censure. Y entre más descabellada, mejor.

Internet es lo de hoy y no existe tema que pegue más que el de la libertad de expresión.

Por ahí le tendría que dar y por ahí fue donde muchas instancias le dieron, en días pasados, para aturdir a las multitudes y distraerlas de las verdaderas leyes que se van a aprobar.

Mientras la opinión pública se rasga las vestiduras por algo tan improcedente, allá, en lo oscurito, se cocina lo peor, lo que tiene que ver con poder, con política, con destino.

Y todo se está moviendo con tanta rapidez y en un volumen tan inmenso que, para cuando los cibernautas alcancen a voltear la mirada, no habrá manera de corregir las cosas, de discutirlas, de nada.

Javier Lozano es la Lucerito de los senadores, el fua de la clase política, el Kalimba de las reformas.

O lo engañaron o está recibiendo órdenes o es un traidor de la Comisión de Comunicaciones y Transportes del Senado o se quiso apropiar de los reflectores, o le faltó carácter para cerrar la boca porque lo que hizo, con todo respeto, está muy raro.

Él no se manda solo y pasó por encima de sus compañeros de todos los partidos, empezando por el suyo. ¡Y funcionó!

México entero se tragó el cuento de que lo que él estaba presentando iba a ser lo que se iba a firmar cuando ni siquiera coincidía con lo que el mismo Javier le declaraba a la prensa.

Es como si alguien se lo hubiera dado, le hubiera contado una mentira y él ni siquiera hubiera tenido tiempo de leerlo antes de ir a dar entrevistas.

Por supuesto que jamás se iba a aprobar. Ése no era el protocolo y ningún senador con cuatro gramos de materia gris en la cabeza lo iba a respaldar.

¿Qué fue lo que sucedió? Porque aquí sucedió algo grave que ni siquiera tiene que ver con las leyes secundarias en materia de telecomunicaciones. Tiene que ver con alta política, con procesos y hasta con seguridad nacional.

¿O qué?, ¿a usted se le hizo un chistecito lo que pasó en las calles de la Ciudad de México?

A mí no me escandaliza que aparezca un senador que diga que quiere legislar internet, me escandaliza que aparezca y que todos supongamos que se va a salir con la suya.

Internet no se legisla. Punto. Si se legislara, dejaría de ser internet e internet es un medio tan, pero tan poderoso, que nuestras autoridades, y las del mundo entero, ni siquiera se han atrevido a reconocerlo. Le tienen miedo.

Las próximas revoluciones no se van a dar en las calles, se van a dar en las redes sociales. Y quien pretenda controlarlas terminará como terminaron los dictadores de las revoluciones de antaño.

El problema es que a los usuarios de las redes sociales, al menos en México, nos falta mucho para alcanzar el nivel de un grupo revolucionario.

Somos muy pasionales, nos dejamos llevar por una primera impresión, por una interpretación de menos de 140 caracteres, por una infografía.

No leemos, no investigamos, solo opinamos, solo nos peleamos. Así es muy fácil engañarnos.

Lo acabamos de ver con estas propuestas de leyes secundarias en materia de telecomunicaciones.

¿Para qué querría el gobierno, o alguna entidad superior, una ley que controle internet si ahora, sin reformas, ya nos puede manipular a través de escándalos y rumores?

Aquí es donde nosotros tendríamos que aprender. Así como nos entrenamos y nos educamos para muchas cosas en la vida, nos tenemos que empezar a entrenar y a educar para utilizar las redes sociales antes de que las redes sociales nos empiecen a utilizar a nosotros.

Lo que pasó en estos días con estas propuestas es una vergüenza, pero no nada más por el lado de quienes las movieron, también por el lado del público, de los cibernautas, de los que convirtieron esto en trending topic mundial.

Si yo fuera un hombre muy poderoso que quisiera hacer algo importante, pero al mismo tiempo delicado, ¿qué haría para salirme con la mía?

Exactamente lo que se acaba de hacer con este conflicto, distraer a la gente pero a lo bestia. ¿O usted qué opina?

alvaro.cueva@milenio.com