El pozo de los deseos reprimidos

"Avenida Brasil"

Juro que lo que le voy a decir es verdad: ¿sabía usted que en este país, si alguien escribe una telenovela y se la presenta a nuestras grandes televisoras y los protagonistas no se conocen y se miran a los ojos adivinando su amor en el capítulo uno, no se la autorizan?

¿Por qué? Porque nuestros queridos empresarios tienen a los analistas literarios más mediocres del planeta y porque ante sus ojos los televidentes mexicanos somos poco menos que tarados.

Por eso me da mucho gusto que hoy se vaya a estrenar Avenida Brasil, en Azteca 13, y que les dé en la torre, que les demuestre que usted y yo sí valemos la pena y que saque a flote su universo de ignorancia, burocracia y corrupción.

Ojalá que nuestros escritores tuvieran los pantalones para unirse y denunciarlos, pero como para lo único que son buenos es para creerse la gran cosa y para grillar en lo oscurito, cuando menos que sea la pantalla la que hable y ponga en su lugar a esos elementos y a esos departamentos de quinta.

Avenida Brasil es una obra maestra, una de las telenovelas más maravillosas no solo de los últimos años, sino de todos los tiempos y a mí me llaman la atención los comentarios de muchos de mis compañeros periodistas que en lugar de celebrar su lanzamiento están despedazando a Azteca por ponerla de lunes a viernes a las 21:30.

Bueno, ¿pues qué es lo que quieren? ¿Que les vuelvan a hacer una porquería como La mujer de Judas? ¿Que en lugar de respetar la lata, la compren, la adapten y les salga una marranada como Entre el amor y el deseo?

¿Que Azteca produzca originales sin noción de marca como Siempre tuya, Acapulco? ¿De qué lado están, del de la calidad o del de la mierda?

¡Por el amor de Dios, abran los ojos! La llegada de Avenida Brasil, así, como se hizo, en ese horario, es un regalo de la vida.

Entréguense a él, disfrútenlo y ni por error se les vaya a ocurrir jugar a publicar ratings, porque aunque tuviera 100, el universo de Azteca no es el mismo de Televisa.

Ya dejen de engañar al público y mejor pónganse a disfrutar de su trabajo.

Yo estoy muy contento con este estreno, porque amo la televisión, adoro las telenovelas y admiro las producciones brasileñas.

Para mí Avenida Brasil es un oasis en este mar de refritos y baratijas, el retorno a aquel legendario y primer Canal 13 que se hizo famoso precisamente por traernos joyas brasileñas como Tieta, Roque Santeiro y Pantanal.

En aquel entonces, lo que pedíamos era que esa televisora, en lugar de pasar esas emisiones casi a la medianoche, nos las pusiera en su horario más importante.

¡Bueno, ya se nos hizo! ¡Se tardaron más de 20 años pero ya lo conseguimos! ¡Gracias! ¡Aprovechémoslo!

Si Avenida Brasil triunfa, a lo mejor ese espacio se queda para la difusión de las mejores joyas de Tv Globo y de ahí podríamos pasar a los K-Dramas (las exquisitas telenovelas de Corea) o a los elegantísimos melodramas rusos.

¿Se imagina? Por fin los televidentes mexicanos podríamos tener acceso gratuito, libre y total a las mejores ficciones del mundo con todo lo que esto representa a nivel apertura mental y desarrollo social.

¿Ahora entiende la importancia de esto? ¿Ahora le queda claro por qué no podemos permitir que este título se cubra como se cubren Corazón en condominio y Lo que la vida me robó?

Este es otro asunto. Incluso es otra fuente. Aquí no es periodismo del corazón, es periodismo de espectáculos.

¿Por qué tanto escándalo alrededor de Avenida Brasil? ¿Por qué es tan importante? Porque representa un punto y aparte en la historia de la televisión internacional.

Aquí hay otro libro, otro lenguaje audiovisual, otra clase de trabajo actoral y otro tipo de producción.

Deje usted, como le dije al principio, que los protagonistas no se quedan mirando como idiotas al final del capítulo uno, aquí los buenos no son buenos y los malos no son malos.

Aquí se está haciendo telenovela, pero se está haciendo serie, pero, además, se está haciendo cine, y todos jalan para el mismo lado y todos crean y todos dan el cien.

Es una historia vertiginosa, donde pasan mil cosas por capítulo, un título lleno de personajes contradictorios, donde el elemento común es el odio, la venganza.

Es exactamente la telenovela que los bonitos departamentos literarios de nuestras más grandes televisoras jamás autorizarían, por eso hay que verlo, por eso hay que hacerlo triunfar.

Para restregárselos en la cara, para que por fin pase algo, para que los corran y recuperemos el lugar que nos corresponde en la industria global de la televisión.

Luche por ver completo el capítulo de hoy de Avenida Brasil. Yo sé que cuando termine de verlo, entenderá lo que le estoy diciendo.

Y Azteca, por favor, no la vayas a cortar. Si la mutilas, terminarás por mutilar tu última esperanza de reconquistar a tu público original. Ten cuidado.

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