El pozo de los deseos reprimidos

¡Gracias, Papa Francisco!

Pude haber visto al papa a unas cuantas cuadras de mi casa, en el Zócalo o en la Basílica, pero no, lo fui a buscar a Chiapas.

¿Por qué? Porque, como usted sabe, siento un cariño muy especial por ese estado.

Pero fíjese lo que son la cosas, cuando se anunció que su santidad iba a ir a ése, mi lugar favorito en el mundo, no solo se lanzó la convocatoria.

Se dijo que iba a hablar ahí exactamente del tema que más me interesa cuando se trata de este tipo de cuestiones: de la familia.

Más me tardé en leer la noticia que en comprar mi boleto de avión. Mi tarjeta de crédito no me dejará mentir. Fue una lucha contra el destino, pero lo conseguí. Se me hizo.

¿Qué fue lo primero que me sorprendió? El nivel que ha adquirido Tuxtla Gutiérrez como ciudad.

A usted le consta, todos los años voy a Chiapas al menos una vez, de vacaciones, y siempre lo veo más hermoso, pero en esta ocasión sí me quedé con la boca abierta.

Tuxtla Gutiérrez está irreconocible de moderna, segura, amable y bien comunicada.

Todo el mundo, desde que aterricé, me regaló la mejor de sus sonrisas para que me sintiera como en casa y ni le platico de la infraestructura hotelera. No le pide nada a nadie.

Y sí se lo tengo que decir, porque cuando hablamos de ese estado, casi siempre nos quedamos en los mismos tres o cuatro temas, como de hace 20 años, y no, hoy Chiapas es otro y el lunes me quedó más que claro.

Se necesita mucha infraestructura y mucho talento para organizar un evento tan grande e importante.

Todo salió perfecto y mire que esa reunión era particularmente delicada por el tema, el calor, la multitud y por algo que yo no siento que se esté comentando como se debe: el respeto.

Chiapas es un estado donde hay muchas religiones y en ese estadio no solo había católicos, había hombres y mujeres con otras ideas, algunas muy opuestas, y todos pudimos convivir en paz.

Fíjese lo que le estoy diciendo, porque hay que tener una madurez profundísima para alcanzar esto y porque, tristemente, no en cualquier lugar del mundo se hubiera podido hacer lo que se hizo en Tuxtla Gutiérrez.

Fueron horas muy pesadas bajo el sol, pero tal y como lo comenté cuando tuve el privilegio de enlazarme a MILENIO Televisión, fueron horas de fiesta.

¡Qué barbaridad! ¡Cuánta alegría! ¡Cuánto entusiasmo! ¡Cuánta paciencia! ¡Y cuánta devoción!

¿Qué le puedo decir del papa Francisco? Primero, que es una bendición de Dios que la lengua materna de su santidad sea el español. Eso lo cambia todo. ¡Todo!

Segundo, que es un hombre que sabe observar, que sabe escuchar y que, por lo mismo, sabe atender a la perfección a sus audiencias.

Si alguien le dice una frase, él la toma, la trabaja y la devuelve corregida y aumentada.

Eso le sube la moral a cualquiera, lo hace sentir importante, tomado en cuenta.

Tercero, que es un hombre que domina las reglas del espectáculo.

El papa es un genio para la construcción dramática. Sabe en qué momento meter un chiste, en qué punto exaltarse, regañar.

Es un superlíder que en menos de 60 minutos nos puede llevar de la risa al llanto y de la reflexión a la iluminación.

Y cuarto, trae un discurso revolucionario. No sé cómo lo vivió usted a través de la televisión, pero nosotros, en el estadio, lo escuchábamos atónitos.

Porque sí, se ve muy bien que el papa tome en cuenta, por ejemplo, a los divorciados cuando aborda el tema de la familia, pero a mi lado estaban decenas de sacerdotes de esos que no dejan que una persona divorciada sea padrino de bautizo, ya no se diga todo lo demás.

¿Sabe usted qué cara pusieron? Fue emocionantísimo, porque la invitación al reconocimiento de estas figuras no la estaba haciendo un intelectual de izquierda, la estaba haciendo el sucesor de San Pedro y ahí sí ni modo de no obedecer.

El discurso del papa Francisco fue tan, tan, pero tan inteligente que sin ofender a nadie tocó hasta a los matrimonios entre personas del mismo sexo y a las familias homoparentales.

Se habló de clandestinidad, de aislamiento. Se habló de señalamientos, de realidades y, perdón, pero en los eventos de Dios normalmente no se habla de esto.

Ese discurso del papa Francisco fue un duro golpe para muchas personas y para muchas instancias que pretenden destruir montones de familias diferentes que millones de personas han construido con amor

Ese discurso y ese evento en Tuxtla Gutiérrez fueron una experiencia de oro.

Me siento profundamente honrado de haber estado ahí en lo que a todas luces es ya un acontecimiento histórico.

¡Gracias, papa Francisco por venir a México a profundizar en estos temas tan importantes!

¡Gracias por haber escogido un lugar tan mágico como Chiapas para invitarnos a cambiar y a defender lo más importante que tenemos!

¡Gracias, amigos de Tuxtla Gutiérrez, por su infinita hospitalidad! Nos veremos muy pronto, como turista, como todos los años. ¡Los quiero!


alvaro.cueva@milenio.com