Fusilerías

La iconografía del crimen en Iztapalapa

Iztapalapa es la llamada de atención más delicada, directa y letal que recibe el jefe de Gobierno del Distrito Federal, Miguel Ángel Mancera, quien se ha empeñado en negar que los cárteles de la droga, el crimen organizado, se hayan instalado en la capital.

Iztapalapa es la delegación más poblada con más de un millón 800 mil habitantes y en número de ejecuciones también está a la cabeza en la ciudad, con 250 durante la gestión de Mancera, cifras que la igualan con municipios de alta incidencia delictiva como Nezahualcóyotl, en el Estado de México, con 276 casos, y Chilpancingo, la capital guerrerense, con 226 en ese periodo.

La zona ocupa el decimotercer lugar, de 16, en educación, ingreso económico y desarrollo humano. Así, todos estos ingredientes han originado la explosión, en la semana en curso, de episodios de violencia con un vínculo directo, en voz de las autoridades: ajustes de cuentas de reos del Reclusorio Oriente, asentado en la demarcación.

Más allá de que el jefe del GDF haya querido amortiguar el escándalo de primer colgado en la ciudad, con el argumento de que es un lío entre reos, el penal en cuestión es también un hervidero que retrata su contexto geográfico: con una capacidad para 5 mil 376 internos, hoy tiene una sobrepoblación de 7 mil 421, es decir, 138 por ciento más del número óptimo.

Al colgado le siguió un hombre entambado y otro ejecutado con un escrito dirigido a Mancera. Sogas, tambos, incinerados, cartulinas. Es el lenguaje del narcotráfico, la iconografía del crimen organizado, desde los tiempos de Rafael Caro Quintero, pero detonado con los decapitados en Guerrero, en el comienzo del gobierno de Felipe Calderón, y los choques entre las propias bandas y el emplazamiento de las fuerzas armadas para combatirlas.

La espiral violenta con este sello entró de lleno al DF por Iztapalapa esta semana, si bien otros giros bien organizados del crimen, como extorsión, secuestro y piratería, cunden en varias colonias desde tiempo atrás. Hay que recordar el caso del bar Heaven, encapsulado en el discurso oficial como narcomenudeo, de dealers de poca monta, de distribuidores solitarios.

Las tres instantáneas de la semana y las cifras de Iztapalapa son un retrato indiscutible.

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