El pozo de los deseos reprimidos

'Los locos Suárez'

El sábado pasado fui a la función especial de las 114 representaciones de Los locos Suárez y quedé maravillado.

¿Por qué? Por la grandeza de un espectáculo de stand up comedy como creo que no hay otro en el mundo.

Los locos Suárez junta en el escenario a Héctor Suárez Gomís, de 48 años, con don Héctor Suárez, de 77. Padre e hijo.

¿Sabe usted lo que es eso? Un delirio orgullosamente mexicano que nadie se puede perder.

¿En qué otra parte del planeta podemos ver a dos grandes actores, papá e hijo, ejerciendo con absoluta perfección este género tan complicado?

¿En qué otro país tenemos a un monstruo sagrado del espectáculo, como don Héctor Suárez, de esa edad, haciendo esta clase de malabares escénicos?

A lo mejor me equivoco, pero aquí tenemos algo parecido a un Récord Guinness.

¿Y sabe qué es lo mejor de todo? Que Los locos Suárez es un show de lujo que ya lo quisieran en Las Vegas o en Nueva York para un día domingo.

Déjeme le explico para que lo aprecie:

En una primera lectura, tenemos, por un lado, a Héctor Suárez Gomís, y por el otro, a don Héctor Suárez.

¿Haciendo qué? Amarrando los grandes temas del momento con la historia de su vida.

Cada uno por separado, en libertad.

Créame que es mucho muy chistoso escuchar a estos señores hablando de cómo fue su infancia, de cómo es su vida amorosa y de temas todavía más íntimos, más escabrosos que, obviamente, involucran a otras figuras del medio artístico.

¿Pero le digo la verdad? La grandeza de este show está en sus otras lecturas.

Yo no sé si Héctor grande y Héctor chico son conscientes de lo que hicieron, pero juntando sus biografías construyen uno de los más asombrosos, completos y entrañables retratos emocionales del México de los últimos 80 años.

Mirándolos y escuchándolos uno puede entender por qué somos como somos y qué diferencias y qué similitudes hay entre los hombres y las mujeres que nacieron en una época y los que nacieron en otra.

Los locos Suárez es una oportunidad de oro para ir al teatro en familia, incluyendo a nuestros adultos mayores, identificarnos, reírnos de nosotros mismos y salir corriendo a dialogar, a comprendernos, a ser mejores.

Es increíble lo que esta producción de Guillermo Wiechers puede llegar a conseguir, porque sí, es muy cómica, pero al mismo tiempo es de lo más profunda.

Ahí es donde uno dice: ¡Claro! Yo no soy el único que vivía eso. ¡Con razón mis papás eran como eran! ¡Con razón mis relaciones familiares van por donde van!

Aquí se confirma una de las grandes verdades del espectáculo nacional: don Héctor Suárez siempre ha estado a la vanguardia en materia de comicidad. Siempre ha roto esquemas, siempre ha innovado.

Esto que él está haciendo no lo está haciendo ninguna otra persona de su generación.

¿Se da cuenta de lo que sucedería si más estrellas de su nivel se animaran a desnudar su alma en un escenario? ¿De todo lo que podríamos aprender? ¿De todo lo que podríamos reparar como personas y como nación?

Por si todo esto que le estoy diciendo no fuera suficiente para salir corriendo a ver este show de dos horas al Telón de Asfalto de la Ciudad de México o para llevarlo a su estado, tenemos otra aportación fundamental.

¿Cuál? El humor político. Como usted sabe, don Héctor Suárez es uno de los comediantes más valientes de México.

Y en Los locos Suárez por supuesto que aprovecha el momento para criticar a nuestros políticos y para hacer una dinámicas con figuras como la de Donald Trump francamente hilarantes.

Yo nunca me imaginé que me fuera a reír tanto, que fuera a reflexionar sobre tantas cosas de esa manera ni mucho menos que al final me fuera a retirar del teatro con un sabor de boca tan grato.

Esto que comenzó como un experimento de cinco semanas y que ha crecido tanto al grado que ya lo están pidiendo en lo más exigentes mercados internacionales, es, a final de cuentas, un acto de amor.

El acto de amor de un hijo hacia su padre y de un padre hacia su hijo confesándose, perdonándose e integrándose. Terapia pura.

Terapia de grupo, de humor, pero terapia al fin tanto para los actores como para el público.

Y qué honor haber estado en esa función, porque como había muchos actores y periodistas, había instantes en que el público se reía pero de nervios.

¡Qué miedo que Los locos Suárez los fueran a llegar a mencionar!

Afortunadamente todos nos divertimos, Blanca Guerra y Cecilia Suárez develaron la placa y al final todos nos fuimos a platicar, a compartir nuestras propias locuras.

Por lo que más quiera en la vida, luche por ver este insólito encuentro familiar, esta impactante fotografía de lo que fuimos y de lo que somos.

No todos los días dos grandes actores, padre e hijo, hacen stand up comedy ni mucho menos en un contexto como el mexicano.

¡Felicidades! Es lo máximo poder gozar con Los locos Suárez. ¿A poco no?

alvaro.cueva@milenio.com