Fusilerías

Visita papal, 'negocio' garantizado

Exageraba quien decía que las visitas de los papas son riesgos medidos, controlados, para que el balance sea positivo para el anfitrión. Claro que hace siete días aún no se conocía el faraónico recibimiento al jefe de la Iglesia católica, tanto en el Hangar Presidencial (alfombra roja incluida) como en Palacio Nacional, ni se imaginaba la mayoría que Enrique Peña Nieto desafiaría aquella suerte de Vicente Fox, que se inclinó a besar el anillo del pescador de Juan Pablo II, con un lance extremo: acudir a misa y comulgar de manos de Francisco.

Diestros en el arte de la grilla, los priistas desde hace casi 90 años y el clero con casi 2 mil años de ejercicio, los dos bandos echaron sus cartas con la gira papal, cuyos saldos son más que positivos para el gobierno federal, pues el papa devolvió la cortesía del trato recibido (sobre todo, el Presidente de la República en misa y comulgando, aunque nadie sabe si se confesó, como manda la tradición litúrgica) con un silencio, poco común en él, cuando se le preguntaba sobre una eventual reunión con los padres de los 43 desaparecidos de Ayotzinapa, críticos de Peña Nieto y su equipo de procuración de justicia.

El vocero del Vaticano, Federico Lombardi, llegó a hablar de presiones para que el papa recibiera a los deudos, pero nadie pudo sacarlo de su guión: Francisco no puede hablar de todo ni con todos. En esas omisiones, empero, figuran algunos de los temas más candentes y significativos para los mexicanos: la noche de Iguala, los desaparecidos, la pobreza extrema derivada de políticas que privilegian la macroeconomía, los feminicidios post-Ciudad Juárez y, sobre todo, los curas pederastas.

Desde la comodidad de saberse a salvo de algún golpe bajo del obispo de Roma, al gobierno le dio tiempo hasta de anunciar en grande el recorte al gasto público y, contrario a sus propias previsiones de apenas una semana atrás, elevar medio punto las tasas de interés. Con el visitante prodigando bendiciones desde el púlpito y a máxima velocidad desde el papamóvil, para qué esperar al clásico sabadazo. Ahora es cuando, se dijeron Luis Videgaray y Agustín Carstens.

Acá no hubo, pues, un riesgo medido con la visita. El negocio estaba garantizado.

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