El pozo de los deseos reprimidos

Crítica a "Las Bravo"

Espantoso, así es Las Bravo, el nuevo melodrama seriado sobre mujeres y strippers que desde hace varias semanas se transmite a las 20:00 por el Canal 13.

No puedo creer que la única televisora que puede competir contra Televisa en este país solo esté produciendo una telenovela y que esa emisión sea tan monstruosa que ni siquiera valga la pena voltear a verla.

Y es que aquí, a diferencia de lo que le podemos criticar a otros títulos, no tenemos un problema de programación, de producción, dirección, redacción, actuación o edición. Todo está mal. ¡Todo!

Ver un capítulo completo es un reto para cualquier ser humano, porque se necesita estar verdaderamente deprimido para soportar tanta incongruencia, tanta inconsistencia y tanto error.

Desde los tiempos de Top Models (2005) que no veía algo tan malo en la televisora del Ajusco.

Malo, porque esa historia no tiene nada que ver con el esquema mexicano.

¿O qué, aquí tenemos problemas económicos y nos da por resolverlos quitándonos la ropa? ¿En este país los hombres sueñan con ser strippers? ¿Ese es nuestro modelo aspiracional?

Malo, porque, a pesar de esto, que es imperdonable, no se supo adaptar.

¿Cómo es posible que un equipo de escritores tenga la encomienda de mexicanizar esto y que no se aprovechen los conflictos sociales del momento?

Así no son los giros negros, así no es la vida de sus dueños, así no son los hombres que se quitan la ropa en los antros, así no es la supuesta prostitución masculina.

¡Caray, cuando ha visto usted en México que los narcotraficantes escondan cocaína en ositos de peluche! ¡Bueno, ni los sacerdotes son como los que salen en Las Bravo!

A nivel libretos, aquello no tiene estructura, lógica, ritmo, definición de personajes, noción del diálogo, supervisión literaria. ¡Ni siquiera tiene sentido!

Es como si esta obra la hubieran escrito 45 guionistas diferentes que se odian y que jamás se han juntado para coordinarse.

Una escena cuenta una historia. La que sigue, otra completamente diferente. Luego viene una tercera que va por otro lado.

La que aparece después está peor, porque los personajes de la primera hora están preocupados por otras cosas y hablan distinto.

Y entonces aquello se pone profundo, pero no, porque es chusco, pero espérate, porque vamos a depilar a un actor, pero no, porque tenemos un mensaje lleno de valores, acordémonos que es telenovela y que tiene que haber amor.

Entonces ahora que se besen. No, que bailen encuerados. ¡Lo que sea!

Como producto, Las Bravo es infame. Hay unas escenas como de videohome chafa de 1987 coexistiendo con otras hechas como con las sobras de la escenografía de El Chavo del Ocho y con otras más, peor de baratas que las de Lo que callamos las mujeres.

No se siente el estilo ni de una empresa ni de un productor; no se siente la búsqueda de un nivel de calidad, las ganas de crear un espectáculo y a mí esto me parece un escándalo.

¿Por qué? Porque uno voltea a ver lo que se está haciendo en otras partes de América Latina como AvenidaBrasil y La ronca de oro y siente la diferencia.

Se supone que nosotros los mexicanos somos los líderes mundiales del melodrama. Bueno, aquí, con Las Bravo, descendimos en la escala evolutiva.

Este proyecto se ve feo, se ve barato, gris y no es por falta de reparto, porque ahí tenemos a algunas de las más importantes figuras internacionales de la industria como Edith González, Saúl Lisazo y Mauricio Islas.

Es porque no hay un Juan Osorio, una Angelli Nesma, una Rosy Ocampo, un Epigmenio Ibarra, alguien que truene los dedos, imponga su sello, sea obedecido y genere resultados.

Yo veo Las Bravo y sufro, pero por su gente. Cada quien está haciendo su mejor esfuerzo, solo que se les nota el abandono en la cara.

Edith González está haciendo una telenovela que no tiene nada que ver con la que está haciendo Lambda García, que no se parece a la que está grabando Saúl Lisazo, que no embona con la que está grabando Héctor Arredondo y que es muy distinta a la que está interpretando Mauricio Islas.

Una está instalada en luchadora social. Otro, en telenovela para echar relajo. El de acá, en crítico de la doble moral mexicana. La de allá, en romance de tiempo completo. Los de este lado, en producto para chavitos. Los de aquel otro, en ficción calenturienta.

Como que cada quien está actuando su propia telenovela, como que a cada quien se la vendieron diferente.

El caso es que el resultado no tiene unidad y uno se da cuenta hasta cuando mira los ene mil programas especiales que se han estado transmitiendo para promover esto.

Espantoso, así es Las Bravo, el nuevo melodrama seriado sobre mujeres y strippers que desde hace varias semanas se transmite a las 20:00 por Canal 13.

Los responsables de este concepto van a tener que trabajar mucho para levantarlo. ¿O usted qué opina?

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