El pozo de los deseos reprimidos

Cancelación insólita

Yo pensaba que era una broma, el típico truco publicitario de toda la vida; pero no, era en serio.

¿Qué? La cancelación de La CQ, uno de los más maravillosos programas de televisión de los últimos años.

¿¡A quién se le pudo haber ocurrido semejante equivocación!? ¿¡Cómo es posible que estas cosas sucedan!?

La CQ no solo era un éxito de audiencia y un cañonazo a nivel ventas no, era la única propuesta preadolescente y adolescente que se estaba generando en toda la industria de la televisión mexicana.

Y, peor tantito, ojo con lo que voy a decir: era la más poderosa herramienta de influencia política y social que la televisión mexicana le podía ofrecer a sus anunciantes.

¿Sabe usted lo que significa perder un título que hubiera sido capaz de marcar tendencias electorales en 2018?

¿Sabe usted el error que cometieron estos señores al tirar a la basura algo que durante tantos años se construyó con tanto esfuerzo y dedicación?

Pero vámonos por partes, para que entienda lo que le quiero decir.

Yo no sé si usted sea un chavito o un anciano, pero le voy a tratar de hacer un comparativo para que mida la magnitud de lo que acabamos de perder.

Quienes tuvimos el privilegio de ser muchachos de primaria, secundaria y preparatoria a principios de los años 80 fuimos marcados por una emisión fabulosa: Cachún cachún ra-ra.

Hasta hoy recordamos con amor a sus personajes, sus canciones y sus situaciones.

¿Y de qué trataba? De aventuras escolares en tono de comedia. Así de simple. Así de complejo.

A lo mejor Cachún cachún ra-ra no era como las películas de El padrino, pero a los chicos de mi generación se nos hacía chistosa, entrañable y por ahí desfilaron los mejores talentos juveniles del momento.

Algunos de ellos, que a penas y aparecieron muy de vez en cuando, como Adela Noriega, Eugenio Derbez y Nailea Norvind, hoy son figurones.

El caso es que no nos la perdíamos por nada del mundo y Televisa fue tan generosa que la dejó al aire durante muchos, muchísimos años hasta que, de plano, sus actores estaban demasiado viejos y aquello no daba para más.

Bueno, La CQ era para los chavos de hoy lo que Cachún cachún ra-ra para los hombres y las mujeres de mi generación, un referente, una válvula de escape, un muy buen momento de televisión sobre odiseas escolares.

¡Y Televisa la canceló! ¡La canceló cuando todavía le faltaba mucho para dar! ¡La canceló cuando llenaba teatros y vendía cualquier cantidad de productos!

De mí se acordará, pero muchos de los chicos que salían por ahí van a ser las megaestrellas del espectáculo de mañana. Algunos, incluso, en lugares tan exigentes como Hollywood y Broadway.

¿Qué pasó? Y ni modo de decir que la producción de esa ficción era carísima porque, a ojo de buen cubero, era barata entre las producciones baratas.

Me duele pensar que mis compañeros periodistas de espectáculos, por pertenecer a otras generaciones, ni se inmutaron ante este dato.

Me afecta mucho suponer que no pusieron el grito en el cielo, a tiempo y con el rigor con el que escandalizan a las multitudes por verdaderas tonterías, por un asunto de intereses o de ignorancia.

Ni usted, ni México ni el público de La CQ se merecía eso. Ya no hay nada en su lugar. Nada.

¡Para que luego se pregunten que por qué los jóvenes se esconden en la piratería y las redes sociales!

¡Para que luego se sorprendan de que las nuevas generaciones tengan una actitud tan negativa hacia nuestros canales de televisión!

Sí, yo sé que a lo mejor del humor de esta producción de la familia Ortiz de Pinedo manejaba un sentido del humor muy sencillo, casi, casi, como el de Chespirito.

Pero se vale. No todo en la vida tiene que ser Louie, Episodes o Curb Your Enthusiasm.

Si no comenzamos haciendo y apoyando un estilo de comedia así, ¿cómo aspiramos a llegar a niveles superiores?

¿Cómo soñamos con competir algún día en las grandes ligas de la televisión humorística mundial? 

Y no, a mí no interesa si se va a hacer la película, el amarre con algún otro programa o algún otro show teatral.

Quiero a La CQ, a mi CQ, de vuelta, porque nuestros jóvenes hoy, más que nunca, tienen el derecho y la necesidad de divertirse.

Porque me parece ofensivo que nuestras autoridades presuman de que en México somos los campeones de la producción de contenidos en español y que no sea cierto, que al contrario, que estemos reduciendo la cantidad y calidad de nuestras propuestas, que nos estemos quedando en la nada.

¡Qué coraje! Y yo que tenía tantas ilusiones alrededor de este concepto.

Y yo que pensaba que iba a ser punta de lanza para que aparecieran otra clase de emisiones.

¿A usted no le molesta esta historia? ¿No preferiría un poco de la chispa de La CQ a seguir padeciendo a personalidades como Laura Bozzo?

¿Entonces? ¿Por qué no protesta? ¿Por qué no dice nada?

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