El pozo de los deseos reprimidos

Impresionante y doloroso

Felicidades: si usted esté leyendo esto, a pesar de lo del partido de ayer, significa que llegó con vida a la primera mitad de 2014.

Y como es mi costumbre, lo quiero invitar a hacer un resumen de estos primeros seis meses para que se dé cuenta de cuáles han sido las tendencias en nuestras pantallas.

Lo que está pasando aquí es impresionante y doloroso. Por favor, tome nota.

¿Qué ha sido lo más importante para la industria de la televisión mexicana de enero a la fecha? Todo lo que ha tenido que ver con reformas.

Desde las nuevas concesiones hasta internet, pasando por la libertad de expresión, elapagón analógico, los derechos de autor, las tarifas, los agentes preponderantes y las leyes secundarias.

Hasta los más famosos videoblogueros nacionales como Yuya y Werevertumorro han estado involucrados en escándalos económico-legales.

A mí lo que más pena me ha dado es que en esta vorágine de odio e intereses los más desprotegidos hemos sido nosotros, los televidentes.

Nadie, o casi nadie, ha hablado de lo más fundamental en esta historia de cambios: de los contenidos.

Eso es poco menos que una tragedia, porque, aunque se reforme lo que se tenga que reformar en los próximos meses o en los próximos años, de nada nos va a servir si vamos a seguir viendo la misma basura de siempre.

Y si no me cree, solo le recuerdo que en los últimos seis meses usted y yo hemos visto un escandaloso abaratamiento de nuestras pantallas abiertas.

Así sea en las señales nacionales, así sea en las locales, esto se pone cada vez más chafa, más sensacionalista, más estridente.

Programas que antes eran de gala, como Bailando por un sueño, se han convertido en baratijas insoportables.

Y títulos que antes hubieran sido impensables por la manera como se burlan y arriesgan a sus participantes, como El gran chapuzón, se han transformado en opciones de comercialización y entretenimiento.

En 2014 los estándares editoriales y de producción de toda nuestra industria se han relajado.

Expresiones que antes hubieran merecido castigos ejemplares, como las mentadas de madre de Brozo en horario familiar, se han estado posicionando como algo cotidiano, como algo normal.

¿Resultado? El público, y especialmente los niños, han estado aprendiendo que la agresividad es sinónimo de éxito y que la imposición a través de la violencia es el mejor camino para la popularidad.

En consecuencia, en los últimos tres bimestres, el gran tema social de la televisión mexicana ha sido el bullying.

La gente se ha estado preguntando: ¿por qué nuestros jóvenes son tan salvajes?

Y mientras se lo ha estado preguntando, se la ha pasado insultando de la manera más cruel a Lucero por practicar la cacería, se la ha pasado atacando con lujo de vulgaridad a Cristian Castro por tomarse fotos con sus masajistas y se la ha pasado defendiendo con insólita vehemencia el derecho de los fanáticos del futbol a intimidar a sus enemigos gritándoles la palabra “puto”. 

Es demencial, pero así de demencial ha estado la primera mitad de 2014.

Ahí está el caso de la mayoría de las televisoras que, en general, se la han pasado haciendo cambios en sus estrategias de programación sin avisarle a nadie.

En el último semestre han sido pocas las señales que no le han faltado al respeto al público obligándolo a ver programas en horarios que no fueron los acordados y a sintonizar finales telenoveleros en días que no tienen nada que ver con sus usos y costumbres.

¿Y qué me dice de las faltas de respeto a sus propios productos, a sus propios trabajadores?

Parece mentira, pero en este primer medio año no solo hemos visto series que regresan después de años de su temporada anterior como María de todos los Ángeles, hemos visto mutilaciones como las de Crónica de castas e interrupciones en las transmisiones regulares para privilegiar otros asuntos como el futbol.

El 2014 ha sido un mal año para las series nacionales, pero un gran año para el futbol. Cada vez se hacen menos series, pero cada vez hay más partidos.

Ahora, tampoco vaya usted a pensar que hemos visto una evolución en las coberturas futboleras.

Esto va para atrás, como en el caso de Televisa Deportes, que ha dejado sus legendarias narraciones en manos de personajes inexpertos como La Vaca y El Pollito.

Me queda claro que la idea es acercar la televisión a un público joven que está migrando a la internet, pero evidentemente el concepto de joven de nuestras televisoras no ha sido el más afortunado y a las pruebas me remito: la barra PM de Canal 5.

No me gusta ser pesimista, pero el balance de este primer medio año en materia de televisión es espantoso y ni nos metamos con los noticiarios, las telenovelas o los medios públicos, porque entonces sí lloramos.

Ojalá que cuando lleguemos a diciembre podamos decir algo más alegre. Hoy esto es horrible. ¿A poco no? 

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