El pozo de los deseos reprimidos

Crítica a "La vecina"

Por supuesto que yo también vi el estreno de La vecina, la nueva telenovela de las 18:10 de El Canal de las Estrellas, y se me hace la cosa más insignificante del universo.

¿Por qué? Porque no da nota, no tiene nada de importante, de interesante.

Me queda claro que a sus responsables lo único que le interesó fue sacar la chamba, cumplir con los trámites burocráticos internos de Televisa y ya.

¿Adónde se fueron aquellos legendarios melodramas mexicanos que se querían comer el mundo?

¿Qué pasó con aquellas maravillosas telenovelas de antes, plagadas con actores de la más alta escala, grabadas en las mejores locaciones y que todo el tiempo nos estaban sorprendiendo con situaciones emocionantes y polémicas?

Pero espérese, cuando le hablo de insignificancia no solo me refiero a eso.

Este es un caso tristísimo, porque estamos hablando de un proyecto que ni es cómico, ni romántico ni nada y porque todo lo que nos van a contar ahí a lo largo de más de 100 capítulos, más un insufrible final dominical, se cuenta en tres palabras, se resuelve en menos de 60 minutos.

¿Qué caso tiene abonarse todos los días a la misma hora y en el mismo canal para ver algo que no da para tanto y que es desesperadamente lento?

¡Con razón los chavos prefieren estar en internet que mirar la televisión tradicional! Toda la historia de Lavecina se puede resumir en un videoblog de siete minutos.

Y digo lo de los chavos por algo particularmente delicado que está sucediendo con este concepto: está en horario juvenil. Su público natural es el de los niños, preadolescentes y adolescentes.

¿Usted cree que nuestros chicos se sientan medianamente realizados ante la perspectiva de este lanzamiento? ¡Por supuesto que no!

Los únicos que se van a chutar esta infamia van a ser o los espectadores muy viejitos, o los enfermos, o los que no tengan ninguna otra opción de entretenimiento.

La vecina es como una telenovela de 1973, un producto diseñado para audiencias cautivas, para personas que no le cambian de canal, y si no me cree, échele un ojo a La costeña y el cachaco, el melodrama original colombiano en el que está inspirado este título.

Sí, nosotros que nos las damos de ser los máximos creadores de telenovelas de todo el planeta, no fuimos capaces ni de crear algo como esto, que es pavorosamente elemental.

¿Qué es La vecina? Es como una película de Silvia Pinal de 1967, pero como censurada y sin toda aquella gracia y picardía.

Por un lado está una chica guapa, alegre y positiva, y por el otro, un tipo también bastante galán, pero serio y solemne que, por un accidente del destino, y a pesar de las diferencias sociales, termina viviendo en el departamento que está al lado del de ella.

Atención con lo de las diferencias sociales, porque el señor, además de todo lo que le acabo de decir, es más o menos rico y va a ser el jefe de la muchacha.

¿Necesito decirle lo demás? Hasta vergüenza me da porque es algo que ni nuestros comediantes hubieran puesto en propuestas como Una familia de diez o El albergue.

Lo que más me preocupa, insisto, es que jamás, ni en un instante del capítulo uno, ocurrió algo medianamente chistoso, emotivo o candente.

Es como si aquello se hubiera grabado con flojera, en la cúspide de lo barato y, perdón, pero si existe una televisora con recursos en este país es Televisa.

¿Qué le hubiera costado a estos señores invertirle un poquito más para que en lugar de ponernos las mismas escenas realizadas en foros acartonados que nos han estado poniendo desde los 70, La vecina tuviera la textura cinematográfica de las telenovelas brasileñas?

¿Qué le hubiera costado a estos señores diseñarnos un capítulo uno inolvidable, que tuviera a todo el mundo comentando favorablemente, que fuera la más concreta invitación a que usted y yo nos quedáramos con ese título hasta el fin como sucede con las producciones coreanas?

Tenemos un problema y no es de falta de talento, porque atrás de La vecina hay una productora, un cuerpo de escritores y un elenco con todo para cautivarnos y competir a escala mundial.

Pero digamos que no les dio la gana, que no les proporcionaron los recursos necesarios y que ante el conformismo de las multitudes en este país, tampoco fue demasiado necesario.

¡Qué pena lo que está sucediendo con las telenovelas mexicanas en general! Qué pena porque no deja de ser un escandaloso indicador de lo que estamos viviendo como país y como sociedad.

Si con algo tan aparentemente superficial como las telenovelas las casas productora nos tratan como quieren y los mexicanos no somos capaces de exigir, ¿qué podemos esperar que suceda con otras cuestiones? ¡Qué!

Por supuesto que yo también vi el estreno de La vecina, la nueva telenovela de las 18:10 de El Canal de las Estrellas. Se me hace la cosa más insignificante del universo. ¿A usted no?

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