Fusilerías

La “cortesía” del PRD

Fue Carl von Clausewitz (1780-1831) quien puso énfasis en el fenómeno de la “fricción” en cuanto a que es el único concepto que corresponde más o menos a los factores que distinguen la guerra verdadera de la guerra de papel. Teórico de la estrategia, los estudios del militar prusiano van más allá del plano propiamente bélico y abarca un espectro integral que liga el estadio político, del que depende la guerra.

Hoy estos conceptos parecen haberse desvanecido y quizá sus últimos referentes pueden identificarse en las guerras mundiales del siglo XX, pues la tecnología ha desplazado otro concepto fundamental de otras épocas, el azar, es decir, la imprevisibilidad del proceder del enemigo. Sin embargo, el elemento fricción está vigente aun cuando se traslada al terreno de una guerra meramente política.

Por eso cuando un partido de oposición, de origen disidente con el statu quo, se convierte en un aliado de los gobernantes, pasa de facto a un plano de colaborador en el que la fricción desaparece, porque ya es solo tropa al servicio del otrora adversario. Eso es lo que ha experimentado en distintos momentos el PAN y hoy más que nunca el PRD, cuyo derrumbe electoral de la mano de la corriente Nueva Izquierda ha obligado a su dirigente nacional, Carlos Navarrete, a resucitar en el dicho su presunto ADN para decir que se acabaron la cortesía y los pactos con la autoridad federal.

La facción de Los Chuchos, que hoy encabeza el PRD, ha presumido que sus líderes jamás pertenecieron al PRI, a diferencia de los fundadores Cuauhtémoc Cárdenas y Andrés Manuel López Obrador. De hecho, su origen está en grupos comunistas, en la guerrilla. Pero es indiscutible que una vez en el poder partidista su conversión fue inevitable. Fue esa corriente la primera en reconocer a Felipe Calderón como “Presidente” en la Cámara de Diputados, mientras su candidato alegaba fraude en las calles. Y con Enrique Peña Nieto fue un entusiasta promotor del Pacto por México, del que ahora abjura.

La metamorfosis del PRD lo llevó de porcentajes de voto de 20 a un prolongado 12, hoy reducido a 10. Cuando se despojó del concepto “fricción” para instalarse en el colaboracionismo, su naturaleza se desdibujó. Malinterpretó la idea de dejar de protestar para empezar a proponer, que descubrió 40 años después de Octavio Paz, y la asumió como la entrega de la plaza al poder.

 

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