Fusilerías

Anglicismos: el abuso

La Real Academia Española ha convocado un debate y una campaña a propósito del uso indiscriminado de anglicismos en la publicidad. En un par de videos ironizan sobre los nombres en inglés de un perfume (swine, cerdo) y de unos lentes de sol (blind, ciego). Sin soslayar el abuso que de esa lengua se hace en todo tipo de anuncios, la situación empeora cuando se pone un ojo en programas televisivos, en los propios medios de comunicación.

La lengua es un ente que se transforma a diario. Si usted tiene la posibilidad de asomarse a la escritura original, digamos, del Quijote, acaso acabe confundido con el español de la época, más allá de los localismos. También puede ocurrirle si se anima a leer una obra más reciente, La vorágine (1924), del colombiano José Eustasio Rivera, quien de plano integró un glosario de términos equivalentes para una mejor comprensión de la trama, ambientada en la selva amazónica.

La irrupción del inglés como lengua dominante en términos comerciales ha tenido un detonador adicional con la llegada de la era del internet y las redes sociales. Hoy es uno de los seis idiomas oficiales en la Organización de las Naciones Unidas. Su proliferación en los países de habla hispana no solo tiene sus orígenes en el ámbito de intercambio de bienes y servicios, pues la cultura anglosajona se cuela en todo momento precisamente en publicidad, pero también en todas las manifestaciones del entretenimiento, en especial con la música.

Hace muchas lunas el fusilero intercambiaba puntos de vista sobre el particular con amigos de Vincennes, un barrio al oeste de París, y la charla acabó en recriminaciones de ambas partes sobre por qué, con lenguas tan ricas y sonoras, con culturas extraordinarias, los jóvenes mexicanos y franceses querían parecer gringos y adoptaban modos y expresiones importados de Estados Unidos.

Una sociedad como la mexicana que hasta hace no mucho tiempo basaba en su mayoría el entretenimiento solo en la televisión abierta, dominada por dos empresas (Televisa y Tv Azteca) y con una pobre oferta en los canales dependientes del Estado (Canal 11, Canal 22, Tv UNAM), no puede más que asimilar la cultura a la que es expuesto a toda hora: contenidos comprados a las cadenas de Estados Unidos. Si le agregamos la cercanía con ese país y la migración en busca de empleo en múltiples regiones, el coctel está servido.

La propia Real Academia deberá reconocer cómo ha debido actualizar su diccionario con la integración de palabras de otras lenguas que el uso ha impuesto. Y tendrá que ser puntual en no caer en una condena de aquella lengua, pues, por lo demás, es necesario fomentar su aprendizaje a la par de la nuestra para que los jóvenes se adapten al mundo que les tocó vivir. Aprender otra lengua es aprender otra cultura, además de los beneficios que tal tarea acarrea al cerebro del estudiante. Conocer otro idioma contribuye también a mejor conocer el propio.

Hoy no es raro escuchar a alumnos de ciencias exactas hablar con desprecio de quienes optaron por una carrera administrativa, social o del área de humanidades, entre otras razones porque la enseñanza del español y la literatura es ajena a sus planes de estudios universitarios. Desconocer la grandeza e importancia de ambos mundos, que son origen y estadio de su cultura, sin duda los orilla a discriminar al resto de disciplinas del saber.

Una forma de afrontar esta invasión del inglés y el abuso de los hispanohablantes de esa lengua (sin el despropósito de satanizarla) pasa por el fomento articulado de la enseñanza del español, de la obligatoriedad en los programas de estudio de la literatura en todos los niveles, pero de forma inteligente, con una cuidada selección de textos, porque si pones a leer a los chicos de secundaria El Quijote para iniciarse, por muy actualizada que esté la prosa de Cervantes será un fracaso asegurado.

Do you agree?

www.twitter.com/acvilleda