El pozo de los deseos reprimidos

Aprendamos de la BBC

No hay plazo que no se cumpla y el sábado pasado fuimos testigos de los festejos del 50 aniversario de la serie inglesa Dr. Who.

¿Cuál es la nota? La maravillosa experiencia que la BBC nos regaló.

Por primera vez en la historia de la televisión internacional, los cinco continentes se unieron para ver, al mismo tiempo, la transmisión de un capítulo de una serie de ciencia ficción.

¿Y? ¿Por qué los mexicanos tendríamos que estar hablando de eso si nuestra realidad es otra?

Precisamente, porque nuestra realidad es otra tenemos que hablar de esto y para que lo entienda le voy a hacer dos comparaciones.

Dr. Who es uno de los títulos más emblemáticos de la BBC, una de las aportaciones culturales más relevantes de la televisión inglesa al mundo.

Nosotros, en México, no cantamos mal las rancheras. Tenemos algo que también es muy representativo de nuestras televisoras y que representa una rica aportación cultural: las telenovelas.

En 2008, nuestras telenovelas cumplieron 50 años de vida. ¿Y qué fue lo que hicimos? ¿Cuál fue ese momento en que México convocó al mundo entero para la transmisión de un especial, pero de un especial de verdad, lujo sobre lujo? ¡Cuál!

Triste, ¿verdad?

Vayamos a otra comparación: hace unos cuantos días Telehit cumplió 20 años de vida y los celebró con un evento multitudinario en el Foro Sol de la Ciudad de México y la transmisión de algunos especiales.

¿A usted no se le cayó la cara de la vergüenza de que estuvieran hablando de un canal que ya no existe? ¿Usted no sintió lástima ante la pobreza audiovisual de un evento tan concurrido como el del Foro Sol?

¿Ahora entiende cuando le digo que hablar de los festejos de Dr. Who sí es algo fundamental para la industria de la televisión mexicana?

Para empezar, BBC tiró la casa por la ventana: se aventó un capítulo extraordinario titulado El día delDoctor que fue el que se transmitió a todo el mundo a través de las señales de esa televisora inglesa, más todo lo demás.

¿Y qué fue todo lo demás? Transmisión especial a salas cinematográficas, un evento masivo en Londres, movimientos de prensa, de relaciones públicas y la producción de algunas experiencias paralelas.

¿Como cuáles? Como la creación de un documental sobre todo lo que hay detrás de Dr. Who y el rodaje de una película sobre cómo fue que nació este concepto, entre muchas otras cuestiones.

Todo de primera línea, con los mejores recursos técnicos y humanos.

No había manera de ver eso y de no contagiarse del orgullo de la BBC, del orgullo de los ingleses, al haber hecho la serie de ciencia ficción más longeva de todos los tiempos.

Esto es para empezar. ¿Qué sería lo demás? Que ahí, a diferencia de lo que hemos estados viendo en los aniversarios mexicanos, siempre se habló de algo constante, de una idea que jamás se ha traicionado, de un título que fue importante pero que hoy lo sigue siendo.

Usted ve a los ingleses celebrar a Dr. Who y les cree, se emociona. En cambio, usted ve a los mexicanos celebrar las cosas que hemos celebrado desde que comenzó el año y como que nos falta algo, como que estamos festejando algo que fue, que ya no es.

La sensación es amarga, frustrante. No nos la creemos. ¿O sí?

¿Qué le puedo decir de El día del doctor, el capítulo especial de los 50 años de Dr. Who? Mucho. Fue una cátedra de lo que se debe hacer en esta clase de celebraciones.

¿Sabe cómo empezó ese episodio? Con la TARDIS, la nave de El Doctor, volando, colgada de un helicóptero, por el cielo de Londres.

¿Puede haber algo más hermoso que eso? ¿Se imagina voltear al cielo y ver la Tardis, a la Tardis de verdad, en movimiento, pasando frente a usted, frente a los televidentes, posando al lado de los edificios más representativos de la capital británica?

Es llevar la televisión más allá de las pantallas, a las calles, integrarla a algo, a una ciudad, a una sociedad. ¡Es demasiado bello para ser cierto!

Y luego viajamos en el tiempo y el espacio, nos involucramos con uno de los personajes más ricos de la historia inglesa, con la mismísima Reina Virgen, y nos divertimos con ella con ese sentido del humor que solo los ingleses pueden tener, y nos enfrentamos a unos conflictos exquisitos.

Fuimos de los dilemas morales más íntimos de El Doctor, como personaje, a una guerra intergaláctica, y de la insólita reunión de todas las regeneraciones que ha tenido ese personaje a un espectáculo delicioso, perfecto.

Por lo que más quiera en la vida, luche por ver las repeticiones en los diferentes canales de la BBC que tenemos en México y por aprender de todo lo que vimos el sábado pasado.

México es una de las capitales mundiales de la industria de la televisión y es una lástima que a la hora de nuestras festejos no seamos capaces de crear ni la décima parte de lo que los ingleses crearon. ¿O usted qué opina?