El pozo de los deseos reprimidos

Como "El Chapo"

Muchas personas me han estado buscando para que les dé mi opinión sobre la segunda fuga de Joaquín Guzmán Loera.

Esta vez no voy a escribir una columna como No era El Chapo, porque me queda claro que hay gente que o no sabe leer, o no lee los textos completos o solo lee lo que quiere.

En esta ocasión voy a hacer otra cosa. ¿Qué? Un homenaje a El señor de los cielos, la famosa telenovela de Telemundo (Estados Unidos) y Caracol (Colombia) realizada por la casa productora Argos (México).

¿Por qué? Porque estoy convencido de que la respuesta a este escándalo está en la televisión.

¿Qué es El señor de los cielos? Una fantasía dramática construida alrededor de una figura que, en teoría, representa a un famoso narcotraficante de la vida real, pero que en realidad es algo más.

¿Qué? Una amalgama de personajes reales, ficticios, de información real, chismes, verdades y mentiras.

El resultado es un concepto bastante entretenido donde vemos, entre otras cosas, la historia de un hombre como hay muchos en México y en todos los rincones del mundo, que por diferentes circunstancias se termina convirtiendo en un delincuente de altos vuelos.

¿Pero qué cree? No por ser delincuente es un hombre malo. Es un hombre complejo, con defectos, con virtudes, una persona que goza, pero también que sufre.

Y como el sistema en el que está metido también está lleno de incongruencias, contradicciones y de cosas peores, el resultado es una suerte de Robin Hood latino.

Verlo es como volver a ver Chucho el roto (1968) o como volver a escuchar El ojo de vidrio (1970), pero con las ventajas técnicas y editoriales del siglo XXI más la estratégica distancia geográfica y legal de Estados Unidos y Colombia.

Sí es importante que entendamos esto, porque como El señor de los cielos navega con bandera de narconovela es muy fácil etiquetarla desde la perspectiva moral y rechazarla nada más porque sí.

La triste realidad de las cosas que es la moralidad, tanto en México como en el resto del mundo, ya no es lo que era antes y que la televisión, como el gran espejo social que es, no se ha podido mantener al margen de esto.

¿Por qué cree usted que se han puesto tan de moda títulos como   Breaking Bad, House of Cards, TrueDetective, Power, Empire y The Royals que juegan con estos nuevos valores?

Porque negarse a reflejarlos sería mentir, sería producir puros proyectos anacrónicos como Lo imperdonable, Amor de barrio, Que te perdone Dios, La vecina, Amores con trampa, Así en el barrio como en el cielo y Caminos de Guanajuato.

¿Sabía usted que El señor de los cielos es uno de los cañonazos más grandes de Netflix en México?

Hay tanta gente o más mirando esta coproducción entre Telemundo, Television Studios, Caracol Internacional y Argos Comunicación que Orange is the New Black, Sense8 y muchas de las series más exitosas de esa importante compañía de distribución de contenidos en línea.

¿Por qué? Porque el público encuentra en esta clase de emisiones, y en esta telenovela en particular, las respuestas a decenas de inquietudes que no está encontrando en otros lugares, incluyendo las redes sociales y los noticiarios.

Ojo, no importa que sea información de verdad, mucho menos que se vuelva repetitiva o que se desgaste con el paso de las temporadas.

Lo que importa es que embone con las inquietudes de un mercado bastante amplio y poderoso que, en lugar de juzgar a los delincuentes, juzga a las autoridades.

¿Con quién se identifican más los espectadores de México y, en general, de toda Latinoamérica?

¿Con los criminales que retan al sistema o con un sistema que día a día los tortura desde diferentes ángulos? Piénselo.

Sí, yo sé que los delincuentes son malos porque matan, roban, secuestran y hacen negocios con cuestiones ilegales.

¿Pero quién es el bueno aquí? ¿El gobierno? ¿Los políticos? ¿La autoridad?

Perdón, pero yo me la paso encontrando, por todos lados, infinitas manifestaciones de odio hacia estos tres últimos elementos.

Desde marchas hasta memes pasando por insultos, plantones, caricaturas, agresiones directas y críticas feroces.

Y si el principio es: el enemigo de mi enemigo es mi amigo, ¿a quién vamos a admirar? ¿Con quién nos vamos a enojar?

¿Qué es lo que más llama la atención de las cosas que se han estado comentando en la calle y en las redes sociales de la segunda fuga de El Chapo Guzmán? ¿Qué?

¿A quién está atacando la gente? ¿A quién está cuestionando? ¿Quién es el héroe de esta historia? ¿Quién es el villano?

No cabe duda, El señor de los cielos es una de las más importantes aportaciones de Latinoamérica a la televisión internacional de los últimos años, un éxito indiscutible, un texto que vale la pena estudiar.

Por favor, luche por verla. Ahí va a encontrar muchas respuestas. Le va a gustar.

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