Fusilerías

Del Estado fallido al país incivilizado

El general Barry McCaffrey, ex zar antidrogas estadunidense, hoy en retiro, puso a México en la categoría de "Estado fallido" en 2009 por la pérdida de control de varios territorios, en manos del narcotráfico, hecho reconocido no pocas veces por el gobierno de Felipe Calderón. Aunque después matizó, el militar nunca retiró las banderillas. Hace unos días, el presidente Barack Obama fue más allá: lo que pasa en México "no tiene cabida en un país civilizado".

El amable lector dirá que esas voces del extranjero distorsionan la realidad, o acaso que se quedan cortas, depende del lado político en el que usted se mueva. La trama se complica cuando en una sucesión de declaraciones públicas, tres ministros de la Suprema Corte mexicana y el nuevo presidente de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos exponen que la nación está cansada, amenazada y vulnerable ante la espiral de violencia.

Hay que puntualizar que tal "ofensiva" del Poder Judicial y del órgano autónomo, sin respuesta de parte de la autoridad federal, tuvo lugar después de los aciagos hechos de Tlatlaya y Ayotzinapa, de la quema de la puerta de Palacio Nacional y de los disturbios de encapuchados en las calles de la capital, pero antes de la agresión a periodistas de Guerrero en Tlapa, del enfrentamiento de activistas contra la Policía Federal en Chilpancingo y del tiroteo entre grupos de las otrora autodefensas en Michoacán, que dejó 11 muertos.

En medio de las sospechas de corrupción en la cima del poder, por el asunto de la casa blanca y la pifia de exponer en pantalla a Angélica Rivera para dar explicaciones de ingresos y egresos, seguido de la revelación de que el secretario de Hacienda, Luis Videgaray, también compró una casa con un crédito del mismo contratista con el que hizo tratos la esposa del Presidente, hoy el binomio violencia-transas se ve fortalecido con la negativa del PRI a sacar adelante la ley para combatir transacciones ilegales al amparo de la función pública.

Hoy la pregunta es quién sigue, dentro del gabinete, a ser exhibido por sus negocios con el grupo Higa. ¿Cuántos secretarios más hay con créditos de esa firma? ¿Ya lo informaron al Presidente? ¿Están esperando la balconeada del Washington Post para enterar a su jefe? Porque es obvio que esta situación trasciende las investigaciones periodísticas. Su difusión está perfilada, encaminada, programada y ejecutada con rigor. Enrique Peña habló en un primer momento de intentos de desestabilización, pero insinuar con dedicatoria que los medios son los autores intelectuales habla mal de la cadena que debe dar cuentas a quien tiene que ser el hombre mejor informado.

La próxima semana, antes de Navidad, está convocada una reunión de miembros de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación. Las cartas fuertes de ese gremio son las secciones de Michoacán, Guerrero, Distrito Federal y, ojo, Oaxaca, donde los maestros disidentes parecen velar armas para cuando llegue su turno en el guión. En el primer estado ya estalló de nuevo el conflicto de los rurales, el segundo es un desastre con el horror de Iguala, las ejecuciones a diario en Acapulco, y en la capital no ceden las marchas y los disturbios a la menor provocación, sumada la inseguridad del Ajusco, con la tranquilidad, por otro lado, de que se acabó por ahora el conflicto en el Politécnico. ¿Qué cocinará este frente magisterial en la reunión?

Del Estado fallido de Felipe Calderón, entonces, el México de Peña ha pasado a ser un país fuera del concepto de civilización en palabras del jefe de la Casa Blanca, que ahora dejará por un tiempo su discurso a favor de una reforma migratoria para enfocarse en su nueva carta bajo la manga: el restablecimiento de las relaciones con Cuba y el fin del embargo a la isla, para calentar motores hacia el relevo en Washington, donde su rival Partido Republicano ya destapó a Jeb Bush, ex gobernador de Florida, asiento de La Pequeña Habana, en busca de recuperar el poder.

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