Fusilerías

La ninfa acuática de Jagger

Entre los labios de Angelina Jolie y Mick Jagger son imaginables mil injustas comparaciones, acaso alguna insospechada apuesta, no se diga un cúmulo de chanzas y exageraciones de sobra cuando un diestro pincel, un presto lápiz, los caricaturiza o los inmortaliza, como lo hizo John Pasche con el célebre logotipo, icono de los Stones. ¿Blancos, esas bocas, de un debate científico? Sí, también, como sucedió en fechas recientes.

La estadunidense Ellen Miller, paleoantropóloga de la Universidad de Wake Forest (Carolina del Norte), descubrió en Egipto los fósiles de una bestia que se extinguió hace 19 millones de años. La nueva especie, según la nota de Le Monde, cuya apariencia variaría entre un cerdo con patas largas o un hipopótamo flaco, tenía un hocico que hace posible deducir unos grandes labios. Por eso fue llamada Jaggermeryx naida, literalmente “Ninfa acuática de Jagger”.

En palabras de la propia científica, el bautizo de tan peculiar criatura cuadrúpeda motivó una amistosa discusión con sus colegas varones, debido a que, como es obvio, ellos preferían elevar el nombre de la monumental actriz a la historia de las especies extintas antes que el del carismático líder de Sus Satánicas Majestades. Pero la sola afición de Ellen por la música de esa banda inclinó la balanza, considerando además que ella es la descubridora del fósil.

Mick, quien a sus 71 años es ya una pieza prehistórica del rock, dio su apellido antes a otra especie, un trilobite, pequeño invertebrado marino que vivió hace 400 millones de años cuyo nombre científico es Aegrotocatellus jaggeri, con lo que se pone dos a uno sobre la protagonista de Maléfica, hoy presente en la taxonomía actual en un arácnido llamado Aptostichus angelinajolieae.

Dentro de los protocolos y la estricta praxis que caracterizan a las ciencias exactas, los nombres científicos en el mundo animal, vigente y extinto, son de tal laxitud que, como en el caso que nos ocupa, tuvo como única base el gusto de la descubridora por la música de las Piedras Rodantes. Ya alguna vez se dio cuenta en este espacio cómo la etiqueta Jim Morrison llegó a un reptil prehistórico, se entiende, “ancestro” del Rey Lagarto, por la pura filia del experto con la música del chamán poeta.

A principios de los años 70 del siglo pasado, valga recordarlo, el paleontólogo Douglas Lawson desenterró en Texas el fósil del mayor reptil volador conocido hasta ahora, un gigantesco pterosaurio del Cretácico cuya envergadura era de 12 metros de punta a punta en sus alas, al que tildó como Quetzalcoatlus basado en el nombre de la serpiente emplumada de los aztecas, hoy exhibido en todo su esplendor en el Museo de Historia Natural de Utah, recinto que alberga la mayor colección de monstruos prehistóricos en el mundo.

A propósito de dinosaurios y estrellas de cine, es insoslayable destacar los resultados de un análisis digitalizado detallado por la revista Science hace un par de días, en los que se comprueba que el espinosaurio (Spinosaurus aegyptiacus), un depredador más grande que el tiranousaurio, tenía una serie de “adaptaciones únicas” que le permitieron no solo desenvolverse en el entorno terrestre, sino también en el acuático, como ya lo habían imaginado no un grupo de expertos en la materia, sino Jim Taylor, Alexander Payne y Peter Buchman, autores del libro cinematográfico para la película Parque Jurásico III (2001), dirigida por Joe Johnston y producida por el mago Steven Spielberg, en la que el voraz carnívoro lanza sus ataques por la pradera, la selva y los ríos.

Rock, cine y ciencia.

 

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