Fusilerías

El disparate Le Pen

En el mundo, ha escrito Nikolái Gógol (1809-1852) en su divertido relato “La nariz”, ocurren verdaderos disparates, sin la menor verosimilitud. El propio narrador ucraniano se mofa de la historia que cuenta, pero también se pregunta: ¿dónde no suceden cosas absurdas?

Acaso sea la reflexión que en estos días acompaña al escritor francés Michel Houellebeqc, quien lanzó a principios de año Soumission, novela en la que narra el ascenso de un partido musulmán al poder, desatando una polémica internacional atizada por el ataque unos días después contra el semanario satírico Charlie Hebdo, reivindicado por Al Qaeda.

Marine Le Pen, la supremacista dirigente del Frente Nacional de Francia, se apresuró a poner de ejemplo ambos sucesos, el libro de ficción y el atentado, para desatar una campaña vía Twitter en la que quiere ver en el libro una obra de anticipación con tintes de realidad en el futuro inmediato.

El novelista respondió a la cúpula de la extrema derecha que si logra recuperar una situación política de su obra “no es todavía de este mundo”, pero los afines a Le Pen son persistentes en vislumbrar, en beneficio de su ofensiva racista, ideológica, un tono profético sobre la llegada de un musulmán al Palacio de Elíseo.

De ahí la señal de alarma que lanzó esta semana otro gran escritor francés, Jean-Marie Gustave Le Clézio, de visita en México estos días, quien ha advertido que renunciará a su nacionalidad en caso de una victoria del partido de Le Pen, entregará el pasaporte y solo conservará sus documentos como natural de Isla Mauricio.

Viajero sin remedio, con residencia en Texas, Le Clézio expresó en una entrevista con el fusilero, en octubre de 2012, que estaba satisfecho con la gestión de Hollande en Francia, porque “no espanta” como Nicolas Sarkozy. Hoy, con la amenaza que representa Le Pen, se entiende ya no el espanto, sino el pavor que llevaría al ganador del Premio Nobel de Literatura 2008 a renunciar a su nacionalidad.

“Ver el mundo y conocer a la gente” era una de las máximas de Gógol, cuyas críticas a la Rusia zarista, en sus obras de ficción, lo obligaron a exiliarse cinco años en Italia y Alemania. En el mundo, en efecto, ocurren verdaderos disparates.

 

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