El pozo de los deseos reprimidos

Crítica a 'Masterchef Junior'

Después de haber visto el éxito de MasterChef México y de haber estudiado el fenómeno de MasterChef Junior en diferentes partes del mundo, yo creía que era imposible producir algo mejor.

Me equivoqué. MasterChef Junior México, el que inició anoche por Azteca 13, es superior al inolvidable MasterChef México del año pasado e incluso a las diferentes versiones de este formato que le están dando la vuelta al planeta.

¿Por qué? Por nuestros niños y nuestra gastronomía.

No es lo mismo trabajar esta clase de emisiones con adultos que hacerlo con niños.

Los chiquitos siempre son más espontáneos, pero los niños mexicanos son todavía más directos, más pícaros, más divertidos.

Y, perdón, pero sí hay muchas diferencias culturales, creativas y tonales entre las recetas que se preparan en otras ediciones de este mismo concepto y nuestros antojitos, salsas y postres.

MasterChef Junior México tiene todo para cautivar tanto al mercado nacional como al global.

Seguramente usted también lo vio anoche. La producción era mucho más profesional, colorida y alegre, los jueces se involucraron como nunca en su vida, la conductora se dio el lujo de jugar y el reparto fue insuperable.

¿A qué me refiero cuando le hablo de profesionalismo, color y alegría?

Desde la perspectiva editorial, al profundo respeto con el que se trató a nuestro niños.

Ojo, hacer televisión con menores de edad se presta para muchas irregularidades. Acuérdese, por favor, de Pequeños gigantes.

MasterChef Junior México trabajó con ellos sin ridiculizarlos, sin exhibirlos, sin agredirlos y cuidándolos hasta el último detalle.

En los escasos momentos en que alguno de los chiquitos rompió en llanto, inmediatamente vino una gran lección en términos psicológicos.

Y a cada rato se insistió en la importancia de la seguridad, del cuidado que los niños deben tener en la cocina, con la estufa, los cuchillos y los aparatos eléctricos.

MasterChef Junior es el mejor programa familiar que se ha hecho en este país en muchos años, el pretexto perfecto para volver a unir a la familia frente al televisor, el redescubrimiento de muchas cosas hermosas, de mensaje positivos, de valores. ¡Es sensacional!

Desde la perspectiva técnica, aquello estuvo tan bien planteado en términos audiovisuales, que usted y yo íbamos del suspenso a la carcajada, de la emotividad a la reflexión y del antojo a la sorpresa.

Magnífico trabajo en el estudio, en la cabina, en la mesa de edición. Magnífico.

Obviamente cuando menciono color y alegría es por esa gratísima dirección de arte que rompió con la tradicional pulcritud de las cocinas de MasterChef para regalarnos algo más vivo, más iluminado, con más y mejor música.

¿Por qué le comento lo del involucramiento de los jueces? Porque anoche pasó algo precioso.

Los chefs Betty, Benito y Adrián son la cosa más fantástica que pueda existir en términos mediáticos.

Cada uno tiene su personalidad y domina tanto el tema de los alimentos como el tema de la comunicación frente a las cámaras solo que ayer nos abrieron su alma.

Por primera vez los escuchamos hablar de sus hijos, de sus sobrinos. Fue mágico. Fue terminar de integrarlos a nuestras familias, ir más allá del personaje, llegar al ser humano.

Y funcionó tan bien que si usted compara las cosas que dijeron en 2015 en MasterChef con las que dijeron anoche en MasterChef Junior, nada que ver.

Fueron más cariñosos, más chistosos y, lo que más les tenemos que reconocer, sin perder su credibilidad, su talento y su estilo.

El ambiente que se creó en el capítulo uno de esta propuesta fue tan bonito que Anette Michel, la gran conductora de este proyecto, en más de una ocasión se rió y se puso a jugar con las sartenes.

Esto solo sucede cuando las cosas son de a de veras, cuando se hacen desde el cerebro, pero también desde el corazón, lo cual es insólito en la industria de la televisión mexicana.

¿Y el reparto? ¿No es un tanto exagerado utilizar el calificativo inmejorable?

No porque si usted observa con detenimiento va a encontrar una representatividad nunca antes lograda en un reality show nacional.

Tenemos niños y niñas, blancos y morenos, ricos y pobres, chicos de ciudad y chicos de campo. ¡Hasta indígenas!

Y volvemos a lo mismo, tratados con respeto. Y no son "estrellitas" de la tele. ¡Lo vimos! Son muchachos reales, que juegan futbol, a las muñecas, que van a la escuela, al parque.

¿Pero sabe qué es lo que más me llena de orgullo de este lanzamiento?

El impacto que va a tener en las nuevas generaciones que a partir de él comenzarán a soñar con cosas buenas como nuestra comida.

La manera como esta producción de Tv Azteca cambiará la vida de miles de niños que el día de mañana, cuando sean grandes, la recordarán con un amor. ¿No es maravilloso?

¡Felicidades! No me la pienso perder jamás.

alvaro.cueva@milenio.com