Fusilerías

Un mundo amenazado… y de reversa

Todo es bélico en él. En los detalles mínimos, como su foto en la cuenta de Twitter @POTUS, que estrenó ayer como nuevo presidente de Estados Unidos. Pero también en el campo explícito, el del discurso. El espejismo que generaron sus palabras la madrugada en que se confirmó su triunfo, en noviembre pasado, cuando habló de respeto a las naciones y le bajó a la palabrería del encono, no pasó de ahí. Ayer se acabó la incertidumbre y tanto al micrófono como en un documento que liberó la Casa Blanca en cuanto tomó posesión, quedó clara la estrategia de Donald Trump, por si alguien tenía dudas: se la sentencia a todo el mundo.

A contracorriente de la historia contemporánea, del momento globalizador, este hombre al que el mundo menospreció y subestimó está en curso de dar un viraje para cambiar el rumbo 180 grados y meter reversa a la historia. Nada nuevo, todo peligroso: proteccionismo, cierre de fronteras, nacionalismo, armamentismo, sostenidos en amenazas sin matices, directas, con destinatarios definidos. Como en el cuento de Borges, solo cambian los días, las circunstancias y dos o tres nombres propios.

Confirma que se desecha el Tratado Transpacífico y que se renegocia el trilateral de Libre Comercio, pero si Canadá y México no aceptan sus condiciones, que resume en justicia para su mano de obra, lo abandona. Lo dijo con todas sus letras, proteccionismo puro, con dos simples reglas: comprar productos estadunidenses y contratar a trabajadores estadunidenses. Ratifica cacería de migrantes indocumentados con antecedentes penales y desafía a gobernadores y alcaldes opositores a esa política, al perfilar el fin de las ciudades santuario.

Hace también un furibundo llamado nacionalista a todos sus ciudadanos a hacer grande de nuevo a Estados Unidos, porque según él a partir de ayer el poder pasa de la autoridad de Washington a las manos del pueblo, pero rompe lanzas contra aquellos que profesan otra religión que no sea la suya y hace énfasis en el combate al terrorismo, en especial al Ejército Islámico, al que amenaza con erradicar de la faz de la Tierra.

Por eso anuncia la dignificación de su milicia, y también, entre otras medidas, la construcción de más barcos para la Marina y más aviones para la Fuerza Aérea, días después de cuestionar la viabilidad de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, ente emanado de los años de la guerra fría que servía de contención al pro soviético Tratado de Varsovia, hoy extinto. Más bélico e intimidatorio no se puede. Y, por supuesto, no deja pasar la oportunidad para lanzar baladronadas contra la OPEP y otros productores de petróleo.

Como puede advertirse a primera vista, todos estos conceptos remiten a un pasado convulso y al discurso de un jefe de Estado autoritario. El visionario Goethe había advertido con agudeza que por encima de las naciones existe la humanidad, y es que el nacionalismo rompió con sus orígenes democráticos y populares y, de ser una ideología revolucionaria, se convirtió en una reaccionaria, asumiendo cada vez más aspectos militaristas y agresivos en política exterior, como ha definido Lucio Levi.

Cuando se habla de una vuelta de tuerca en la historia hay que atender precisamente la definición del propio Levi en el Diccionario de política (Siglo XXI), quien escribía en el siglo XX que las fronteras parecían sobrevivir solo como un anacronismo en un mundo que evolucionaba hacia formas de organización política de dimensiones continentales y de carácter multinacional.

El autor leía entonces, y eso se podía leer así hasta antes del brexit reciente, que ese proceso de unificación había sustituido el tradicional antagonismo entre los Estados con formas cada vez más estrechas de cooperación política y económica que había abierto, por primera vez, la posibilidad de superar el esquema de nación históricamente consolidada. Levi veía ahí el ocaso del nacionalismo y el inicio de una nueva etapa que era, usando las palabras de Proudhon, la “era de las federaciones”.

Trump, sin embargo, está decidido a volver al pasado. Y ayer, al tomar posesión, ya se la sentenció al mundo.

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