El pozo de los deseos reprimidos

Crítica a 'Yago'

Me siento decepcionadísimo de Yago, la nueva serie de Televisa que se acaba de estrenar en la plataforma de streaming Blim.

¿Por qué? Porque con toda la experiencia acumulada, los recursos con los que cuenta esa empresa y la imperiosa necesidad que el consorcio de Emilio Azcárraga Jean tiene de generar un éxito, era para que hubiera sido una obra maestra.

Pero no, es pésima y se me cae la cara de vergüenza porque en contraste con otras series internacionales, incluso con las latinoamericanas, ésta tiene errores todavía más básicos que los de las telenovelas más chafas de la tarde.

Por culpa de estas porquerías la gente luego se burla de Blim y sale huyendo de El Canal de las Estrellas. ¡No se vale! ¿Cuál es la idea? ¿Acabar con todo?

¿Qué es Yago? El refrito de una telenovela turca llamada Ezel. Ya desde ahí, comenzamos mal.

¡Que necesidad tiene Televisa, la máxima creadora de telenovelas de todo el planeta, de ir a comprar a otros lados lo que sus talentos saben hacer mejor que nadie!

¿Por qué si tanto les gustan las telenovelas turcas no las programan y ya?

¿Por qué esa obsesión en convertir en serie lo que antes era una telenovela?

¡De qué le sirve a los señores de Televisa tomar y ofrecer tantos cursos de creación dramática si en el fondo ni siquiera conocen las diferencias entre un formato y otro!

¿De qué trata Yago? Para no hacerle el cuento largo es como El conde de Montecristo pero en mala.

¿Por qué en mala? Porque mientras que El conde de Montecristo es un clásico que se sostiene perfectamente bien en términos literarios, en Yago todo está puesto como por capricho.

No hay manera de que un ser humano con tres dedos de frente se trague ese cuento, mucho menos que se identifique con los personajes o que los convierta en sus favoritos.

Yago es la historia, primero, de una traición, y después, de una venganza.

La traición es la cosa más estúpida del mundo. ¡Quién puede creer que una chica pobre ande con otro chico igual de pobre por interés!

¡A qué clase de muchacho le pueden poner los cuernos de una manera tan obvia sin que se dé cuenta!

¡Por qué todos los hombres andan como perro en brama sobre una misma muchacha que no tiene nada de especial!

¡Cómo es posible que estos personajes tan insignificantes generen, de la nada, un megaconflicto que incluye casinos, crimen organizado, millones de dólares, torturas y sucursales anexas!

No y ni le hablo de la venganza porque entonces sí nos ponemos a llorar.

¿Me creería si le dijera que en el capítulo uno de Yago una sombra misteriosa se roba un muy llamativo coche deportivo importado de lujo sin que nadie se dé cuenta, sin que nadie lo voltee a ver cuando lo sacan de un estacionamiento atascado de cámaras de seguridad?

Todo está tan mal escrito, tan mal puesto en pantalla que Las amazonas, al lado de esta cochinada, es una obra maestra de la televisión premium.

¿Cómo es posible que en esta serie un tipo amenace con clavarle unas pinzas en el cuello a un rico y poderoso empresario frente a su mismísimo cuerpo de seguridad sin que los guardaespaldas pongan cara de sorpresa, ya no se diga sin que tomen cartas en el asunto? ¡Cómo!

¿Qué nadie leyó los libretos antes comprárselos a los turcos? ¿Nadie los estudió? ¿Nadie los adaptó? ¡Quién supervisa esto!

Pero lo más penoso de Yago es la parte del reparto.

Tenemos a Iván Sánchez, que es un magnífico actor, casi, casi, repitiendo al personaje que le acabamos de ver en Lo imperdonable.

A Gabriela de la Garza, a la que supuestamente íbamos a ver abriendo el nuevo canal de Grupo Imagen Multimedia, haciendo el ridículo de su vida con un personaje sin pies ni cabeza.

Y lo peor de todo, también tenemos a Flavio Medina, que es una gloria de la escena mexicana, dándole vida al villano más acartonado y pavoroso que usted se pueda imaginar.

Por eso le digo que esto es penoso. Con semejante elenco HBO hubiera hecho una joya calidad mundial. Televisa volvió a hacer La mentira, pero en serie. ¡Qué desgracia!

¿Cuál es la nota? Que alguien le tiene que explicar a estos señores que la diferencia entre la televisión de calidad y la televisión que se está haciendo ahora en los canales abiertos nacionales no está en ponerle la etiqueta de serie a una telenovela ni en tirar más dinero de lo normal rentando armas o coches deportivos.

La diferencia está en que la televisión de calidad respeta al público, los géneros, los formatos y en que sus responsables saben qué se tiene que hacer en qué ventana porque no es lo mismo producir para Univision que para Blim o para El Canal de las Estrellas.

No es una cuestión de dinero, es de dignidad, de sentido común, de honestidad, exactamente lo que Yago no tiene y que la he hecho fracasar en Estados Unidos.

Me siento decepcionadísimo de Yago, la nueva serie de Televisa que se acaba de estrenar en Blim. ¿Usted no?

@AlvaroCueva