El pozo de los deseos reprimidos

Crítica al estreno de '¿Qué hay de comer?'

Cuando uno hace lo que le gusta, se nota. Omar Fierro, ahora con ¿Qué hay de comer?, se ve feliz, realizado.

No sé usted, pero yo tenía años de no ver a un señor irradiando tanta luz en pantalla.

Aquí tenemos una gran lección de vida. Omar, el famoso actor, tuvo un sueño, cambió los escenarios por las cacerolas, y lo convirtió en realidad.

¿Cuántos otros actores no quisieran estar en sus zapatos? ¿Cuántas otras personas no quisieran darle un giro a sus carreras, salir de su zona de confort y comenzar de nuevo, reinventarse?

¿Pero qué es esto, de qué trata, en dónde sale, es bueno, es malo, por qué habría que verlo?

En teoría, ¿Qué hay de comer? es un programa de cocina como los enemil que existen en la televisión abierta y de paga de México y del mundo. Pasa de lunes a viernes a las 13:00 horas por Azteca 13. Se estrenó ayer.

¿Cuál es la crítica? Que nos prometieron una cosa, pero nos dieron otra.

¿Qué hay de comer? no parece un show de cocina, parece un programa de revista como Hoy, Venga la alegría, De buenas y A las nueve solo que en 60 minutos.

¿Por qué? Porque en lugar de que Omar Fierro nos comparta la felicidad de siente al cocinar, tenemos un mazacote insufrible de gente y de secciones en un escenario atascado de color.

Omar no tiene una compañera, no, ¡tiene dos! Y las dos hablan al mismo tiempo de manera que no se entiende nada de lo que dicen.

Luego, cada bloque tiene o un invitado o un colaborador, pero nadie los deja hablar.

Y nada de lo que dicen parece estar saliendo de la boca de un especialista.

Es como si cinco minutos antes de la transmisión se hubieran metido a Google, hubieran copiado una ficha y la hubieran cargado en el prompter para leérsela al público.

¡Pero todo esto mientras el pobre Omar hace un esfuerzo desesperado por explicarle sus recetas a los televidentes!

¿Qué hay de comer? está sobreproducido.

Uno, en lugar de relajarse, de pasársela bonito, se estresa porque como que los conductores tienen la orden de hablar, pero de hablar mucho, de hablar fuerte, de hablar rápido.

Y la pantalla se divide, y las cámaras apuntan para todos lados menos hacia la comida. ¡Es caótico!

¿Quiere que le diga la verdad? Creo que estos señores cayeron en esa trampa que mucha gente está manejando en la industria de la televisión mexicana que dice que los contenidos son lo más importante.

¿Y qué están haciendo? Contenidos.

¿Por qué en lugar de preocuparse por decir tantas cosas, los señores de ¿Qué hay de comer? no se preocupan por ser ellos mismos y por decir lo que se supone saben decir?

¿Por qué le tienen tanto miedo al silencio? ¿Por qué tiene que haber tanta gente a cuadro al mismo tiempo?

¿Por qué se tienen que preparar tantas recetas? ¿Por qué tiene que haber tantas secciones?

¿Por qué, para cualquier cosa, todos se tienen que poner a bailar y a contar chistes?

En el bloque uno del programa de ayer, por ejemplo, fue Aylén del Toro. ¿Y qué hizo? El ridículo.

Por lo que entendí, era algo así como la madrina.

Independientemente de que cualquier productor hubiera llevado a una gran personalidad de talla internacional, de preferencia vinculada al pasado artístico del señor Fierro, para que aquello luciera, jamás nadie le preguntó Aylén algo interesante.

Resultado: la señora dio una de esas notas de color por las que tanta gente no cree en los noticiarios en los que conductoras como ella participan.

O sea, fue una catástrofe. Y ni le hablo de lo que pasó después con los especialistas en tecnología, deportes y nutrición o con la maravillosa persona del público que fue la invitada a comer en la parte final del programa, porque entonces sí nos deprimidos.

¿Para qué llevan gente si no le van a sacar provecho? ¿No sería más fácil si Omar simplemente cocinara y mientras lo hace, nos contara cosas o platicara con sus amigos?

Seamos honestos, si uno va a ver ¿Qué hay de comer?no lo va a hacer por sus contenidos, lo va a hacer por ver a Omar Fierro, para estar con él, para conocerlo mejor, para estrechar vínculos.

¿Y con qué nos salen los responsables de este concepto? Con Martha Guzmán y Joanna Vega-Biestro, las otras conductoras de este proyecto, compitiendo por hacerse... ¡las chistosas!

¿Así es como van a justificar su contratación en una empresa que apostó por ellas en lugar de darle una oportunidad a su propia gente?

Qué problema para Tv Azteca. ¡Qué problema!

Cuando uno hace lo que le gusta, se nota. Omar Fierro, ahora con ¿Qué hay de comer?, se ve feliz, realizado.

Pero sus compañeros, no. Parece que para ellos es un programa más del montón, chamba, y no se vale.

Aquí podría estar el principio de algo importante, pero mientras no impere el orden y no reine el estilo de una sola persona, el del señor Fierro, ¿Qué hay de comer? será un programa de revista más del montón. ¿O usted qué opina?

alvaro.cueva@milenio.com