El pozo de los deseos reprimidos

Dilema moral

¿Usted sabe lo que es un dilema moral? Bueno, pues yo tengo, desde hace varias semanas, un dilema moral inmenso. ¿Con quién? Con Canal 22.

¿Por qué? Porque no estoy de acuerdo con su cambio de imagen ni con su cambio de programación ni con muchos de sus nuevos lanzamientos.

¿Y? ¿Cuál es el problema? ¿Dónde está el dilema?

En que como se trata de uno de los canales públicos más emblemáticos de México, como se trata de programas culturales y como lo que más necesita nuestro propio país es educación, yo tendría que ser su promotor número uno.

Pero no lo puedo promover, no sería honesto. ¿Entonces qué hago? ¿Lo despedazo?

¿Se vale despedazar al canal del Conaculta por algo como esto cuando la televisión privada insiste en mantener al aire porquerías como Laura, Turnocturno y Sabadazo?

Al lado de éstas y de muchas otras monstruosidades, el peor de los cambios y el peor de los nuevos títulos de Canal 22 merece un premio.

No se puede medir con la misma vara a una modesta señal pública cuyo presupuesto anual equivale a menos de tres días de operaciones de Televisa San Ángel que, por ejemplo, a un show patético entre lo patético, cuya conductora puede protagonizar los peores escándalos políticos de la nación sin que nadie, ni siquiera sus jefes, la castiguen.

Sería injusto, pero también sería injusto echarle porras a un canal cultural nada más por ser cultural, nada más por estar remando contracorriente. Sería como hacerlo por pose. ¡No se vale!

Y menos ahora que el mercado de la televisión inteligente, tanto pública como privada, a nivel nacional e internacional es tan rico y ha evolucionado hasta regalarnos producciones que compiten en impacto contra los más famosos proyectos comerciales.

¿Ahora entiende cuando le digo que tengo un dilema moral? Perdóneme por expresárselo en estos términos, pero es que ya no puedo más.

Lo que menos quiero es perjudicar a una de las pocas estaciones que pelean por combatir la ignorancia en México, pero si realmente aspiro a no hacerle daño, le tengo que decir lo que pienso tal cual.

Un elogio gratuito destruye más que un reproche oportuno.

Sobre el cambio de imagen y, en general, sobre los cambios de programación que Canal 22 ha estado sufriendo en las últimas semanas, le voy a escribir en mi columna del domingo que va a ser particularmente dura.

Hoy me quiero concentrar en una de sus producciones propias. Estoy convencido de que lo que le voy a decir de este concepto aplica para los demás.

Haga usted, en casa, el ejercicio de cambiar el título que le voy a dar por el de cualquiera de las nuevas emisiones de esa señal y al final se dará cuenta de que todas las broncas del canal del Conaculta tienen el mismo origen y van hacia el mismo lado.

¿Cuál es el programa que elegí para criticar al 22? La música con Manzanero, que se transmite los domingos a las 20:00.

¿Qué es? Una emisión de variedades conducida por el gran Armando Manzanero donde presenta a varios cantantes y compositores de diferentes generaciones mientras los entrevista y cuenta anécdotas.

Antecedente: don Armando es uno de los rostros más emblemáticos de Canal 22. Desde hace más de 10 años el maestro ha formado parte de esa emisora con títulos como El estudio de Manzanero.

¿Qué es La música con Manzanero? Lo mismo que El estudio de Manzanero.

¿Por qué, entonces, en lugar de engañar al público vendiéndole como nuevo algo que no lo es, no se trabajó en el rescate del concepto original y se anunció una nueva temporada?

¿Por qué? ¿Por qué sus ejecutivos jamás tomaron la precaución de adquirir bien los derechos? ¿Porque no saben hacer bien las cosas?

¿Porque El estudio de Manzanero se hizo durante otra administración? ¿Porque la administración anterior era panista y no se puede destacar nada bueno de lo que hicieron los del PAN?

¿Ese es el juego en los canales del gobierno? ¿Borrón y cuenta nueva?

No, pues con razón nunca trascienden. Son señales que mueren y que nacen cada seis años. Así no se puede. ¡No!

¿Qué tiene de bueno La música con Manzanero? El honor de que uno de los más grandes compositores del mundo entre a nuestros hogares haciendo televisión.

Además de las complejidades técnicas de grabar música en vivo para un canal con tan pocos recursos como el 22.

¿Qué tiene de malo? Todo lo demás. El programa se ve pobre, carece del más elemental sentido de la actualidad, nadie entiende los criterios de selección de los invitados.

Y se nota que el maestro Manzanero está solo. Nadie lo cuida, lo dirige, le da información. ¡Nada!

Qué gusto que Canal 22 se esté moviendo y que cuente con una leyenda viva de nuestra música como don Armando.

Qué triste que no lo pueda o que no lo quiera hacer mejor, dándole continuidad a los proyectos anteriores, impresionando, dando nota, compitiendo. ¿O usted qué opina?

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