Fusilerías

El origen mexicano de “Los juegos del hambre”


Por el colega Alfonso Juárez, jefe de redacción de MILENIO Diario, el fusilero se enteró del plagio del que fue objeto el escritor mexicano Mauricio José Schwarz con la novela Los juegos del hambre, hoy un best seller firmado por la estadunidense Suzanne Collins y publicado en 2008, es decir, más de 20 años después del relato de ciencia ficción cuya trama es sorprendentemente parecida.

No solo eso: Stephen King, que elogió la obra inspiradora de la popular película protagonizada por Jennifer Lawrence en 2012, encontró similitudes con otro libro, Battle Royale, del japonés Kousha Takami, publicado en 1999. Sin embargo, Collins se ha limitado a comentar que ella tuvo la idea de la novela cuando cambiaba de canales en la televisión y vio un reality show y un documental que le dieron pie a lanzar un par de volúmenes más con notable éxito, al paso, en la taquilla cinematográfica.

Schwarz es un periodista, fotógrafo y escritor especializado en ciencia ficción y novela negra. En aquellos años, 1990-1992, coincidió con el fusilero en las páginas de El Universal, donde el generoso Paco Ignacio Taibo I y su mano derecha, Leo Mendoza, abrían las páginas culturales a quienes ofrecían crónicas y reseñas, rigurosa evaluación de por medio, tanto en el diario nacional como en su versión vespertina, El Gráfico, con la autorización del ya desaparecido Alfonso Maya.

Mauricio José ya era entonces conocido y publicaba una columna en el vespertino, pero también figuraba en la página cultural del matutino junto a las firmas del propio PIT, Víctor Ronquillo, Agustín Sánchez González, Carlos Martínez Rentería y muchos de los fundadores y colaboradores de la revista mensual Generación, que acaba de cumplir, por cierto, 25 años, y de la que el fusilero fue parte invitado por Alejandro Jiménez Martín del Campo, Arturo Jiménez y José Chávez Jaimes.

El cuento de Schwarz se llama “La pequeña guerra” y, publicado en 1984, ganó el Premio Puebla de Ciencia Ficción. Cuenta la historia de un pueblo en el que, al estilo del circo romano, se gana el derecho a vivir y el momento dramático es cuando se escucha el nombre del elegido por los altavoces del coliseo, escenario de la batalla, el sufrimiento de los familiares y las reglas de un juego promovido por las leyes de ese mundo, transmitido todo en los televisores caseros como simple reality show. ¿Le suena conocida la trama?

Va un fragmento: “La primera contienda había terminado rápidamente. Arianne levantó la cabeza después del choque solo para encontrarse con su adversaria volando hacia el suelo, ya sin control alguno sobre su cuerpo. La tibia y pegajosa sangre de la vencida bajó por el casco de Arianne y le recorrió la cara, provocándole un fuerte acceso de náuseas. Había ganado. Guinnivere y Akira se pararon a aplaudir sin demasiada convicción. Lo peor todavía estaba por venir. J.nge, fascinado ante la pantalla del televisor, miraba orgulloso la triunfante y tierna figura de su hermana, sin prestar atención a la conversación de sus tíos”.

Hoy Suzanne Collins, con sus Juegos del hambre, es la autora de uno de los libros más vendidos en Estados Unidos y América Latina al cierre de 2013. De acuerdo con un cable distribuido ayer por Associated Press, fue el décimo más buscado en Argentina y México, así como el séptimo en Chile. La secuela cinematográfica, En llamas, de reciente exhibición, cumplió con los cometidos de recaudación y dejó su final abierto para la tercera parte, en la que se anticipa la rebelión de los oprimidos, de los gladiadores.

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