El pozo de los deseos reprimidos

¡No se vale!

Espantosa. Sila, la nueva telenovela de las 20:00 de Azteca 13, se me hizo espantosa.

¿Por qué? Por la parte ideológica. Es un melodrama que deja muy mal paradas a las mujeres en el peor momento para hacerlo.

Quiero pensar que todo fue un truco dramático precisamente para mandarle un mensaje de esperanza a las señoras después de varios capítulos, más o menos como pasó hace algunos años con Por ella soy Eva, porque de lo contrario sí estaríamos hablando de algo grave.

¿Qué es Sila? Una telenovela turca que narra las aventuras de una mujer aparentemente culta y preparada a la que, con engaños como de dos pesos, llevan a una ciudad lejana y la quieren obligar a casarse con un hombre al que no conoce.

¿Todo por qué? Por una cuestión de tradición.

¿Pero sabe qué es lo peor de todo? Que el hombre en cuestión es poco menos que el galán del siglo XXI, el tipo más perfecto que cualquier persona pudiera imaginar.

¿Y? ¿Por qué le digo que esto es lo peor? Porque, entonces, obedecer la tradición es lo que toda mujer debe hacer.

¡Para qué eligen por su cuenta! ¡Déjense casar a capricho de los hombres! ¡Sométanse! ¡Les va mejor!

Mire, aquí hay muchos temas para discutir. Sila no es ¿Qué culpa tiene Fatmagül? Es un producto mucho más local, menos internacional.

Por lo mismo, las diferencias culturales aparecen de inmediato.

¡Pero qué cree! Esas diferencias culturales están enloqueciendo a millones de personas en México y en todos los rincones de América Latina.

Algo tienen las telenovelas turcas que están fascinando a las multitudes de este lado del mundo.

No sé cómo lo vivan otros periodistas de espectáculos pero yo, todo el tiempo, estoy recibiendo mensajes de espectadores que me piden que les haga programas especiales sobre este tipo de melodramas.

Y aunque ya los he hecho, siempre quieren más. A pesar de sus peculiares contenidos, los adoran.

¿Sabe usted la cantidad de sentimientos encontrados que esto me genera?

¿Por qué el público mexicano pide programas especiales sobre lo que se hace en Turquía y no sobre lo que se hace en su propio país?

¿Por qué el público nacional le permite a las producciones de otros rincones del mundo lo que no les permite a las mexicanas?

Si Televisa o Azteca hicieran en este momento una telenovela original sobre una mujer que es obligada a casarse, una horda iracunda aparecería en cuestión de minutos en las redes sociales acusándolas de machistas, de misóginas, de promover el odio y la ignorancia.

Si Turquía lo hace, está bien. No solo lo aceptamos, lo celebramos.

Si algún productor o escritor de Televisa o de Azteca, insisto, presentara un proyecto de telenovela sobre una mujer que es obligada a casarse, Recursos Literarios, Supervisión Literaria, el comité del comité, el grupo de investigadores del grupo de investigadores, el instituto del instituto y los asesores de los asesores, la bloquearían sin piedad.

Ese productor y ese escritor de México, en consecuencia, no van a tener más remedio que hacer el refrito de alguna historia vieja o extranjera.

¿Por qué si un productor o un escritor presenta esto en Turquía se le autoriza y se le apoya?

¿Por qué los mismos canales mexicanos de televisión que jamás permitirían que esta clase de contenidos se grabaran en sus instalaciones, se los compran con entusiasmo a las televisoras de otros países? ¡Por qué!

Y ni hablemos de lo legal o lo comercial porque entonces sí jamás vamos a acabar.

¿Por qué transmitimos telenovelas extranjeras que aquí no podríamos crear?

¿Por qué, cuando se trata de melodramas importados, los anunciantes están dispuestos a respaldar lo que no respaldarían si se tratara de telenovelas mexicanas?

Sí, me queda claro que hay varios asuntos de dinero detrás de esto, que siempre es más barato comprar que producir.

Pero, o tratamos con el mismo rigor las emisiones extranjeras, o dejamos de jugar a ser tan estrictos con las nacionales.

Y esto incluye tanto a los canales de televisión como al público, las autoridades y los anunciantes.

Estamos acabando con una industria local para apoyar a otras de otros países. ¡No se vale!

Las telenovelas mexicanas tienen muchos problemas pero, en lugar de darles la espalda, tendríamos que buscar la manera de ayudarlas, de dejarlas fluir, de que vuelvan a convertirse en algo importante, exitoso y popular.

Ojalá que me equivoque y que Sila termine por transformarse en una propuesta positiva y triunfadora.

Pero ojalá, también, que todos recapacitemos y reconozcamos el daño que le hemos hecho a este negocio poniéndole tantos filtros a algo que tendría que ser libre, emocionante y hermoso.

¿A usted le gusta Sila? ¿Si hubiera una telenovela mexicana igual de bien hecha la recibiría con el mismo gusto y entusiasmo?

Se lo dejo de tarea. Aquí hay muchos temas para discutir. ¿O usted qué opina?


alvaro.cueva@milenio.com