El pozo de los deseos reprimidos

"Bailando por un sueño"

No puedo creer lo espantoso que estuvo el estreno de la nueva temporada de Bailando por un sueño.

Hasta parece que cambiaron de productores o que a sus responsables les bajaron el presupuesto.

¿Y por qué no lo puedo creer? Seguramente usted estará pensando: era predecible. ¿A poco podías esperar otra cosa de un reality dominical de Televisa?

Pues con la pena pero yo sí estaba esperando un programa de calidad. Hay una generación de mexicanos para la que Bailando por un sueño es un clásico tan grande o más que Mala noche… ¡No!

Y esa generación, que curiosamente es la de los chavitos que están participando, merece respeto, merece calidad y no se vale ir componiendo sobre la marcha, como hemos visto en infinidad de monstruosidades dominicales.

Hay que hacer las cosas bien desde un principio y hay que respetar los formatos.

Lo que usted y yo vimos la noche del domingo pasado después de la repetición de María de Todos los Ángeles por El Canal de las Estrellas no fue Bailando por un sueño, fue un insulto.

Bailando por un sueño era un programa de gala conducido por Adal Ramones y Liza Echeverría donde había grandes luminarias dejando el alma en el escenario, donde había unos jueces de terror y donde, además de ver enormes producciones dancísticas, se atendían causas sociales muy específicas.

Lo que Televisa estrenó el domingo era como show vespertino de entre semana conducido por Adrián Uribe y Livia Brito donde los bailes corrieron a cargo de unas figuras públicas o muy urgidas o muy desconocidas o muy insignificantes.

A los jueces no los vimos hasta el final de ese capítulo de estreno, las producciones dancísticas eran como de fiesta de 15 años de pueblo en la miseria y todo el tema de las causas sociales se fue al diablo.

¿Por qué? Porque en ese episodio de lanzamiento el acento no estuvo puesto ni en la gente, ni en las estrellas ni en el baile, sino en algo rarísimo: que las luminarias o los “soñadores” eligieran a su pareja.

¿Y? ¿Qué tiene esto de malo? Todo, porque obliga a los participantes a dejar sin ilusiones a muchas personas, porque los convierte en villanos, porque aniquila el supuesto espíritu positivo que es el que define este concepto y porque lo muestra como algo malo, como algo sucio.

A mí no me importa si las bailarinas lucían finas o vulgares, o si los hombres estaban demasiado jóvenes o viejos para hacer lo que hicieron.

Me importan los mensajes y desde la perspectiva editorial el regreso de este título representa una equivocación mayúscula.

¿Qué le hubiera costado a Televisa volver a hacer lo mismo que convirtió a Bailando por un sueño en un cañonazo? ¿Qué le hubiera constado respetar al público, a los anunciantes y a los soñadores?

E, igual, ¿qué le hubiera costado volver a contratar a Adal Ramones y a Liza Echeverría?

Se supone que Televisa es poderosa, la televisora más poderosa de México. ¿Entonces? ¿A dónde se fue todo ese poder?

Si el concepto hubiera sido bueno y las condiciones, competitivas, Adal y Liza hubieran dejado cualquier compromiso profesional o personal, o hubieran visto la manera de combinarlo con esto.

Y no lo hicieron, no les interesó. Entonces Televisa no es tan poderosa como creemos. Y es que Bailando porun sueño no es un formato de conductores intercambiables.

¿No hubiera sido más fácil evitarse esta vergüenza e inventar algo más o menos parecido, pero con variaciones, otro nombre y con Adrián Uribe y Livia Brito?

Es como si alguien quisiera volver a hacer Siempre en domingo. Sin Raúl Velasco no se puede. Punto.

¿Quieren hacer Bailando por un sueño y no tienen a los conductores? ¡Perfecto! Hagan otra cosa, inventen otra marca.

No son refritos de telenovela, son formatos muy concretos, formatos donde el presentador es fundamental.

Es aquí donde Adrián y Livia llevan todas las de perder. Ojo, no estoy diciendo que sean malos. Estoy diciendo que esto no es para ellos.

Adrián no es Adal Ramones, no es Alan Tacher, no es Héctor Sandarti. No está posicionado como conductor. El que está posicionado como conductor es su personaje de El Vítor.

Es como cuando Víctor Trujillo condujo Big Brother. O es Brozo, o es La Beba Galván o no es nadie. Adrián, como Adrián, no tiene el poder de sus personajes, no tiene esa magia. Lo siento.

Y luego la pobre Livia carece de la más mínima agilidad mental. No es conductora. Se la pasó diciendo puras tonterías. ¡Como para regresarla a la primaria! ¿A quién se le ocurre soltarle el micrófono a alguien así?

¿Pues qué en Televisa ya no tienen talentos? ¿A poco ya se quedaron sin conductores para esta clase de programas?

Eso es grave porque, insisto, Televisa es poder y Bailando por un sueño, su plataforma estelar de los domingos.

¿Ahora entiende cuando le digo que esto fue espantoso? ¿O a usted le encantó? ¿O usted qué opina?

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