El pozo de los deseos reprimidos

Lección de televisión

Esta es una gran lección de televisión, se llama The Player y se transmite los jueves a las 20:00 por Universal Channel.

The Player es una muy buena serie de entretenimiento básico, aquí arrancó bien, ¡pero qué cree! En Estados Unidos le fue pésimo y ya le quitaron varios capítulos a su primera temporada.

¿Cuál es la lección? Que no todo lo que fracasa allá, fracasa acá, y que la calidad no necesariamente tiene que ver con los resultados.

Sí me interesa mucho que reflexionemos sobre esto porque me encantaría que buscara este título y que, a pesar de la información que nos está llegando de Estados Unidos, lo disfrutara.

Y porque si profundizamos vamos a llegar a unas conclusiones tremendas que nos van a servir para apreciar todavía más la televisión y para impedir que estas historias de terror se repitan en nuestra industria.

¿Qué es The Player? Fíjese nada más qué buena idea: es una serie sobre apuestas. ¿Pero cuál es el juego? ¿Ruleta, box, carreras de caballos? No, el juego es el crimen.

¿Quién va a ganar en el próximo asesinato, el asesino o la víctima?

Suena increíble, ¿verdad? Pero los responsables de esta joya, para hacerla todavía más emocionante, le metieron un elemento adicional:

Un justiciero capaz de detener al más sádico de los delincuentes y que, además, está buscando al tipo que mató a su novia.

No le cuento más para no venderle trama, pero ya quisiéramos en México una idea la mitad de buena que ésta para cualquiera de nuestros canales.

¿Quiénes son las protagonistas? Gente que no representa nada ni para la televisión de Estados Unidos ni para la de acá. Primer error.

Porque si han puesto cuando menos a una estrella aquello hubiera destacado inmediatamente.

Y es que, para acabarla de amolar, The Player fue lanzada del otro lado de nuestra frontera norte justo cuando todos los canales de aquel país estaban presentando sus estrenos para esta temporada.

Resultado: nadie la volteó a ver. ¿Ahora entiende la importancia de la programación?

Tal vez si The Player hubiera aparecido en otro momento, se hubiera convertido en un éxito. Qué pena, ¿no?

Por favor busque este título en Universal Channel y dígame si estoy en lo correcto o no. Y aprendamos.

No basta con tener buenas ideas para hacer la mejor televisión. Hay que tener estrellas. Hay que saber programar. ¿O usted qué opina?

"La monarquía casi perfecta"

Hay una obra que se está presentando en el Foro Lucerna de la Ciudad de México que le quiero recomendar.

¿Por qué? Porque rompe con la mayoría de los títulos que están en cartelera, porque dice unas cosas impresionantemente atinadas de nuestra realidad y porque es muy divertida.

Se llama La monarquía casi perfecta y la protagonizan Raúl Adalid (Réquiem por Leona Vicario) y Tizoc Arroyo (Yo no creo en los hombres).

Es una farsa donde, por un lado, tenemos a un rey y, por el otro, a su lacayo.

Ambos se quieren, se odian, se apoyan, se boicotean y se necesitan en una suerte de juego de espejos donde llega un punto en donde uno ya no sabe quién es mejor o quién es peor.

Como no queriendo la cosa, este texto de Cutberto López (Durmientes) incluye un montón de situaciones que se parecen demasiado a las que están saliendo en las noticias, con todo y frases como: Ya chole con tus quejas.

Y lo más impresionante, porque lo viví en carne propia, es que hasta los niños se carcajean.

El teatro político suele ser o muy azotado, o muy grotesco. La monarquía casi perfecta, no.

De hecho, usted la puede tomar como una obra de denuncia o la puede leer como un mero espectáculo de entretenimiento, y funciona.

¿Por qué? Yo creo que es por la energía que sus actores le imprimen a esta puesta en escena.

Con muy pocos elementos van, vienen, suben, bajan, gritan, tiemblan y hacen que uno entre a un juego padrísimo acordándose de cosas, proponiendo otras y hasta participando en un muy peculiar asunto electoral.

Si usted quiere introducir a sus hijos a un teatro más inteligente, donde puedan ir aprendiendo el arte de la crítica y meterse hasta con los peores temas del momento, aquí está su mejor opción.

En La monarquía casi perfecta hay un montón de escenas delirantes, como la de una traducción simultánea que creo que jamás voy a olvidar, o como la de un discurso... ¡sobre las galletas de animalitos!

¿Y qué me dice de la música en escena de Sergio Robledo, que simbólicamente hace todo con los ojos vendados? Es punto y aparte.

¡Qué agradable sorpresa! Felicito desde aquí a Alberto Agnesi, Bernardo Tamez y Tizoc Arroyo, sus productores.

No cualquiera consigue construir un universo de ese tamaño en estos tiempos donde nuestra capacidad de asombro tiende a desaparecer. No cualquiera. ¡Bravo! ¡Bravísimo! Prometo volver.

Busque La monarquía casi perfecta en el Foro Lucerna de la Ciudad de México. Le va a gustar. De veras que sí.