Fusilerías

El Verde: sofisticada compra del voto

Una aseguradora trabaja con una lógica matemática impecable: siempre gana mucho. Usted dirá que es la lógica con la que cualquier negocio se mueve, con el de la utilidad. Pero en el caso de estas empresas financieras la voracidad es uno de sus rasgos principales. Cubren contra multitud de riesgos, pero para cada uno aumentan el precio y las condiciones. Todo está diseñado para que el cliente pague sin demora, cada mes, cada semestre o cada año, con la certeza de que el servicio pocas veces será requerido. Certeza fundada en la gran lista de asteriscos, de letra chiquita, que desaniman a cualquier usuario a recurrir al seguro. Solo el monto del deducible, que es de por sí un exceso, dado que ya hay un pago periódico, es suficiente para desalentar. Eso sí: todo es legal.

El Partido Verde Ecologista de México opera con una lógica parecida, ganancia y voracidad, pero llevada a un nivel más acabado. Si la aseguradora se basa en leyes financieras que le son favorables, por encima de los usuarios, el PVEM también se acoge a las libertades que la legislación electoral le confiere, para violentarla sin recato, a todas luces, sabiendo que esos excesos le dejarán una plusvalía electoral. Es decir, delinque a voluntad, paga sus multas y asegura una representación cada vez mayor en las diversas instancias del Estado mexicano: curules, escaños, alcaldías y gubernaturas. Financiamiento y poder.

Es una sofisticada compra del voto con la que las bolsas que reparte el Instituto Nacional Electoral al Verde son cada vez mayores. No importa la cantidad que esa empresa-partido deba pagar por violar la ley, dado que todo vale la pena cuando recibe su bolsa correspondiente al porcentaje de votos que acumula. Su conducta delincuencial, que en el peor escenario le acarreará multas, se convierte en una inversión con la que se compensa todo. Es la compra del voto anticipada, vía la violación de la ley, frente a todo el mundo, mientras hablan al oído del electorado sobre sus presuntas virtudes. Como una aseguradora poniendo a salvo a un cliente en un lindo promocional televisivo, mientras la víctima debe pagar en la vida real deducibles o soluciones ajenas a su póliza, si no quiere que su pérdida sea mayor.

 

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