Fusilerías

Psicópata americano

La guerra fría 2.0 comentada aquí hace un par de semanas desembocó en un cauce favorable a Rusia la noche del martes pasado, cuando los resultados comenzaron a dar ventaja a Donald Trump, cuyo triunfo se concretó la madrugada del miércoles. La primera llamada de felicitación no fue de Hillary Clinton, sino de Vladímir Putin, quien decíamos hace días que brindaba con vodka en el Kremlin viendo cómo era el punto central del tercer debate de los candidatos estadunidenses.

La noche del martes fue para los espectadores e internautas como traspasar las puertas de aquella serie televisiva, La dimensión desconocida, pues encandilados por los expertos y por las impresentables casas encuestadoras, transitaron de la seguridad por una victoria de la demócrata, así fuera apretada, al espasmo por el cambio de escenarios, del Yes we can! de sello Obama al Yes he did! para el hombre que el periódico francés Liberation resumió en una espléndida portada, Trump a media luz con su mano derecha simulando una pistola y el encabezado contundente: “American psycho”.

En la aldea global todos aventuran explicaciones después de la sacudida. Cuando Hillary rehusó cumplir con una de las tradiciones gringas y dejó para la mañana siguiente su mensaje de aceptación de la derrota, los expertos deportivos no dudaron en diagnosticar que después de un nocaut de tales proporciones, ningún contendiente está en condiciones de levantarse y acudir a abrazar a su oponente: cloroformo puro. Los aficionados al cine, más allá del símil con el psicópata americano, adelantan que viene una versión moderna del Ciudadano Kane, mientras que los científicos explican el voto a partir no de la razón, sino de reacciones típicas del Homo sapiens ante situaciones en tiempo real.

La mujer estadunidense demócrata, en consonancia con el pueblo de esa filiación en su conjunto, negó hace ocho años la candidatura a una de las suyas, prefirió antes ser representada por un negro, pero esta vez simplemente no la dejó pasar a la Casa Blanca y eligió a quien la denostó no solo con su discurso y en cuanto micrófono tuvo enfrente, en público, en actos masivos y en televisión, sino con acciones que le fueron documentadas en la campaña. La imagen de él votando y mirando más que de reojo por quién sufragaba su esposa es de antología.

Mañana, la explicación detallada de un científico.

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