El pozo de los deseos reprimidos

Escapemos todos

Divertido, diferente, así es Escape perfecto, el programa de concursos que Azteca Trece transmite desde hace varias semanas a las 19:00 horas.

Seguramente usted ya lo vio y si no, déjeme lo pongo en antecedentes.

Escape perfecto es un formato de Israel que se presenta con éxito, en este momento, en muchos lugares del mundo.

Es un show de concursos muy sencillo, pero al mismo tiempo muy adictivo.

Imagínese que a usted y a otra persona, tal vez su pareja, lo llevan a un estudio profesional de televisión donde, de un lado, hay algo así como un paraíso de regalos y, del otro, un área para preguntas y respuestas.

A usted le van a hacer varias preguntas de opción múltiple y, dependiendo de sus respuestas, su compañero podrá pasar a ese paraíso y tomar, literalmente, todos los regalos que quiera, pero con una “pequeña” condición.

¿Cuál? Que no pase de cierta cantidad de segundos. Todos los regalos tienen que ser llevados, en un solo viaje, del otro lado de unas puertas que se cierran cuando se acaba el tiempo.

Por eso se llama “Escape”. Porque hay que correr contrarreloj, escapar del otro lado de las puertas antes de que se cierren y de que usted lo pierda todo. Es tremendo.

Haga de cuenta que le preguntan en qué año subió al poder Fidel Castro en Cuba, que usted contesta que en 1959 y a su pareja le dan 30 segundos para que se “atasque” de hornos de juguetes, refrigeradores, pantallas de plasma, hornos de microondas y hasta de automóviles.

Y allá va el otro todo desesperado por sacarle jugo hasta el último segundo y tomando cuanto paquete se le atraviesa en el camino.

Bueno, esto que suena tan elemental, es de lo más emocionante.

¿Por qué? No me lo va a creer, pero es tan grande el pánico que a los concursantes les da cada vez que les dicen que tienen equis cantidad de tiempo para entrar al área de regalos, que muchas veces, en lugar de tomar los objetos espectaculares, agarran puros premios chiquitos.

No, ¿pero sabe qué es lo peor de todo? Que les dicen: “Tienes 40 segundos para agarrar lo que quieras”, pero se ponen tan nerviosos que se salen a los 11.

¡A los 11! ¡Casi medio minuto antes desaprovechando la oportunidad de llevarse muchos regalos carísimos!

¿Por qué le digo que esto es divertido? Porque hace que uno, en casa, participe, que conteste las preguntas, que se involucre con la persona que pasa a recoger los regalos, que los quiera, que se ría.

¿Por qué le digo que es diferente? Porque en este país, a esa hora, lo que menos acostumbramos hacer es sintonizar programas de concursos de clase mundial.

Cuando bien nos va, en televisión abierta nacional, nos aplastamos a ver una telenovela. ¡Ahí está la diferencia! ¡Por fin algo distinto para ver entre la tarde y la noche en este país! ¡Gracias!

¿Pero sabe qué es lo más bonito? Que Escape perfecto es un espectáculo familiar.

Si usted, como yo, lo ve con niños, no se va a acabar las reacciones de los chiquitos porque responden, gritan, saltan. Se la pasan muy bien sin cuestiones negativas, sin comediantes groseros ni situaciones bochornosas.

Y otro aspecto que no le puedo dejar de mencionar es que estamos hablando de un título fino.

De repente, entre sus participantes, puede ir gente muy humilde, o gente muy preparada, pero todos son tratados igual, con respeto, con clase, y la manufactura, insisto, pertenece a una categoría aparte.

Aquí no hay estridencias, bandas en vivo, bailarinas exóticas ni papelitos de colores cayendo del cielo.

Hay un escenario elegante, un afortunado manejo de las cámaras, las luces, los tiempos y los movimientos, y una excelente propuesta de conducción.

¿Cuál? La de Rafael Mercadante. Ya se me había olvidado lo bueno que es este señor.

Bueno porque sabe estimular a los concursantes, atender a los televidentes, darle ritmo a la acción y resolver situaciones de última hora.

Lo acompaña Adianez Hernández, una chica a la que ya habíamos visto en otros proyectos de Azteca como Corazón en condominio.    

La mancuerna es muy atinada y el resultado, atractivo. Lo único malo es que todo ha sido demasiado rápido como para que la gente lo pueda asimilar.

Veníamos de Todo o nada con Mauricio Barcelata, que tenía otro tono y que terminó mucho antes de lo que cualquiera hubiera esperado.

Y luego llegamos a esto que no acaba ni de hacer barra ni de funcionar como puente entre el talk show  Cosas de la vida y la telenovela Así en el barrio como en el cielo.

Conclusión: es un buen programa, pero quién sabe si tenga la mejor posición. Tal vez si hubiera entrado en otro horario, de otra forma y con más publicidad, estaría generando otra clase de comentarios.

Yo, por lo pronto, lo invito a verlo. Estoy convencido de que le va a gustar y de que se va a convertir en una de las opciones consentidas de su familia. ¿A poco no?

alvaro.cueva@milenio.com