El pozo de los deseos reprimidos

Adiós a la competencia

El viernes pasado terminó Amor sin reserva en Cadena Tres, ¿se acuerda? Yo, en mi más patética ingenuidad, esperé a que llegara el lunes para conocer, en ese mismo horario, la nueva telenovela de la que será la tercera cadena de televisión abierta nacional.

Partiendo de los magníficos antecedentes de melodramas de Grupo Imagen Multimedia como Fortuna y El octavo mandamiento, y ante el hecho de que estos señores van a competir ferozmente contra Televisa y Azteca, esperaba una telenovela diferente, espléndida, apantalladora.

¿Y con qué me encontré? Con una producción colombiana de relleno que va de lo inmundo a lo asqueroso.

Se llama Los hombres también lloran y desde el título es algo así como la cosa más deprimente del universo.

¿A qué se le ocurre ponerle a una nueva telenovela un nombre derivado del título de uno de los más grandes clásicos del género como Los ricos también lloran?

Suena a todo menos a algo profesional y luego, cuando uno la mira, se quiere suicidar de la desesperación.

Los hombres también lloran es una cosita de nada, dizque cómica, extremadamente local, que a lo mejor a los colombianos les gusta mucho.

Están en su derecho como nosotros a gozar de tantas chatarras regionales.

Pero puesta en un contexto internacional, esta emisión, lejos de beneficiarlos, los perjudica.

Para que vea que en Colombia no todo es como La ronca de oro, Pablo Escobar, el patrón del mal y La promesa. Para que vea que en todas partes se cuecen habas.

Conclusiones: Cadena Tres no quiere competir y la televisión colombiana no es tan perfecta como creíamos. ¡Qué mal!

Teletón de verdad

Ayer fui a visitar el Centro de Rehabilitación Infantil Teletón del Estado de México (CRIT).

¿Para qué? Para reconciliarme con la vida. Como a usted le consta, en más de una ocasión he visitado éste y otros CRITS para platicar con la gente.

Siempre es importante ver qué está pasando en lugares tan emblemáticos y qué se está haciendo con los donativos que tantas personas le hacemos a Fundación Teletón.

La experiencia fue magnífica. Me encontré con un CRIT más vivo que nunca, atendiendo a montones de familias.

Tuve el privilegio de entrevistar, de manera espontánea, a diferentes mamás y a trabajadores, y todo me encantó.

¿Por qué? Porque yo, seguramente como usted, vivo en un contexto donde todo es negativo, donde la gente se la pasa quejándose, intrigando, maldiciendo.

Y ahí, en el CRIT, donde lo lógico hubiera sido haber visto niños llorando, papás deprimidos y trabajadores malencarados, encontré paz.

Todos, desde la señora que llevaba a su niña a terapia con un robot modernísimo hasta el papá que estaba en la alberca de rehabilitación con su bebé, pasando por uno de los señores que estaban haciendo prótesis hasta el más humilde de los colaboradores, estaban felices, sonriendo.

Y si yo me atrevía a acercármeles y a preguntarles cosas rudas como precios, me contestaban sin el más temor a que yo fuera a encontrar algo malo, siempre agradecidos con la institución, con los donadores, con la vida.

Fue maravilloso. ¡Y yo que me quejaba de tantas tonterías! Ahí es donde uno entiende los milagros del amor. Ahí es donde uno entiende que Teletón es de verdad. ¡Felicidades!

Mi premio grande

Andrés Bermea, presidente de la Academia Mexicana del Entretenimiento Popular, vino a la Ciudad de México el martes pasado.

Me da mucha pena decírselo de una manera tan directa, pero vino a entregarme en persona mi Premio Grande, el que gané hace varias semanas en la categoría de Mejor Conductor con Estilo Peculiar.

¿Se acuerda cuando le escribí de la transmisión de la ceremonia?

Quiero aprovechar este espacio para darle las gracias a Andrés y a La Academia por esta distinción. Significa mucho para mí

Mire, nadie es profeta en su tierra, yo soy de Monterrey y el hecho de que alguien me traiga un premio de mi ciudad me remueve cosas muy profundas, muy hermosas.

Además, no estoy acostumbrado a eso. Yo, como crítico, soy el que entrega premios, el que solo recibe mentadas de madre.

Se siente riquísimo que una instancia a la que respeto tanto reconozca mi trabajo, en este caso, el que hago en Alta definición de Proyecto 40.

Ese programa es una bendición de Dios, un sueño que jamás se hubiera convertido en realidad si no fuera por mi familia Alta definición.

Porque no somos un equipo de trabajo, somos una familia. ¡Los amo!

A todos en Proyecto 40 les dedico esta distinción y muy especialmente al público que nos sintoniza sábado a sábado y que participa en nuestros debates a través de la redes sociales.

Si Alta definición es lo que es, es por ustedes, por su sintonía, por su confianza, por sus críticas, por su interacción.

¡Gracias, Premios Grande, por esto! Su premio nos motiva para seguirnos superando, para seguir criticando la televisión. ¡Gracias!

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