El pozo de los deseos reprimidos

¡Ah, qué rico agujerito!


Tuve un fin de semana bastante intenso entre la cata de chocolates que organizó José Ramón Castillo, mi programa especial del amor de Alta definición y mi visita a The Hole (El agujero).

De eso le quiero escribir, porque creo que los organizadores de ese espectáculo no lo han sabido vender en su real magnitud.

Han pecado de misteriosos, como que han tenido miedo de decir ciertas cosas. No sé. No estoy de acuerdo con su manejo de la comunicación.

The Hole es una de las mejores cosas que le han pasado a México en los últimos años.

¿Por qué? Porque pone a la Ciudad de México a la altura de las mejores capitales del mundo.

Ver The Hole es estar aquí, en el corazón de los peores problemas políticos y sociales de la nación, pero al mismo tiempo es como estar en París, en Las Vegas o en Hong Kong.

De hecho, es un concepto inventado en España. No sabe usted qué experiencia tan más llena de energía, de entusiasmo y de erotismo.

Si yo hubiera sabido bien de qué se trataba, hubiera organizado ahí mi fiesta de cumpleaños.

The Hole es eso, el pretexto perfecto para celebrar la vida, para ir con los amigos y desinhibirse de principio a fin.

¿Qué es? No, no se vaya con el cuento de la publicidad de que si el teatro, el burlesque y no sé cuántas cosas más.

The Hole son dos horas de desconexión total, como ir a un antro con show, pero mejor.

Ahí se mira, se oye, se come, se chupa, y si usted quiere, se liga, se toca, con hombres, con mujeres, con lo que quiera.

Algo pasa en esa puesta en escena que todos los asistentes se agarran confianza y en momentos específicos, como el intermedio, se convive como no se convive en ningún otro lado.

Las fotos van y vienen, las estrellas se pasean entre las mesas. ¡Me encantó!

Me encantó, porque eso es algo que no pasaba antes en México, porque es una señal de progreso, algo que nadie se puede perder.

La cosa está así: usted llega al Gran Teatro Moliere, se toma una copa en el vestíbulo y en un momento determinado entra al área de butacas transformada en un tugurio de nombre Clandestino Club.

El espectáculo comienza desde que una guapísima ama de llaves lo conduce a su mesa, entre luces intermitentes y un escenario loquísimo con una boca gigante, rampas y escaleras.

Antes de tomar asiento, usted va a recibir una etiqueta que le va a permitir jugar. ¿A qué? A ser soltero, casado, a buscar aventuras o a lo que se le pegue la gana.

Sí, yo sé que para muchas personas eso puede resultar shockeante, pero si usted se abre y participa, le juro que no va a querer salir.

En eso pide un buen trago, una botana o a lo mejor algo delicioso para cenar. ¡Disfrute! Para eso es The Hole.

Y cuando menos se dé cuenta, aparecerán mujeres hermosas, cantantes espléndidos y un maestro de ceremonias alucinante.

A mí me tocó Alejandro Calva (quien alterna con Roxana Castellanos), que no solo está transformado físicamente, está haciendo un trabajo de antología, porque conduce, actúa, canta, baila, vuela, improvisa, cuenta chistes, se encuera.

No hay manera de verlo y de no amarlo. Nada más por ir a verlo a él, vale la pena entrar a The Hole. Pero, espérese, no le he dicho nada.

El maestro de ceremonias es solo una pequeña parte de esa experiencia, donde escuchará muy buenas rolas, donde verá cuerpos esculturales, donde se carcajeará como demente y donde se quedará con la boca abierta.

¿Con qué? Con chistes de un muy alto nivel político y con números artísticos con talentos de muchas partes del mundo.

¿Qué clase de números artísticos? Chicas que hacen acrobacias en el aire, chicos que bailan en el tubo, patinadores que arriesgan la vida, chavos que desarman sus cuerpos al ritmo de la música.

Tiene que verlo para creerlo, pero tiene que verlo con una disposición similar a la que se tiene cuando se va a un cabaret de Francia, Estados Unidos o Japón.

¿Qué onda con el nombre? ¿Se trata de algo pornográfico? ¿Quiénes lo pueden ver? 

The Hole es un show para adultos, tal vez para adolescentes de amplio criterio, y se llama así no solo por algunos de los mejores orificios de nuestro cuerpo, es una metáfora de cosas muy vinculadas con la vida.

En arte, cuando hablamos de vida, hablamos de Eros, de erotismo.

Y sí, hay mucha carne en este espectáculo dirigido por Felipe Fernández del Paso, pero carne fina, deliciosa, puesta ahí para recordarnos que estar vivos es un privilegio y que debemos sacarle provecho a cada suspiro.

¿Y cuál es la historia? En The Hole usted hace la historia y sale transformado, divertido, como debe de ser.

En tiempos como estos solo el espectáculo nos puede salvar y The Hole es precisamente eso, una prodigiosa tabla de salvación, porque, además, es a lo grande.

Por favor, olvídese de sus prejuicios y métase de inmediato a ese gran agujero. Le va a encantar. Se lo garantizo.

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