Fusilerías

El injusto Salón de la Fama del Rock

Cada año, por estas fechas, aparece un malestar en gran parte de la legión roquera, léase músicos, productores, aficionados y villamelones (como el que suscribe), que solo puede aliviar un riff de Ritchie Blackmore o un rugido de Ian Guillan; una sesión en los teclados del ya difunto Jon Lord o un solo con las batacas de Ian Paice. Los nombres pueden cambiar, con Tommy Bolin en las cuerdas y David Coverdale en la voz, Roger Glover o Glenn Hughes en el bajo.

Los organizadores de la ceremonia de inducción al Salón de la Fama del Rock han por fin incluido en las nominaciones a Deep Purple. No se trata ahora, por supuesto, de desacreditar desde la posición de siervo escucha de ese universo musical a los convocados este año. Pero la omisión, el menosprecio año tras año, ya son mayúsculos. Si un concierto de Doors era hipnótico y uno de los Beatles de histeria, las tocadas del Púrpura Profundo son, además, una de las experiencias de mayor poder y energía que haya atestiguado un degustador del género.

El éxito de esa naturaleza desbordada en el escenario coloca al Purple como el grupo que más producciones en vivo ha lanzado: Made in Japan, Made in Europe, Last Concert in Japan, Live in Tokio, Live in London, Live at the Olympia, Come Hell or High Water, cuatro distintos en Montreux, Nobody’s Perfect, Scandinavian Nights, Live at the Rotterdam Ahoy, In the Absence of Pink y un par de decenas más del hard rock que dio paternidad al heavy metal: en total, 120 millones de discos vendidos en el mundo.

El Salón de la Fama ha decidido, por segundo año consecutivo, abrir la votación a artistas, historiadores y gente involucrada en la industria musical desde ahora hasta el 10 de diciembre en un portal especial de la revista Rolling Stone. Publicación que, por cierto, ha despreciado al Purple desde su fundación, en noviembre de 1967, porque jamás le ha dado una portada, a diferencia, por ejemplo, de Madonna, quien al corte del 30 aniversario, en 1997, había figurado siete veces en la tapa, incluida la de aniversario acompañada de Courtney Love y, merecidísimo, Tina Turner.

Madonna, por cierto, indiscutible figura mayor del pop, ya es miembro del Salón de la Fama del Rock, altar al que perfilan este año a Nirvana, Kiss, Yes, The Zombies, Cat Stevens, Hall and Oates, Peter Gabriel y sí, por fin, Deep Purple. Cómo pudo suceder que una banda pionera, iniciática, reformadora, clásica, aparezca 45 años después en una lista compitiendo por un sitio que merece de sobra con grupitos y solistas como The Paul Butterfield Blues Band, Chic, LL Cool J, The Meters, NWA, The Replacements, Link Wray y, por Dios, ¡Linda Ronstand!

De la escasa producción periodística especializada en rock de los años 70 y 80, Conecte fue una revista pionera. También hacía números especiales sobre los ahora inmortales Led Zeppelin, Black Sabbath y del dedicado al Deep el fusilero recuerda como recién leído el comentario de uno de los colaboradores del número, que apuntaba, palabras más o menos, sobre la experiencia de ver y oír en vivo a la banda británica: “Quien no haya experimentado el poder del arranque del Purple con ‘Highway Star’ no puede decir que ha estado en un concierto de rock”.

Un Deep Purple pirata vino por vez primera a un deportivo de Pantitlán a principios de los 80, cuando de hecho la banda estaba desintegrada, y no fue sino hasta los años 90 cuando, ya sin Blackmore en la guitarra, comenzaron a incluir a México en sus giras. Siguiendo una tradición limada en su producción en vivo, también abrieron su primer concierto con “Highway Star” y fue inevitable rememorar aquel comentario de la infancia. Si usted, amable lector, degusta el género y no ha atestiguado ese poder, si no ha oído “Smoke on the Water” junto a 30 mil almas, piénselo antes de decir que ya fue a un concierto de rock.

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