El pozo de los deseos reprimidos

¡Gracias, Brozo!

Vamos a decirnos la verdad: ver noticias, en los últimos días, en las últimas semanas, se ha convertido en una experiencia desesperante.

Independientemente de que hay una crisis de contenidos que casi nadie quiere reconocer, esto ya no puede seguir así.

Se necesitan otros formatos, otras dinámicas, otros lenguajes. Y esto aplica lo mismo para los canales de la televisión abierta que para los sistemas informativos de los cables y de las antenas directas al hogar.

No sé usted, pero a mí me angustia que, a estas alturas de 2015, se estén produciendo noticiarios y mesas de análisis con esquemas de 1954.

¿Quién quiere informarse así? ¿Quién tiene tiempo de chutarse algo así? ¿A quién le parece atractivo?

¿Y luego para qué? ¿Para que nos pongan un reportaje de color? ¿Para que nos cuenten la historia de una señora que salió adelante vendiendo tamales? ¿Para eso uno sintoniza las noticias?

No nos confundamos, una cosa son los noticiarios y otra los programas de revista de entretenimiento, y si algo carece de prestigio de este momento histórico son los programas de revista de entretenimiento.

¡Imagínese el impacto que puede tener en una sociedad como la nuestra que tengamos tantos noticiarios, en tantos canales, pero con un atascadero de contenidos de color!

¡Hasta los conductores de esta clase de espacios ya se están poniendo, o a pelear en el peor estilo de los talkshows, o a hacer payasadas como los animadores de entretenimiento!

Por eso quiero darle las gracias públicamente a Brozo por existir.

Yo no sé si usted lo viva igual, pero pocas cosas pueden ser tan reconfortantes, a las 6:30 horas, como encender el televisor, sintonizar ForoTV y observar su programa El mañanero.

Brozo es el único comunicador que se ha atrevido, en televisión abierta, a cuestionar con lujo de rudeza al Presidente de la República sobre asuntos tan delicados como la segunda fuga de El Chapo Guzmán.

Mientras que otros periodistas defienden unas agendas como de Disneylandia, este personaje creado por Víctor Trujillo habla del hartazgo en el que todos vivimos, critica a los gobiernos del PRI y hasta se da el lujo de traer a colación a políticos como Carlos Salinas de Gortari.

Definitivamente se trata de un milagro de la libertad de expresión, de un acontecimiento en el periodismo mexicano. Me sorprende. Me emociona.

Sí, ya sé lo que está pensando: ¿Cómo es posible que yo defienda a Brozo si trabaja en Televisa?

¿Con qué cara agradezco su existencia cuando le estoy hablando de la crisis que estamos padeciendo en los formatos noticiosos y El mañanero tiene un esquema tan elemental?

Primero, Televisa no es la mala del cuento. Ahí también se hacen cosas buenas y a las pruebas me remito:

Tome usted el capítulo que quiera de El mañanero y compárelo, en términos editoriales, con los noticiarios más caros y sofisticados de México.

¿Quién dice más? ¿Quién analiza más? ¿Quién tiene un estilo más definido? ¿Dónde se siente mayor apertura? ¿Dónde se siente más libertad?

Hágalo. Los videos no mienten. Y la próxima vez que quiera atacar a Televisa por el simple hecho de ser Televisa, piénselo dos veces. No vaya a ser que se muerda la lengua.

Ahora entremos al formato de El mañanero. ¿En verdad es tan malo? ¿Por qué? ¿Porque le faltan sillas giratorias, pantallas monumentales, fuentes de colores y dos kilómetros de estudio?

Yo creo que la producción del programa de Brozo es más moderna y revolucionaria de lo que cualquier pudiera imaginar.

¿De casualidad usted, por ejemplo, ha visto el monólogo con el que el payaso tenebroso abre todas las mañanas? ¡Es una obra de arte!

El señor, durante casi media hora, le está hablando a una cámara fija frente a una pantalla verde donde se proyecta lo que sea.

¿Y? ¿Qué tiene esto de moderno? ¿Qué tiene de revolucionario? Algo que ya no se usa en la televisión: talento.

¿Cuántos periodistas mexicanos serían capaces de sostener media hora de televisión abierta con el único recurso de su cerebro?

¿Cuántos podrían dar nota, ser críticos, cubrir la agenda y salir bien librados en cuanto a tono y ritmo? ¡Cuántos!

Es obvio, por la manera como se mueve, que Brozo no está leyendo todo lo que dice. A lo mejor tiene al lado un listado de temas, pero nada más.

Ese momento, que es de gloria, no sale ni de la memoria ni de ningún apuntador electrónico, sale de las tablas del periodismo y del cabaret, del dominio de la escena y de la información.

¿Ya le quedó claro lo que está pasando aquí? 

Ver noticias, en los últimos días, en las últimas semanas, se ha convertido en una experiencia desesperante.

La solución no necesariamente está en el dinero, está en la creatividad, en la inteligencia y en la libertad, tal y como queda demostrado cada vez que usted y yo miramos El mañanero.

¡Gracias, Brozo! Y aunque suene a lugar común: ¡gracias por existir!  

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