Fusilerías

Como en los días de los Borgia

La dinámica de las sociedades y la naturaleza humana cumplen sus ciclos sin demora. Las conductas se reproducen de tiempo en tiempo. Se replican en intervalos en las fases de la Historia o en un aleph borgesiano. Por eso el lector puede hallar puntos de coincidencia con siglos de distancia. En cada época o en los capítulos de un libro.

Escuche usted, por ejemplo, este párrafo del escritor Guillaume Apollinaire (1880-1918) en su libro La Roma de los Borgia (Valdemar 2014): “La vida humana carece de valor. Su supresión se considera como medio para alcanzar tal o cual fin y no como un crimen abominable. Se sabe de gente cuyo oficio consiste en matar por dinero. Son asesinos profesionales lo mismo que otros son carniceros, y con menos riesgos. Aquí en Nápoles no hay nada que cueste menos que la vida de un hombre”.

Apollinaire publicó esta obra en 1913 y da cuenta de hechos ocurridos en el tránsito del Medioevo al Renacimiento. ¿Cómo es posible que nos aparezcan tales palabras tan cercanas, tan trágicamente próximas? Criminales a sueldo, a las órdenes de poderosos cuyos juegos de vencidas incluyen la eliminación de adversarios como si de un juego de ajedrez tratárase.

Pues así es. Hoy los llamamos sicarios, profesionales del homicidio, que se rentan por unas monedas. Por unas cuantas monedas, sí, porque les pagan migajas comparado ese pago con los ingresos del crimen organizado. ¡En el México del siglo XXI, seis centurias después de la sangrienta estirpe de los Borgia! Pareciera, aun, que José Alfredo Jiménez hubiera tomado estas líneas del poeta y novelista francés a propósito de que por estos rumbos, en efecto, hoy la vida no vale nada, más allá de León.

Cuando el espectador recuerda la aciaga temporada de sangre de los años 90 que comenzó con el cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo víctima de un tiroteo entre narcos, siguió con la ejecución del priista José Francisco Ruiz Massieu (y el suicidio de su hermano Mario años después en una cárcel de Newark) y explotó con el caso del malogrado Luis Donaldo Colosio, no puede dejar de pensar en aquellas intrigas de las monarquías renacentistas, modelos indiscutibles de Maquiavelo, aun cuando hoy las verdades históricas cierren expedientes con veredictos de confusiones y asesinos solitarios.

Más allá de esas verdades históricas, la violencia es una realidad imposible de borrar por decreto. Menos aun con más violencia. El combate extrajudicial del crimen solo va a multiplicarlo. Los experimentos con el uso de escuadrones de exterminio han demostrado su fracaso en España, en Colombia y en Oriente Medio. Los GAL no acabaron con el terror de la ETA, los paramilitares fallaron con las FARC y los asesinatos selectivos del Mossad solo provocan atentados de ese Islam que interpreta el Corán como un llamado a la venganza.

El gobierno mexicano actual se esforzó en dar un giro a su discurso principal para relegar el tema de la inseguridad y destacar el de las reformas, pero como ya se apuntaba líneas arriba, la dinámica de las sociedades y la naturaleza humana cumplen sus ciclos con puntualidad, y la realidad violenta se impuso al plan oficial con los 43 de Ayotzinapa.

La idea era trabajar el tema de la inseguridad desde el ángulo de la prevención, pero la multiplicación de homicidio, secuestro, extorsión, desaparecidos y disturbios ha motivado un ajuste tal, que el área a cargo de Roberto Campa se quedó sin una cuarta parte de sus recursos para este año, debido al recorte al gasto.

“Quien ajusta su conducta a los tiempos es feliz entre los príncipes”, cita Apollinaire a Maquiavelo. Falta ver si el cambio de estrategia es capaz de bajar los índices delictivos, más allá de las estadísticas de denuncias ante el Ministerio Público. La sofisticada arma favorita en la época de los Borgia, por cierto, era el veneno.

 

www.twitter.com/acvilleda