El pozo de los deseos reprimidos

"Dueños del paraíso"

Las cosas están verdaderamente mal en el negocio de las telenovelas en México.

Y no, por favor no se deje llevar por esos cuentos de los primeros lugares, las revistas de chismes y los programas del corazón.

Hace años, siglos, que un melodrama nacional no da nota, que no se comenta más allá de la fuente de espectáculos, que no trasciende, que no impacta en términos políticos, sociales y culturales.

Es imperdonable que hoy, en este país que le enseñó al mundo a hacer telenovelas, se haga más escándalo alrededor de los talk shows que de títulos como La vecina, Así en el barrio como en el cielo y Amores con trampa.

¡Qué tan mal no estará este negocio que nuestros mejores actores prefieren hacer cualquier cosa antes que rebajarse a hacer telenovelas!

Bueno, ya, el colmo, en muchos lugares a las telenovelas las están llamando series o teleseries para no quemarse, para no salir perjudicados.

Urge que nuestras grandes televisoras tomen cartas sobre este asunto. Es tiempo de cambiar.

Si Televisa, Azteca, Argos y Cadenatres no hacen algo en los próximos meses, no solo van a perder millones de dólares, serán los responsables de una de las más grandes tragedias culturales en la historia reciente de este país.

¡Cómo es posible que culturas tan jóvenes como la de Estados Unidos hayan hecho de los cómics y de los superhéroes el fenómeno multiplataforma que son hora y que nosotros estemos dejando morir nuestras aportaciones populares!

¡Cómo es posible que países con tan poca tradición mediática como Corea del Sur sepan hacer mejores telenovelas y lanzar mejores grupos juveniles que nosotros!

Para que entienda la gravedad de la crisis de las telenovelas de este país, lo invito a ver Dueños del paraíso, una maravilla de telenovela que desde hace muchas semanas se está transmitiendo en el canal Unicable y que ya está disponible, completa, en Netflix.

Ningún melodrama mexicano de estreno tiene, en este momento, un reparto tan bueno como el de esta joya de Telemundo Studios y TVN.

¡Pura superluminaria continental! Desde la inmensa Kate del Castillo y nuestra mexicana nominada al Oscar doña Adriana Barraza hasta el mismísimo Señor Ávila de HBO, Tony Dalton, pasando por el glorioso Miguel Varoni de Pedro el escamoso, por Jorge Zabaleta, estrella chilena de proyectos tan importantes como Separados, y por muchas otras figuras más.

Ningún melodrama mexicano de estreno tiene, en este momento, insisto, una historia original tan completa, emocionante y atractiva como ésta.

Mientras que aquí los productores tienen la orden de que la pareja protagónica se conozca desde el capítulo uno, que la gran protagonista de la telenovela sea una mujer buena y virgen, que todos los personajes hablen bonito y promuevan valores, y que el público siempre adivine el final, ¿qué tenemos en Dueños del paraíso?

¡Exactamente todo lo contrario! La pareja se conoce cuando se tiene que conocer, la protagonista es una cabrona de primera que está casada con un narco, que lo sabe y que en lugar de trabajar de redentora, lo ama.

Ella, en lugar de hablar bonito, habla como habla todo el mundo, con groserías, y es dueña de su sexualidad, y la ejerce porque ni ella ni nadie está para promover valores, para eso están las familias, para eso están otras instituciones.

¿Y el final? Que el público lo adivine, que se cuestione, que le piense.

¿Por qué? Porque las audiencias no son tontas. Telemundo y TVN las están tratando como son: entidades que merecen respeto.

No puede ser que los mexicanos seamos una potencia mundial por nuestro consumo de cine de todo tipo y que a la hora de encender la televisión nos convirtamos en retrasados mentales. ¡No puede ser!

Y si al cine, ya sea original o pirata, van los pobres y los ricos, los cultos y los incultos, ¿en qué cabeza cabe que para la televisión apliquen otras reglas? ¡En cuál!

Dueños del paraíso es exactamente lo que a nadie le dejan hacer ni decir en la televisión mexicana.

¡Qué vergüenza! Porque funciona y con su éxito, sostenido en temas como la guerra de las drogas, el aborto y la pornografía, le da una cachetada con guante blanco a toda esa bola de gente ignorante que tiene a nuestra pobre industria sumergida en la mediocridad.

¿Quién quiere ver Lo imperdonable cuando puede ver esto en Netflix? ¿Quién quiere ver Caminos deGuanajuato cuando los piratas venden baratísimos los capítulos de Dueños del paraíso en todas las esquinas?

¡A que los piratas no venden Amor de barrio! ¡A que no venden Nora! ¡Pues claro que no! ¡A quién le importan!

Luche por ver Dueños del paraíso. No solo le va a encantar, le va a servir de parámetro para criticar las telenovelas de estreno de este pobre país que lentamente lo está perdiendo todo, hasta su prestigio en materia de televisión. ¿O usted qué opina?

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