El pozo de los deseos reprimidos

¿Existe la televisión juvenil en México?

De repente hay gente que me dice: Álvaro, los jóvenes ya no ven televisión, la odian, a ellos solo les interesa el internet.

¿Por qué si esto es cierto hay tantas compañías tan poderosas como Disney invirtiendo verdaderas fortunas en la producción de programas para ellos?

Disney no es tonta, si algo sabe hacer son negocios. ¿Entonces?

¿No será que en este juego de “vamos todos a opinar”, tan popular en las redes sociales, hay muchas personas, con espíritu catastrofista, que gozan inventando mitos y pronosticando el fin de la televisión?

La bronca no es ésa sino que luego aparecen algunos ilusos que se tragan todo esto, comenzando por los trabajadores de la industria de la televisión mexicana, y el resultado es terrible.

¿Por qué cree que muchas de nuestras mejores marcas están dejando de hacer programas para chavos?

¿Por qué cree que los pocos conceptos que se estaban haciendo, como La CQ, se están cancelando?

¿Por qué cree, insisto, que lo único que se está quedando, en este sentido, son títulos como Acapulco Shore, Turnocturno y Zona ruda?

Porque por ahí andan unos analistas que, se supone, están estudiando a las redes sociales.

El pequeño detalle es que se toman demasiado literal todo lo que encuentran y, con la pena, en este negocio hay mucha insensatez, muchas ganas de fregar, de destruir.

Los jóvenes son el público más poderoso de nuestro planeta, el más urgido de contenidos de todo tipo, el que más consume.

¿A usted no se le hace medianamente sospechoso que cada vez se trabaje menos para ellos?

¿A usted no le preocupa que, cuando se graba algo juvenil, salvo honrosas excepciones, sea para chavos pero como de 1985?

Tenemos que hacer algo, especialmente desde la perspectiva de la televisión abierta. ¿Algo como qué? Volvemos a lo mismo, algo como lo que hace Disney.

Mire, le voy a poner un ejemplo que me tiene muy conmovido: Disney Channel estrenó el lunes pasado, en su barra vespertina, una serie cómica titulada Agente K.C.

¿De qué trata? Primero, de negros. Después, de una chica de secundaria, bastante boba, que termina convertida en espía internacional.

En medio tenemos escenas de acción, de calentura, de baile, de efectos especiales, en la casa, la escuela, un salón de actos y hasta en un baño.

¿Por qué le estoy describiendo todo esto así? Ahorita me va a entender.

Para empezar, los negros no existen en la televisión dramatizada de este país. Es más, ni siquiera existen los morenos.

Lo más prieto que ponemos a cuadro son rostros como el de Esmeralda Pimentel quien, por cierto, tiene los ojos verdes.

Después, si alguien propusiera meter a una chica de secundaria, 94 comités diferentes la analizarían para que no se viera boba porque, “¿qué clase de ejemplo sería ese para la juventud mexicana? ¿Qué tipo de valores se estarían promoviendo?”

“¡Oh, no, si es una niña que sea muy inteligente, o muy virginal, o muy feminista! Que sea lo que sea, pero que sea positiva.” En resumen, ya se jodió el asunto.

No, pero espérese, viene lo mejor. “¿Espías? ¿Espías en la televisión mexicana?”

“¡Claro que no! A lo mejor se enojan en Gobernación, a lo mejor lo malinterpretan las autoridades, a lo mejor se asustan los anunciantes”.

“No, prohibidos los espías. Mejor que la protagonista de este proyecto, como buena adolescente, tenga broncas con sus exámenes de matemáticas, que se dedique a la costura, al maquillaje. Nunca al espionaje”.

“¿Escenas de acción? No, eso sería apología de la violencia. ¡Sáquenlas!”

“¿Secuencias de calentura? ¡Cómo cree usted! ¡No! ¡La gente se va a asustar! ¡Los papás van a reclamar! Mejor, que la chica de esta historia sueñe con ser princesa y que dibuje corazoncitos en sus cuadernos. Eso sí”.

“¿Baile? ¿Baile en una serie de comedia? No hay tiempo ni de ensayar eso, mucho menos de grabarlo. ¡Quítenlo! Y si es muy necesario, ahí que improvisen lo primero que se les ocurra”.

“¿Efectos especiales? Háganse cualquier cosa frente a una pantalla verde, como lo hacía Chespirito, y punto. No hay recursos para más”.

¿Y qué ocurre con el listado de escenarios? ¿Con la casa, la escuela, el salón de actos, el baño y todo lo demás? ¿Qué sería lo que la televisión mexicana diría al respecto?

“No hay dinero. Hagan todo en un solo escenario y apúrense porque vamos a usar el foro para un sketch del programa de revista”.

¿Ya entendió por dónde va el asunto? Nosotros mismos nos estamos boicoteando, autocensurando. Por eso nos salen las cosas como nos salen.

Mientras que empresas como Disney nunca nos dejan de sorprender con sus producciones juveniles, aquí tratamos a los chavos bajo unos esquemas lamentables, obsoletos y yo diría que hasta hipócritas.

Busque Agente K.C. en Disney Channel, gócela, compárela con lo que hacemos en México y critique. Solo así vamos a salir de este bache. ¡Solo así!  

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