El pozo de los deseos reprimidos

¡Gracias, Buddy!

El domingo tuve la oportunidad de charlar con Buddy Valastro un poco antes de las presentaciones que tuvo en el Pepsi Center de la Ciudad de México.

Como usted sabe, este señor es una de las máximas figuras de la televisión mundial, el protagonista de programas como Cake Boss y El desafío de Buddy.

A mí me interesaba platicar con él porque llevo rato con muchas dudas sobre el tema de los reality shows, los programas de cocina y los de pasteles.

Obviamente, aprovechamos para hablar de lo que serán las nuevas temporadas de los títulos que hace con Discovery Home&Health, canal estrella de Discovery Networks México.

Todo comenzó alrededor de las 7:30 horas del domingo pasado. El Pepsi Center de la Ciudad de México es un auditorio muy nuevo diseñado para albergar a 5 mil personas.

El señor Valastro iba a tener dos presentaciones personales. La primera a las 11:00.

¿Me creería si le dijera que a la hora que llegué ya había una multitud, con boleto en mano, haciendo fila para entrar al recinto?

Sí se lo tengo que decir, porque de repente hay instancias que le quieren hacer creer a la opinión pública que la televisión de paga o no vende, o no la ve nadie o está en franca decadencia.

Además del conveniente mito de que a los mexicanos solo les gusta la basura, lo malo, lo negativo y que por eso lo único que se les puede dar son porquerías como Laura.

Los cables y las antenas directas al hogar, y concretamente frecuencias como Home&Health, son tan exitosas que mire lo que consiguen:

Montones y montones de personas arremolinadas a horas impropias de la madrugada esperando a un señor que hace pasteles.

Perdón, pero, ¿dónde está la basura ahí? ¿Lo malo? ¿Lo negativo?

Y Buddy, casi sin publicidad, abarrotó dos funciones en plena temporada vacacional. ¡10 mil personas! ¿Así o más impresionante?

¿Cómo fue mi encuentro con el señor Valastro? Maravilloso. La verdad, yo, acostumbrado a la prepotencia y agresividad de las estrellas mexicanas, pensé que me iba a topar con un divo insufrible, enfermo de odio y amargura.

Pero no, me encontré con un tipo de lo más humilde, sencillo y hasta cariñoso. Ahí es donde un se da cuenta de dónde está la verdadera grandeza de la gente de la industria.

Buddy siempre estuvo amable y dispuesto a hablar de lo que fuera. Nada de que: córrele, porque tengo prisa, no me vayas a preguntar de equis tema o me voy a hacer el chistoso o el muy politizado para llamar tu atención o para que pienses que soy muy inteligente.

Cake Boss es un éxito mundial. Triunfa en México con la misma fuerza con la que triunfa en El Cairo, Hong Kong y Caracas. ¿Por qué? 

Con Buddy descubrí la razón. Más allá de que se trata de un espectáculo que gira alrededor de la creación de fantásticos pasteles, Cake Boss es un programa sobre la familia.

Lo que vemos ahí es al papá, a la mamá, a los hijos, a la abuela. Y los vemos luchando por salir adelante, resolviendo problemas, divirtiéndose.

Cake Boss es para la televisión de esta década lo que Los años maravillosos fue para los años 90, Alf para los 80 y Los Pioneros fue para los años 70.

Verlo es ver algo más que un espejo, es ver un contenido aspiracional porque, tristemente, la familia, como institución, está pasando por un momento difícil, un momento de redefinición.

Por si esto no fuera suficiente, Buddy, en contraste con la mayoría de las personas que salen en nuestras pantallas, no está actuando, no está interpretando a un personaje bueno o malo diseñado así para mover los ratings.

No, él es él, honesto, de verdad. Por eso triunfa. Por eso le va bien.

Fíjese, por favor, qué concepción tan más diferente y hasta opuesta a la que manejamos en los medios en México.

¿Ahora entiende por qué los programas del señor Valastro se transmiten en los cinco continentes mientras que nuestra pobres producciones casi, casi, que se tienen que regalar en paquete para ver si se ven en otros rincones de América Latina?

No, pero espérese. Luego vino lo mejor: el profundo respeto con el que Buddy se expresa de sus colegas pasteleros y, concretamente, de los mexicanos.

No debemos olvidar jamás que esta famosa estrella de televisión es, ante todo, pastelero. Si alguien sabe de la materia es él. ¡Y mire qué calidad humana! ¡Y mire qué calidad profesional!

¿Cuántas personas en este país opinan en los medios de comunicación, especialmente en los reality shows, sin siquiera saber de lo que están hablando?

¿Cuántos, que sí saben, son capaces, como Buddy, de reconocer otros talentos además del suyo?

No cabe duda, Buddy Valastro es un tipazo maravilloso. Se merece todo el éxito que tiene y más. ¡Qué honor haberlo conocido! ¡Qué gusto que Discovery Network lo haya traído a nuestro país!

¡Gracias, Buddy, por esos minutos en el Pepsi Center!

¡Gracias, Discovery Home&Health, por esto!

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