Fusilerías

Enemigo invisible: de Kenia a Colombia

Un equipo de inteligencia británico detecta una célula terrorista en Nairobi, emplaza unidades aéreas no tripuladas, moviliza a agentes en tierra y prepara el ataque, con la inspección de una mesa de funcionarios de distintos niveles y destrezas desde un cuartel a miles de kilómetros.

La inmejorable circunstancia de tener en el blanco a tres de los enemigos más buscados comienza a complicarse cuando se confirma, vía drones de variados tamaños, desde uno armado con misiles hasta otros con las tallas de un escarabajo y un colibrí, que preparan un atentando suicida con chalecos explosivos.

La premura obliga a la coronel Katherine Powell (Helen Mirren) a acelerar los preparativos de la ofensiva, pero las obligadas consultas con las instancias de justicia y los representantes de derechos humanos retrasan de forma desesperante la orden, pues, además, una pequeña keniata, vecina de la casa de seguridad de los terroristas, se instala a las afueras para vender pan.

El largometraje se llama Eye in the Sky (titulado en México Enemigo invisible, 2016, GB) y está dirigido por Gavin Hood a partir de un libro cinematográfico de Guy Hibbert. La trama no tiene un instante de reposo y prácticamente puede verse como una historia en tiempo real, desde los ojos de los protagonistas y de las múltiples cámaras que dan seguimiento puntual a los protagonistas en Londres, Estados Unidos, China y Kenia de forma paralela.

La discusión sobre la urgencia del ataque se desarrolla en varios niveles. El factor moral de lanzar una ofensiva aun cuando se sabe, sin duda, confirmado aun con precisión computarizada, que habrá víctimas colaterales. La irrestricta aplicación de la ley, que tiene sus reservas en cuanto al respeto a los derechos humanos. El pragmatismo de los funcionarios estadunidenses, que animan a sus socios británicos a atacar ya sin importar las consecuencias secundarias.

Figura también la discusión en el nivel político, sobre los beneficios y desventajas de eliminar a una célula terrorista a costa de la vida de civiles, en este caso una especial, la de la pequeña keniata coprotagonista, y las maquinaciones de la parte militar para cumplir con su objetivo bélico así sea maquillando los reportes preliminares de eventuales bajas no deseadas. Todo mientras un pequeño escarabajo artificial exhibe el avance de los preparativos del comando suicida y su inminente acción.

Sobresale en el relato el conflicto moral de quienes deben acatar órdenes, soldados y agentes ellos al final de cuentas, y el horror de saberse responsables materiales de apretar el botón que lanzará un misil aire-tierra. Un dilema que pone al espectador en el asiento de los jóvenes militares mientras ve cómo la situación se tensa con los civiles en tierra, extraños y aliados, mientras los funcionarios debaten a gritos si conviene atacar.

Intensa de principio a fin, Eye in the Sky pone en la mesa varios debates: la intervención extranjera, el pragmatismo político, la persistente y lógica sed bélica militar, el eufemismo del daño colateral, la manipulación de cálculos computarizados para legitimar acciones y el dilema de sacrificar a unos cuantos para garantizar la vida de muchos, no sabemos cuántos, ante una inminente, si bien eventual, matanza de inocentes.

Apenas exhibida esta cinta en México, ayer se ha difundido la justificación del gobierno colombiano de permitir bombardeos contra tres bandas criminales que operan en su país, "un avance jurídico que permite ser más contundentes en el uso de la fuerza sobre los grupos más peligrosos y hostiles", en palabras del ministro de Defensa.

Aunque las autoridades de Bogotá se han esmerado en asegurar que los ataques no afectarán a la población civil —ni modo que dijeran lo contrario—, ya se han levantado voces que advierten que el derecho internacional solo permite bombardear objetivos castrenses. Si las bandas se esconden y operan entre la ciudadanía, el reto será definir los blancos. De consumarse una matanza errada, ya veremos al gobierno de Juan Manuel Santos instalarse en modo Bush: daños colaterales y punto.

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