El pozo de los deseos reprimidos

Crítica al estreno de 'El bienamado'

Estoy aterrado con El bienamado, la nueva telenovela de las 20:00 de Las Estrellas, porque Televisa tiró toda su carne al asador.

La producción es de primera. Todos, hasta el actor que interpreta al personaje más pequeño de la escena más insignificante, son magníficos.

Gran dirección de arte, gran fotografía, gran vestuario, grandes libretos, gran dirección de escena, gran posproducción.

¡Hasta los créditos de entrada son de una frescura preciosa!

¿Y qué me dice de las locaciones? ¡Bellísimas!

¿Entonces por qué le digo que estoy aterrado? Porque algo me dice que después de unos cuantos días aquello se va a hundir.

Le voy a explicar: El bienamado (O Bem Amado) se hizo en 1973.

Yo era muy pequeño y no me acuerdo pero, según mis fuentes, fue la primera telenovela brasileña que se transmitió en México y, por sus características, pasaba muy tarde por la noche.

¿Qué características? Pues que era un melodrama muy irreverente, picante. Por eso mismo se volvió de culto.

¿Y? ¿Cuál es el problema si ahora vivimos en la cúspide de la irreverencia y Televisa se la pasan haciendo refritos de historias todavía más viejas?

Que O Bem Amado no era televisión ni global, ni de competencia ni reproducible en el contexto mexicano.

Funcionó a principios de los años 70 porque era extranjera y porque representaba los valores del país que la produjo, porque era una curiosidad.

Esa historia tan maravillosa fue diseñada para divertir a un Brasil que vivía bajo un férreo régimen militar.

Y digo que era maravillosa porque, analizada desde la perspectiva local, estaba llena de sutilezas políticas que la convertían en una gloriosa válvula de escape.

A esto me refiero cuando le digo que no es global. Televisa, en lugar de llenarla de guiños hacia nuestras autoridades, o no la supo o no la quiso entender.

El resultado no le llega a nadie. Punto. Es como una fantasía abstracta.

Por si esto no fuera suficiente, O Bem Amado fue un proyecto hecho en una época y en un contexto de audiencias cautivas.

Su público original no tenía otra cosa qué hacer que no fuera ver la televisión, esa televisión. Cero opciones de peso. Jamás le iba a cambiar de canal. En consecuencia, al autor de esta joya lo que menos le interesaba era contar una historia. Podía contar 14 mil historias de 36 mil personajes diferentes hasta que le cortaran el presupuesto.

Por eso las grandes telenovelas brasileñas de antes son como son: están planteadas en núcleos, cada uno con sus tramas y sus personajes.

Cualquier cosa es más importante es la pareja protagónica. Cualquier cosa.

Este esquema, por supuesto, no aplica en el siglo XXI.

¿Ahora entiende cuando lo digo que El bienamado no es televisión de competencia?

¡Qué tan obsoleto no estará ese modelo que nuestros queridos hermanos brasileños lo tiraron a la basura y ahora están creando propuestas tan sensacionales como Avenida Brasil y Verdades secretas!

¡Pues cree! A pesar de esto, Televisa fue y les compró El bienamado.

Es como si Corea nos comprara Nosotros los pobres y lo quisiera hacer en K-Drama. ¡Pues no! ¡Nada que ver con ellos! ¡Nada que ver con el presente!

¿Por qué sucedió esto? ¿Por qué los señores de Las Estrellas creyeron que a los mexicanos de 2017 nos iba a gustar O Bem Amado? ¿Porque estamos tan mal como el Brasil de 1973?

No, pero espérese, viene lo peor: ¿qué le trato de decir cuando le digo que esto no se puede reproducir en el contexto mexicano?

Que nuestra cultura es otra, que nuestro sentido del humor es completamente diferente.

En nuestras comunidades tenemos otra clase de personajes, nuestros estereotipos son distintos, no harían lo que hacen los brasileños.

Tan sencillo como esto: ¿Cuál es el punto de partida de esta historia?

Que como en un pueblo no hay cementerio, a un candidato a presidente municipal se le ocurre hacer campaña prometiendo la construcción de un panteón.

No me quiero ni imaginar las carcajadas irónicas que una situación así pudiera despertar en la mente de un brasileño, pero esto es México.

¿Qué parte de México, Día de Muertos o ya, de plano, James Bond, quieren los señores de Televisa que les explique?

¡Somos el país más famoso de todo el mundo por nuestra relación con la muerte!

¡En qué “bendito” pueblo mexicano pudiera aplicar una promesa de campaña como la que le da sentido a O Bem Amado!

¡Esto tiene hasta lecturas ofensivas! ¡Ahora resulta que ni para el Día de Muertos servimos!

La culpa, insisto, no es de la gente que está haciendo el excelente trabajo que todos podemos ver noche a noche en Las Estrellas.

Ellos están dando el 100. Los felicito. ¿Pero por qué recurrir a esto? Estoy aterrado.

Ojalá que me equivoque, pero algo me dice que después de unos cuantos días, cuando pase la novedad y el público descubra que no hay historia, aquello se va a hundir. ¿O usted qué opina?