El pozo de los deseos reprimidos

Crítica a "Los miserables"

Se lo voy a decir tal cual: estoy bastante harto de las narcotelenovelas.

No, no es porque me asusten, porque quiera tapar el sol con un dedo o porque suponga que el público es tan tonto como para pensar en dedicarse al crimen organizado después de sintonizar esta clase de producciones.

Estoy harto, porque ya he visto muchas, porque todas son iguales y porque, después de vivir en la violencia, lo que menos quiero para divertirme es eso; más violencia.

Imagínese, por favor: violencia en la vida, violencia en las redes sociales, violencia en los noticiarios y luego violencia en las telenovelas.

No, no y mil veces no. Las narcotelenovelas ya no me gustan, ya no las tolero, ya no las quiero ver.

¿Por qué le estoy contando esto? Porque el lunes pasado llegué muy emocionado al estreno de Los miserables, el nuevo melodrama nocturno del binomio Argos-Telemundo, que se está presentando en el canal GalaTV.

¿Y qué fue lo primero que vi? ¡Narco! No sabe usted la decepción que pude haber sentido al mirar eso.

Cualquier cantidad de ideas pasaron por mi mente, desde la desagradable imagen que México está proyectando a escala mundial con esta clase de emisiones hasta lo repetitivas que se han vuelto las producciones de Argos, pasando por la preocupante situación del mercado hispano de Estados Unidos.

Para no hacerle el cuento largo, como es mi obligación profesional chutarme todo eso y más, no tuve más remedio que quedarme frente a la pantalla y mirar.

Lo primero que me llamó la atención fue el asunto de Los miserables.

¿Realmente estamos ante una adaptación libre de la obra maestra de Víctor Hugo?

Si la respuesta es sí, ¿por qué? ¿Qué necesidad tiene el público telenovelero del siglo XXI de soplarse algo tan viejo?

¿Por qué, si la idea era rescatar algo tan maravilloso como el trabajo de Víctor Hugo, en lugar de apegarse al original y de construir un dignísimo melodrama de época, se tuvo que caer en esto?

Y si la respuesta es no, ¿para qué engañar a la gente echándole la culpa a Víctor Hugo de algo que de ninguna otra manera se hubiera autorizado? ¿Cuál es el juego?

Porque si a ésas vamos, tan refrito es Los miserables como Muchacha italiana viene a casarse y, a ver, ¿por qué los trolls de los programas de espectáculos y de las redes sociales solo atacan a Televisa y a Azteca cuando se trata de adaptaciones de historias viejas?

¿Por qué a Argos y a Telemundo les permiten inspirarse en esa clase de manifestaciones y a los consorcios de Emilio Azcárraga y de Ricardo Salinas, no?

¿Qué hubiera pasado si El Canal de las Estrellas o Trece hubieran estrenado Los miserables? ¿Los hubieran felicitado con el mismo entusiasmo?

El caso es que después de que me hice mil y un preguntas, mientras veía aquello, comencé a apreciar la magnitud de este proyecto.

Los miserables sí es una versión libre de Los miserables de Víctor Hugo.

Y está escrita con una maestría admirable por parte de Valentina Párraga, la responsable de otras adaptaciones de otras grandes obras literarias como Doña Bárbara, y por un enorme equipo de guionistas.

El detalle está en que, tal y como sucede con el libro original, no estamos hablando de un texto telenovelero, estamos hablando de un mosaico de personajes extenso, complejo y sin una ruta dramática convencional.

Lo del narcotráfico está ahí porque, tristemente, tenía que estar. Punto.

Así como Víctor Hugo hizo un retrato de su época, Valentina Párraga está haciendo otro, pero de la nuestra, y ni modo de ocultar algo que a todos nos está afectando tanto.

A mí lo que me preocupa es que este tipo de planteamientos chocan contra lo que la gente de las telenovelas espera ver y, peor tantito, provoca que quien se pierda uno o varios episodios deje de entender.

Los miserables hubiera sido una espléndida película, una magnífica miniserie o, en el peor de los casos, una gran serie, pero como telenovela me da miedo.

No estoy diciendo que sea un mal producto, que haya problemas con sus actores, que aquello no valga la pena o que la audiencia de la televisión abierta nacional no merezca lo mejor.

Estoy diciendo que hubiera sido mejor o acudir a otra clase de clásicos de la literatura universal o pensar más en los televidentes que en las inquietudes artísticas de tres o cuatro cabezas.

Luego voy a tratar de regresar a este concepto, porque nada más por el lado del reparto, da para mucho.

Hoy, por lo pronto, le suplico que le eche un ojo, cuando menos, para que me diga si tengo razón o no con las cuestiones de violencia y con la excesiva cantidad de historias y personajes que pasan por ahí, independientemente de que conozca la obra de Víctor Hugo.

Se lo voy a decir tal cual: estoy bastante harto de las narcotelenovelas y esto, se llame como se llame y venga de donde venga, es eso, una narcotelenovela. ¿A poco no?

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