Fusilerías

El arte del eufemismo

Acaso por su tradición confuciana, los chinos tejen con destreza el arte del eufemismo. La práctica comienza con los nombres propios, una línea concordante con la costumbre de los antiguos grupos étnicos de América. Un joven mando del Departamento Internacional del Comité Central del Partido Comunista, Shi Xiao hu, dice con orgullo, por ejemplo, que su nombre significa Pequeño Tigre en las Rocas. Expresado en inglés, porque él no habla español, es Little Tiger on the Rocks, por lo que la reacción de sus interlocutores, en tono festivo, fue inevitable: “That’s a drink!”.

En México, por cierto, la sociedad no es ajena a esa tradición. Pero aquí toma dimensiones mayúsculas sobre todo en el ámbito del gobierno y de la política. La maquinaria de difusión de información y propaganda echa mano de esta modalidad del discurso para decir lo que le conviene, enviar mensajes a medias y, en muchos casos, confundir en aras de imponer estrategias partidistas y proyectos públicos. En los años noventa, recordará el lector, los secretarios de Comercio hablaban de “ajustes” para negar lo evidente: el aumento de precios y tarifas.

Hoy las autoridades capitalinas, por ejemplo, toman el micrófono a menudo para decir que no hay cárteles de la droga en la ciudad, sino que hay “bandas de narcomenudistas”. Hacen hincapié en la inexistencia de asentamientos gobernados por los amos del tráfico de estupefacientes, ya que se trata de “células de vendedores a pequeña escala”. Cuando un grupo de estos diminutos comerciantes secuestra y mata a 13 de sus rivales, en un ordenado operativo aun videograbado, no es que haya delincuencia organizada, solo es un “ajuste de cuentas aislado”.

La autoridad federal, por supuesto, tiene un rehilete de eufemismos a su disposición y los usa con singular desparpajo. Para vender sus reformas estructurales, no se detuvo en glosar con gráficos, discurso e imágenes las bondades de su entonces eventual, ahora consumada, aprobación. Nadie en su sano juicio, más allá de sus necesidades apremiantes, puede esperar que a partir de la próxima semana
bajen los precios de los energéticos, pero cuando los promotores de las nuevas leyes son incapaces de ponerse de acuerdo en cuándo se verán los primeros resultados, todo comienza a tornarse difuso.

“El camino no será fácil ni los resultados llegarán de inmediato”, escribió el presidente Enrique Peña Nieto un día después de que se consumó la promulgación de las leyes secundarias en materia energética. Antes, sus operadores en el Congreso y sus aliados de otros partidos se habían aventurado a poner plazos. “Cuatro años”, “cinco años”, “siete años”, lanzaban con encendido optimismo, una vez que los dictámenes habían sorteado sus primeros obstáculos camerales. Hoy ya no hay fecha, solo la promesa de que ocurrirá algún día incierto.

En la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de los años ochenta algunos maestros solían ocupar sus cuatro horas semanales de docencia para reclutar estudiantes y enviarlos a reforzar las filas de rebeldes centroamericanos. Las clases programadas para la enseñanza de economía política en realidad iban de estrategias insurgentes a tipos de armas usuales en la zona. Por eso no sorprendió años después que una universitaria mexicana fuera herida durante un
ataque de los militares colombianos en territorio de las FARC. Tampoco fue extraña la explicación del padre de la chica: “Ella no es guerrillera, solo es una joven con inquietudes sociales”. El eufemismo en acción fuera del círculo de gobierno y de los partidos.

Estos temas mexicanos fueron parte de una conversación, en Pekín, con el antes citado Shi Xiao hu, Pequeño Tigre en las Rocas, después de un seminario en que el gobierno chino, por cierto, amateur en eso del eufemismo frente al nuestro, en todo nivel, quiso convencer a la audiencia de que su capitalismo salvaje, su perestroika sin glásnot, no es más que “un socialismo con peculiaridades chinas”.

 

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