El pozo de los deseos reprimidos

Catalina Creel para presidente

Acaba de comenzar la retransmisión de Cuna de lobos por el canal TL (Telenovelas) y yo soy el televidente más feliz del planeta.

Esta obra maestra del dramaturgo chiapaneco Carlos Olmos, producida por Carlos Téllez, es uno de mis melodramas seriados favoritos, una de las telenovelas que más amo, un punto y aparte en mi vida y en mi carrera.

Sobre Cuna de lobos se pueden escribir cualquier cantidad de artículos, de libros, tesis. Es algo muy importante que Televisa la esté retransmitiendo.

¿Por qué? Porque para sus ejecutivos hubiera sido muy fácil faltarle al respeto y volver a hacerla, en otro tono, con otros actores, tal vez, incluso, en comedia.

Pero no, aquí ha habido un respeto absoluto a la obra original, a ese reparto maravilloso de primeras figuras del cine y el teatro, a los magníficos libretos del inmenso Carlos Olmos y a la música inolvidable del fabuloso Pedro Plascencia Salinas.

Y mire que, objetivamente, Cuna de lobos se ve vieja, barata y superadísima por el tiempo, el espacio y la tecnología.

Pero ahí sigue, conmocionando a las multitudes, enloqueciendo a las nuevas generaciones, acompañando a los mexicanos.

A lo mejor, como dice mi querido amigo Felipe Ehrenberg, es porque el mundo sigue siendo una cuna de lobos.

A lo mejor es porque este título, desde lo más profundo de nuestro pasado telenovelero, nos quiere decir algo.

Yo lo que creo es que los periodistas tenemos la obligación profesional de explicarle a las nuevas generaciones qué hay detrás de este concepto, para que lo entiendan, lo aprecien, lo gocen y aprendan.

En 1986 México estaba sumergido en una crisis económica, política y social particularmente espantosa.

Cualquier cosa que a usted le moleste de la actualidad, es nada en comparación con lo que padecíamos en aquel país. ¡Se lo juro!

Por lo mismo, y por un montón de cosas más, en aquel entonces no existía una industria cinematográfica como la que tenemos ahora.

No se hacían series, ningún talento tenía la posibilidad de emigrar y casi ningún otro país de América Latina estaba en condiciones de producir telenovelas.

¿Resultado? Nuestras telenovelas se convirtieron en el gran espectáculo nacional e internacional.

Las más grandes estrellas del espectáculo de habla hispana mataban por hacer telenovelas, el público no hablaba de otra cosa y no existía plataforma más novedosa para entretener a las multitudes que aquellas historias delirantes que lo mismo se podían dar el lujo de grabar en Japón que abordar temas como la violación, la Revolución mexicana y la reencarnación.

Era otro mundo, otro México, otra televisión y otra manera de ver y entender las telenovelas.

A pesar del Mundial de futbol, las cosas estaban tan, pero tan mal en aquellos tiempos que a falta de dólares, el legendario Canal 5 de Televisa, el que se dedicaba a importar series de Estados Unidos, importaba telenovelas de Venezuela.

Por eso nadie vio los primeros capítulos de Cuna de lobos en El Canal de las Estrellas. En aquel momento, todo México estaba sintonizando los últimos episodios de Topacio, por Canal 5.

Esto, en lugar de perjudicar a esta pieza, la rodeó de un halo de misterio.

¿En verdad Televisa estaba produciendo una telenovela policiaca?

¿Sí era cierto que lo estaba haciendo con ese reparto tan raro de gente que no era la que normalmente se veía en la televisión?

¿A poco el personaje central era una tuerta cuyos parches estaban hechos con la misma tela con la que estaban confeccionados sus vestidos?

¿En serio esa señal estaba transmitiendo una historia tan violenta?

¿Era posible que aquello, que estaba contado a base de escenas tan cortas y de falsos suspensos, se entendiera?

El resultado fue un éxito sin precedentes. El país entero se paralizaba a la hora de Cuna de lobos.

El rostro de María Rubio, la actriz que le daba vida a Catalina Creel, la villana protagónica de este proyecto, era el más temido pero, al mismo tiempo, el más amado.

Bueno, ¿me lo creería si le dijera que, ante la proximidad de las elecciones, en los últimos capítulos de esta maravilla, comenzaron a aparecer bardas pintadas que decían: “Catalina Creel para presidente”?

Hoy sería imposible que Televisa o que cualquier otra televisora propusiera una telenovela cuya villana pudiera competir contra los políticos.

Hoy, por una larga lista de dolorosas razones, sería imposible repetir el fenómeno mediático, social y cultural de Cuna de lobos.

¡Qué bueno que Televisa no la ha adaptado! ¡Qué bueno que el canal TL la está repitiendo!

Si usted en verdad ama esto, luche con todas sus fuerzas por ver o por volver a ver Cuna de lobos.

Le va a encantar pero, sobre todo, lo va a poner a pensar en más cosas de las que se imagina.

A veces, la televisión también es eterna. A veces, también nos regala bendiciones como Cuna de lobos. ¿A poco no? 

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