El pozo de los deseos reprimidos

Crisis en Cadenatres

Yo tenía la intención de escribirle hoy una gran columna dedicada a Cadenatres.

¿Por qué? Porque así como en las últimas dos semanas le dediqué la misma cantidad de espacio a cada uno de los partidos políticos de nuestra nación, esta semana quería volver a ser equitativo.

¿Qué significa esto? Que le quería dedicar una columna a Televisa, otra a Azteca y así hasta completar el ramillete de señales que conforman el espectro de la televisión nacional.

Pero es imposible porque Cadenatres no se hunde nada más porque no está en el océano. No da nota. No tiene algo que periodísticamente sea importante, interesante, digno de usted y de mí.

Y esto es peor a que si le hiciera una crítica negativa a esta frecuencia porque significa que el canal no existe, que no juega, que no participa.

Estoy preocupado porque, en teoría, estos señores están más que puestos para que el gobierno les dé la concesión de una cadena abierta nacional.

¿Para eso la quieren? ¿Para no hacer nada? ¿Para no mover a nadie? ¿Solamente para ocupar un lugar en el espacio?

Pero mi angustia crece cuando me acuerdo que esa estación, que se puede ver en todo el país por diferentes sistemas de televisión de paga, tuvo cosas buenas, diferentes.

Ahí Pedro Ferriz de Con era poco menos que competencia para Joaquín López-Dóriga y para Javier Alatorre, para los grandes espacios periodísticos nacionales.

Ahí se produjeron magníficas telenovelas que se atrevieron a decir cosas que nadie más decía como LasAparicio, El sexo débil, Infames y Fortuna.

Ahí tuvimos el germen de una señal poderosa, importante. ¿A dónde se fue?

Los nuevos noticiarios de Cadenatres están colocados estratégicamente para no molestar ni a los servicios periodísticos de Televisa ni a los de Azteca.

O comienzan tarde, o comienzan antes, y su selección de notas no es ni la mitad de fuerte a como era hace algunos años.

¿Y qué me dice de la parte de las telenovelas? Si usted pensaba que Las Bravo era una mugre, era porque no había visto Amor sin reserva.

Al lado de esa porquería, Hasta el fin del mundo te amaré es Game of Thrones.

¡Qué fue lo que pasó! ¿En qué momento se perdió la brújula? ¿Esto es a propósito o qué?

Cadenatres era “La televisión más abierta que nunca”. Yo la monitoreo y cuando lo hago, la encuentro tan cerrada o más que los peores canales religiosos que existen en México.

Ojo, no estoy diciendo que la gente que trabaja ahí sea mala.

Desde el área de noticias hasta la de programas de revista pasando por espectáculos, deportes y lo que usted quiera, guste y mande, este canal de Grupo Imagen Multimedia tiene a inmensos talentos para explotar.

Pero no lo hace, los tiene como escondidos, castigados, desperdiciados.

¡Duele! Porque muchos de esos hombres y mujeres están en el mejor momento de su vida ¿y de qué les sirve si no lo están aprovechando?

¿Qué tan mal estarán las cosas en Cadenatres que su programación tiene broncas hasta en la parte de los enlatados?

A usted le consta. ¿Cuál es la telenovela importada que se está transmitiendo en esta frecuencia? Tres Caínes de Colombia.

Tres Caínes no solo es un asquerosa narconovela más para la colección, es un proyecto dramatizado escandalosamente local que ni por error le puede interesar al gran público mexicano.

Por si esto no fuera suficiente como para horrorizarse, a mí me tocó estar en Bogotá cuando este título se comenzó a transmitir y hasta los mismos colombianos se quejaban.

La razón es muy simple y vergonzosa, Tres Caínes era una narcotelenovela sobre un asunto de crimen organizado que en ese momento todavía no se acababa de resolver en términos legales.

¿Qué quiere decir esto? Que la televisión se le estaba adelantando a la realidad con el riesgo de hacerle creer al público cosas que no eran ciertas.

Con el peligro de influir en la parte de las percepciones de las audiencias, en las decisiones de la autoridad y hasta de modificar el desenlace de algo que todavía no acababa de cicatrizar.

¿Ésta es la clase de televisión que necesitamos en México? ¿Ésta es la clase de televisión que queremos hacer? ¡Entonces por qué la compramos! ¡Por qué la difundimos!

No, ¿y qué me dice del infomercial religioso que está antes del noticiario de la mañana?

Si eso no se puede considerar como fanatismo y promoción de la ignorancia, ¿entonces cómo? ¡Cómo!

Y aquí me detengo porque si no, no voy a dejar nada de esta estación.

¡Vamos, señores! ¡Reaccionen! Vuelvan a ser lo que eran antes y, sobre eso, conviértanse en algo todavía mejor. ¡Tienen los recursos! ¡Tienen la gente!

Aunque en nuestra industria hay de todo, México necesita más y mejor televisión. Televisa y Azteca necesitan opciones que las obliguen a superarse.

Ustedes pueden ser una de esas opciones. ¡Háganlo! ¡Recapaciten! ¡Oblíguennos a voltear a verlos! ¿O usted qué opina?  

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