El pozo de los deseos reprimidos

Final feliz

Cuando los señores de Mi corazón es tuyo cerraron su último episodio con la frase “final feliz”, no exageraron. Estamos ante un final de antología. ¿Por qué, si fue como los típicos finales dominicales de todas las telenovelas de Televisa?

Fue de antología porque no fue el desenlace de una telenovela, tampoco el de una serie. ¿Sabe cómo qué fue? Como un Siempre en domingo.

En el remoto caso de que usted sea muy joven y no sepa qué fue Siempre en domingo, se trató del más grande programa de variedades que ha existido en la historia de la televisión mexicana.

Era una idea del señor Raúl Velasco que consistía en trasladar a la televisión, el teatro mexicano de revista con cantantes, magos, comediantes y cualquier cantidad de números estelares.

Bueno, lo que usted, millones de mexicanos y yo vimos durante la noche del 1 de marzo fue eso, un regreso a Siempre en domingo.

¿Y qué tiene esto de periodístico? Que estamos hablando de la primera vez que el formato de las telenovelas coquetea con algo más, con algo que no necesariamente pertenece al mundo de la ficción.

¿Se da cuenta de lo que esto significa? Es una revolución.

Yo, inspirado en la publicidad y en todo lo que se dijo en la prensa, me imaginaba que aquello iba a concluir como las maravillosas producciones de Rosy Ocampo tipo El diario de Daniela o La fea másbella.

Usted sabe, final de estadio, desfile, multitudes, pero no. La parte del estadio, aunque fue mínima, sirvió para redondear este metalenguaje mediático.

Tuvimos momentos para suspirar, momentos para reír, momentos para cantar, para ver al público en acción. Tuvimos momentos para todos.

El desenlace de Mi corazón es tuyo fue, por un ratito, volver a vivir la magia de la televisión de antes, de la que era capaz de unir a los niños con los adultos, a los ricos con los pobres. Fue espectacular.

Y no, no voy a jugar al viejo truco de platicarle lo que sucedió ahí, porque sería una falta de respeto para los mercados internacionales.

Lo que quiero es detenerme en algunos puntos que considero fundamentales.

Primero, en la objetiva complejidad de ese cierre.

No me quiero ni imaginar en las que se vieron Juan Osorio y su equipo de colaboradores, porque fueron de una locación a otra, del manejo de público en escena a los chismes de la prensa rosa, y de requerimientos muy específicos de vestuario a una musicalización de lujo.

Segundo, en una aportación con la que nunca me había topado. ¡Y mire que si algo he visto a lo largo de mi vida han sido telenovelas!

¿Qué? El castigar a una villana condenándola… ¡a la obesidad!

Esto es impactante por sus implicaciones ideológicas. Es lo mejor que le pudo haber pasado a un país de gordos como México.

Antes, las gordas eran chicas buenas a las que había que aprender a ver más allá de su apariencia.

En consecuencia, la gordura era un accesorio, algo medianamente lindo que se podía corregir.

Ahora las gordas son mujeres malas y se ven pésimo porque están pésimas.

¿Resultado? La obesidad se convierte en algo negativo, en la consecuencia de actos espantosos, en un castigo.

¿Se da cuenta de lo que un adecuado manejo melodramático de este tema, como el que vimos en este desenlace, podría llegar a hacer por nuestra salud y la de nuestros hijos?

Ya nadie va a querer ser gordo. Estar obeso ya no va a ser un valor asociado a las heroínas telenoveleras o a los galanes. Ahora va a ser un vicio asociado a los villanos. ¡Bien!

Y tercero, el prodigio del manejo de la familia en la televisión abierta nacional.

Se lo voy a decir con todas sus letras: el mundo no está bien, nuestro pobre país no está bien. Hay muchas cosas que se están extinguiendo y una de las más tristes es el recurso de la familia en televisión abierta nacional.

No es lo mismo hablar de la familia en una señal como la de El Canal de las Estrellas a hacerlo en canales de paga como Fox, Warner o HBO, o en plataformas como Netflix.

Aquí hay reglas, necesidades, limitaciones.

Bueno, todos y cada uno de los elementos que participaron en Mi corazón es tuyo, desde los escritores hasta los actores pasando por directores, editores y escenógrafos, nos dieron una lección de cómo se debe manejar el tema de la familia hoy en televisión abierta nacional.

Aquello fue tan bonito, tan chistoso, tan lleno de estímulos que, por eso, fue un éxito.

Quien domina las reglas del juego gana y este equipo domina las nuevas reglas del juego tanto de la familia como de la televisión abierta nacional.

Ojalá que sigan haciendo esta clase de propuestas. Ojalá que sigan regalándonos conclusiones como la del domingo pasado.

¿Ahora entiende cuando le digo que esta gente no exageró cuando utilizó la expresión “final feliz” para acabar con esta bellísima historia?

¡Felicidades! Mi corazón es de Mi corazón es tuyo y siempre lo será. ¿Y el de usted?

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