Fusilerías

El numerito del tapado

La nueva época de destapes de aspirantes a la Presidencia tiene ingredientes inusitados y casi todos los partidos se han montado en esa realidad. Casi. Porque el PRI, aferrado con cuentas poco claras que pregonan estos días Enrique Peña Nieto, Miguel Ángel Osorio Chong y Luis Videgaray, se ve decidido a repetir su numerito del tapado.

El Presidente se atribuye la “mayoría” de su partido y aliados en San Lázaro por los “avances económicos” derivados de sus reformas, y el secretario de Hacienda expone la obviedad de que México está mejor que hace 30 años e ilustra su dicho con el recuerdo de que él, entonces joven estudiante, se formaba para comprar leche y no la hallaba por la escasez.

El titular de Gobernación, en tanto, lanza cifras para refutar el Índice de Paz Global, que pone al país en el lugar 144 de 162, pero la realidad post-Tlatlaya se impone: Ayotzinapa, autodefensas, Tanhuato, candidatos asesinados. No hay que perder de vista que la agenda de seguridad, que se comió al discurso de las reformas con el caso de los normalistas y lo que siguió, solo tuvo una aparente pausa por la marea electoral.

Es así como los hombres del Presidente desde su campaña como candidato, Osorio y Videgaray, aparecen en los medios para rendir cuentas con el gastado jueguito del tapado, al tiempo que el resto de partidos va perfilando aspirantes, estrategias y proyecciones aun con la variante de los independientes, pero ya con nombres propios: Andrés Manuel López Obrador, Margarita Zavala, Miguel Ángel Mancera, Jaime Rodríguez y los que se acumulen.

Solo falta que para conservar sus usos y costumbres, propios del siglo XX, hagan una pasarela ante las fuerzas vivas de los tres sectores con la exposición de motivos y den primero la noticia del elegido a un líder obrero, para emular los anacrónicos destapes de Fidel Velázquez, filtraciones con las que acabó Carlos Salinas de Gortari en 1993.

Hoy el PRI corre el riesgo de quedarse a la zaga, en el pasado, mientras sus cabezas presumen la modernidad de las reformas. Quizá ese partido esté a tiempo de atender la sentencia de William Blake: “El hombre que no cambia de opinión es como el agua estancada, que crea reptiles de la mente”.

 

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