Fusilerías

Humanos y prehumanos: los eternos migrantes

Dos investigaciones recientes han seguido el rastro de un antepasado del ser humano y del neandertal confeccionando polémicas hipótesis que en resumen dibujan a ambos como grandes viajeros, una ancestral línea de migrantes que forjó esa conducta, acaso también necesidad, en el Homo sapiens. Los grandes periplos del reino animal en busca de alimentación y de lugares seguros para la reproducción, siempre regidos por cambios climáticos y desaparición de pastizales y presas, en tierra firme y agua, no son ajenos al ser humano ni a sus antecesores o primos. La duda es: ¿desde cuándo?

De la propia documentación que demuestra la existencia de antiguos pueblos nómadas y sedentarios se desprende ya esa proclividad de una parte de ellos al viaje, a la búsqueda de mejores tierras para la sobrevivencia, como hoy se conoce, por ejemplo, de otras especies: los ñúes y cebras en la sabana africana, las mariposas Monarca de Canadá a los bosques de México, ballenas en los mares del mundo y salmones en ríos de Norteamérica. Esa tendencia humana a la migración, que la ciencia propone ahora datar mucho antes de lo que se creía, es la que por cierto quieren hoy algunos eliminar por decreto amparados en algo más que primitivas conjeturas sin sustento en un mundo global.

Hace días un equipo de paleontólogos dio a conocer en el Journal of Human Evolution su convencimiento de que el Homo floresiensis, también llamado Hobbit (extinguido en Indonesia hace unos 50 mil años), no es un descendiente del Homo erectus, sino del Homo habilis, lo que representa un cambio notable en lo que hasta ahora se cree, pues éste es más antiguo que el primero, además de que se le atribuye la primera fabricación de herramientas hace más de dos millones de años. De modo que si se comprueba que el habilis migró fuera de África será una especie prehumana que tuvo una muy temprana pasión por viajar. Eso plantean por lo menos Debbie Argue y Colin Groves, de la Universidad Nacional de Australia.

El 26 de abril pasado, otros rastreadores del pasado, esta vez del Museo de Historia Natural de San Diego, publicaron en la revista Nature una osada hipótesis consistente en que si bien se han encontrado restos de neandertal por todo Europa y Asia, no es imposible que esa especie haya llegado a California por el estrecho de Bering (entre Siberia y Alaska), como lo hizo mucho más tarde el ser humano, aunque su documentación no está basada en el hallazgo de fósiles, sino en la interpretación de huesos de mastodonte, datados hace 130 mil años, con marcas de manipulación y cortes con herramientas de piedra. Como entonces el sapiens seguía instalado en África, el neandertal es el candidato más sólido como autor material.

Hay que recordar, como se apunta en un despacho de Science Press, que las hipótesis más audaces y controvertidas sobre una primera ola de migrantes sobre la Costa Oeste de Norteamérica no van más allá de hace 25 mil años, si bien las más antiguas huellas de ocupación del continente, con las que la mayoría de científicos está de acuerdo, son de hace 13 mil. Así que si el neandertal pobló la región 130 mil años atrás, como ahora se sugiere, no dejó rastro alguno de su descendencia. El escepticismo se funda así no en que se escatime la capacidad de esa especie para trasladarse, sino en la falta de pruebas.

Mientras los científicos debaten, se inconforman unos, se respaldan otros y continúa el seguimiento de las huellas humanas y de sus ancestros y primos, la migración se consolida como una antigua característica que hoy, en el siglo XXI, algunos políticos se empeñan en criminalizar. Bougeotte es una voz francesa que sintetiza esta conducta ancestral: pasión y manía por viajar.

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